Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.
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lunes, 7 de abril de 2014
lunes, 20 de enero de 2014
Los viajeros aún existen
Muchas veces a los que nos gusta viajar, nos definimos como
viajeros cuando en realidad no lo somos. Simplemente soy un turista y lo digo con orgullo. ¿Por qué?, porque siempre llevo conmigo cuando viajo, un billete de ida y, otro de vuelta. Así, de
alguna manera, nos definió Paco Nadal en un post del año pasado.
Me acordé de ello cuando un tiempo atrás, fui a visitar (ya es una costumbre desde hace
años) el templo de los libros de viajes en Barcelona: la librería Altair. Y allí
me encontré con un libro escrito por una pareja de argentinos definidos como viajeros por Paco en su post. Al hojear sus páginas, me sorprendí mucho porque me dí cuenta en el acto que aún existen esas personas que son VIAJEROS en mayúsculas, esos que sacan un billete de ida con todo lo que acarrea esa decisión.
Se trata de Atrapa tu sueño (Tres Américas una Huella 2013)
que relata las aventuras de Hernan y Candelaria Zapp que llevan once años viajando con un coche de 1928 y han convertido el
desplazamiento en una forma de vida y en ruta han formado una familia.
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| La familia Zapp en Japón |
Muchos se preguntarán como se mantienen, no?. “Cuando uno vive una vida nómada como la
nuestra – señala Hernán - necesita del
afecto de la gente”. Quizás esa visceral necesidad, los llevó, casi
siempre, a dormir en casas de familias que los acoge con mucho cariño durante el desplazamiento . Y con
el tiempo recibieron ayudas de todo tipo: mecánicos y repuestos para el
automóvil hasta patrocinios de adinerados empresarios.
Si os apetece, pasen por su web para leer detenidamente
todos los recorridos que han realizado estos genuinos nómades con billete de ida. Por
lo pronto, los dejo con un vídeo de su paso por Australia.
Un abrazo!
lunes, 4 de noviembre de 2013
Excéntricos americanos
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| © François Le Diascorn |
Cuando el fotógrafo François Le Diascorn presentó su serie
fotográfica sobre los americanos en el Visa Pour l’Image del 2009, los espectadores se sorprendieron gratamente por su mirada poco convencional y singular sobre la gente común que habita en los Estados Unidos.
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| Colorado © François Le Diascorn |
“La excentricidad es una especie de libertad y es parte del
sueño americano. Los estadounidenses creen que pueden hacer cosas
extraordinarias. Es por eso que las cosas extrañas van ocurriendo. Ellos no
tienen ningún complejo y una actitud muy positiva” señaló Le Diascorn durante
la presentación de su Only in América en Perpignan.
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| © François Le Diascorn |
Finalmente, un año después, Creaphis Editions publica su Only in América en formato libro que contiene 71 fotografías
en blanco y negro tomadas durante un período de más de 35 años entre diferentes
viajes por USA.
"Para bien o para mal – señala el fotógrafo de la mítica agencia Rapho – la sociedad americana siempre está en movimiento, siempre está descubriendo
nuevas fronteras. Es una sociedad que valora la ruptura, lo excepcional y que, en última instancia, es capaz de combinar una cierta forma de desequilibrio a la
norma."
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| Virginia © François Le Diascorn |
“Esto es lo que nosotros, los europeos, vemos como un exceso
de América, el elemento de locura en la sociedad que pone en tela de juicio el
mundo moderno".
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| Chicago © François Le Diascorn |
" La sociedad estadounidense, incluso en sus aspectos más
conservadores, acaba por integrar en su seno los elementos de la locura:
fantástico y extraño, raro y original."
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| Boston © François Le Diascorn |
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| © François Le Diascorn |
Hasta el miércoles!!
miércoles, 22 de mayo de 2013
El Tao del viajero
Hay algunos libros que con el tiempo se hacen
imprescindibles. Es el caso del último libro del gran viajero y escritor
Paul Theroux: El Tao del Viajero.
Publicado a mediados del 2012 por una de mis
editoriales preferidas: Alfaguara, el libro recopila lo mejor de la obra de
este escritor americano que viaja por todo el mundo desde hace 50 años y es todo un referente de la literatura de viajes.
La joya de la corona son los memorables
pasajes que dedica a escritores, grandes viajeros que lo ayudaron a formarse en la disciplina viajera y literaria.
Aquí comparto con ustedes algunas perlitas que
encontrarán en este muy recomendable libro y que tiene un precio bastante
accesible como todo libro de Alfaguara.
1- “Para
adquirir perspectivas amplias, cabales y compasivas sobre los seres humanos y
las cosas, uno no puede vegetar en un rinconcito del mundo toda su vida” Mark Twain.
2- “Ella
valoraba sus viajes pensando en los anuncios y en una playa blanca como polvo
de talco, donde la brisa tropical mecía las palmeras y sus cabellos, para él
todo se cifraba en comidas prohibidas, tiempo malgastado y un gasto espantoso” Vladimir Nabokov
3- “Nuestras
maltratadas maletas se amontonaban sobre la acera de nuevo; nos quedaban largos
caminos por recorrer. Pero no importa, el camino es vida” Jack Kerouac.
4- “La
nostalgia del hogar es un sentimiento del que muchos saben y se quejan; yo, por
el contrario, sufro de un dolor menos conocido, y su nombre es nostalgia del
afuera. Cuando la nieve se derrite, las cigüeñas llegan y los primeros barcos
de vapor zarpan, me asalta la punzante comezón de partir” Hans Christian
Andersen.
5- “Ahora
lo tengo claro. El viaje en su conjunto es un timo. Los viajes no te amplían;
te vuelven sofisticado, a la última, una vícitma de la superficialidad con la
expresión estúpida de un miembro del jurado en un concurso de belleza” Henri
Michaux.
6- “El
viaje, en verdad, le dio la impresión de ser una pérdida de tiempo, puesto que
pensaba que la imaginación era capaz de proporcionar un sustituto más que
adecuado a la vulgar realidad de la experiencia” J. K. Huysmans
Hasta el viernes!!
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Un gran escapista con estilo fotográfico
Así me gusta definirlo a Norman Lewis.
Un curioso y discreto viajero inglés que “se escapó” por cientos de países durante más de 60 años
y escribió 13 novelas, 14 de libros de viajes, dos volúmenes autobiográficos y
un sinfín de notas periodísticas.
Además, tenía mirada de fotógrafo. Su texto poseía un fino
equilibrio compositivo con una prosa directa , sin ambiguedes y gran precisión
descriptiva.
Sus relatos también tenían un humor especial. Se desenvolvía
como si fuera un street photographer de las letras. Encontraba en la ironía, en algunos
momentos trágico - cómicos de la cotidaneidad, una escena perdurable, un porque
para contar y lo materializaba en un relato de viaje diferente.
Algo de ello tenían las vidas de los pescadores de sardinas
o de las curanderas de algunos pueblos de la Costa Brava en los años cuarenta
del siglo pasado, relatados con estilo fotográfico por Lewis en Voces del viejo mar. Quizás el viaje a España, haya sido
su primer gran escapada fuera de su terruño británico.
O como un corresponsal de guerra, “fotografió” con sus palabras, la cruda
realidad del sur de un Italia fascista a punto de capitular y materializada en Nápoles 44.
Muchos años después, la mirada fotográfica del gran
escapista encontró empatía en la cámara del fotoreportero Don McCullin. “Cuando
escuché que mi amigo McCullin se encontraba en Nigeria, mi primer pensamiento
fue que cuando vuelva me gustaría convencerlo de ir a un lugar horrible” señaló
Lewis en 1966. Al año siguiente se internaron juntos en América Latina
cubriendo notas para el diario británico Sunday Times. Y allí escribió su mejor
historia. Un reportaje con las imágenes de McCullin que denunciaba el genocidio
que estaban sufriendo algunas comunidades indígenas en la selva amazónica.
También con su prosa y sus fotografías “escapó” por el
lejano Oriente. Fruto de ello es Tierra Dorada. Viajes por Birmania.
Un amigo, compañero de aventuras y también gran escritor de
viajes, Colin Thubron señaló, hace poco, que Lewis sigue siendo desestimado por
el gran público. “En cierto modo, no ha sido elogiado bastante. Él no ha
escrito al igual que el común de los escritores de viajes. A pesar de ello, es
muy apreciado y un decano”.
Seguro que se me escapan muchas observaciones más de este genial escritor. Pero de lo que estoy seguro es que con cualquier libro de Lewis podrán sentir que están viajando por primera vez a ese lugar y la experiencia será única.
Hasta el viernes!!
miércoles, 3 de agosto de 2011
Una ciudad cultural que no lo pudo ser
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| Calcuta 1999 © Marcelo Caballero |
Recuerdo que mientras lo hojeaba,
descubrí la magia de sus palabras, tan profundas y tan sentidas como un canto a
la vida. Y desde ese momento me propuse ir algún día a visitar la tierra donde había nacido y
crecido y que tanto habían inspirado a este multifacético artista.
Tagore nació en una
Calcuta de fines del siglo XIX obsesionada por transformarse en la capital
cultural de un reino colonial británico que ya la había convertido en el núcleo
económico y político de India. En ese contexto, el escritor bengalí vivía en
una especie de belle epoque oriental muy afin a los intereses ingleses en la
colonia.
En 1999 hice finalmente
mi primer viaje a Calcuta con la ilusión de encontrarme con algo de aquella
orgullosa ciudad. Y descubrí que era todo lo contrario: un canto a la pobreza y
a la desesperación.
Luego de la
independencia de 1947, millares de indios empobrecidos de los estados de Bihar y de Bengala habían
emigrado a una ciudad que le prometía trabajo. Pero nada de eso ocurrió y
Calcuta se conviritó en un gran depósito de gente que deambulaba por sus calles
sin hacer nada y con ellas vinieron las enfermedades y todo lo demás.
Pasé dos largas estancias
en esa ciudad y la aprendí a conocer a través de la Misión de la
Caridad de la Madre Teresa donde trabajé como voluntario. Y esa experiencia me
marcó para toda la vida. Ahora quiero compartir con ustedes algunas imágenes de
esas visitas en una ciudad que quiso ser pero, debido a los atropellos de la historia,
se quedó sólo en ello, en un sueño de palabras como las de Tagore.
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| Detrás de la estación Howrah - Calcuta 2003 © Marcelo Caballero |
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| Chowringhee - Calcuta 1999 © Marcelo Caballero |
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| Intocable - Calcuta 2003 © Marcelo Caballero |
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| Calcuta 2003 © Marcelo Caballero |
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| Misión de la Caridad Sede Central - Bose Road - Calcuta 2000 © Marcelo Caballero |
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| Orfanato - Misión de la Caridad - Calcuta 2000 © Marcelo Caballero |
viernes, 29 de abril de 2011
Viaje por la costa brava
Una de las cosas que más disfruto desde que vivo en Catalunya es el Sant Jordi. Cada 23 de abril, las plazas y calles principales de las ciudades se visten de flores pero también de libros. Y allí radica mi alegría: me regalan un libro y soy el hombre más feliz del mundo por eso.
En esta última ocasión me regalaron Viaje por la Costa Brava de Xavier Moret de la excelente colección Heterodoxos que edita y publica Altair. Aparte de tener un precio de lo más accesible, es una muy recomendable guía literaria (mitad antropológica, mitad histórica) para recorrer la famosa Costa Brava catalana desde Blanes hasta Portbou.
Para que su lectura sea más ágil, el autor la dividió en capítulos impregnados de historia y presente de los pueblos más importantes y su gente que también expresa en el libro, sus puntos de vista.
Y entre ellos, aparecen Josep Pla, Salvador Dalí y Ferran Adriá. Pero también Ava Gadner y su visita a Tossa del Mar en 1950 junto a James Mason y Frank Sinatra; Roberto Bolaños, Elizabeth Taylor y muchos otros que hicieron célebre a estos 200 y tantos más kilómetros de costa meditterránea.
Entre tanto glamour y celebridades, el autor deja entrever, entre sus páginas, un dejo de tristeza ante tanta masificación, urbanizaciones descontroladas y turismo masivo que destruyo mucho del encanto de la Costa Brava, topónimo que nació en un banquete de soñadores burgueses catalanes en 1908.
"Una vez en Empuriabrava – señala Moret –... todo inmenso en un mundo de 33 kilómetros de canales navegables, con todos los fast foods imaginables, inmobiliarias que se anuncian en francés, inglés y alemán y grandes bloques de apartamentos con aspecto de trasatlántico a punto de partir” (pág 254).
“L’Escala tiene hoy aspecto de pueblo cerrado por fuera de temporada. Sólo algunos turistas despistados, la mayoría franceses, se pasean con cara de no entender nada, como si alguien les hubiera alterado el guión a última hora” (pág. 233)
Merece una lectura atenta este libro y recorrer la Costa Brava con su compañía durante estos días. Pero no lo lean en verano, no van a poder hacerlo entre tanta gente alrededor!!
En esta última ocasión me regalaron Viaje por la Costa Brava de Xavier Moret de la excelente colección Heterodoxos que edita y publica Altair. Aparte de tener un precio de lo más accesible, es una muy recomendable guía literaria (mitad antropológica, mitad histórica) para recorrer la famosa Costa Brava catalana desde Blanes hasta Portbou.
Para que su lectura sea más ágil, el autor la dividió en capítulos impregnados de historia y presente de los pueblos más importantes y su gente que también expresa en el libro, sus puntos de vista.
Y entre ellos, aparecen Josep Pla, Salvador Dalí y Ferran Adriá. Pero también Ava Gadner y su visita a Tossa del Mar en 1950 junto a James Mason y Frank Sinatra; Roberto Bolaños, Elizabeth Taylor y muchos otros que hicieron célebre a estos 200 y tantos más kilómetros de costa meditterránea.
Entre tanto glamour y celebridades, el autor deja entrever, entre sus páginas, un dejo de tristeza ante tanta masificación, urbanizaciones descontroladas y turismo masivo que destruyo mucho del encanto de la Costa Brava, topónimo que nació en un banquete de soñadores burgueses catalanes en 1908.
"Una vez en Empuriabrava – señala Moret –... todo inmenso en un mundo de 33 kilómetros de canales navegables, con todos los fast foods imaginables, inmobiliarias que se anuncian en francés, inglés y alemán y grandes bloques de apartamentos con aspecto de trasatlántico a punto de partir” (pág 254).
| EmpuriaBrava |
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| Roses |
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| L`Escala |
lunes, 14 de febrero de 2011
Kerouac, Robert Frank y un blues en la soledad de un viaje
Al igual que Robert Frank (su temprana influencia), Marco Paoluzzo es suizo, fotógrafo y viajero.
Al igual que Jack Kerouac y tantos beatniks, hippies, aventureros, anónimos soñadores de rutas como la mítica 66, Marco Paoluzzo salió a recorrer esa carretera y tantas más de este a oeste por la geografía de Estados Unidos entre 1986 y 1994.
Y al igual que la melancólica melodía de un blues, Paoluzzo experimentó las alegrías y los sinsabores de un largo viaje que finalmente plasmó en un interesante y muy recomendable libro llamado justamente America Blues.
Este fotógrafo, que colabora con National Geographic, Geo o Altair entre otros, señaló que con el poco dinero que tenía se compró un auto de segunda mano y “ salí a merced de las carreteras con el oeste en mi horizonte. Desde las grandes ciudades hasta los pequeños pueblos, el campo me recordó las películas americanas que había adorado siempre y que me había hecho soñar con la libertad y el espacio. El escenario era como yo había imaginado, pero pronto perdí ese sueño”.
Mientras viajaba, Paoluzzo comenzó a interesarse por otras cuestiones como por ejemplo: la soledad del individuo. “No descubrí nada en los Estados Unidos que no sea la insignificancia del ser humano cuando se pierde dentro de un universo desconocido y banal”.
En este sentido, quiero compartir con ustedes algunas imágenes de este libro que - en mi opinión personal - sirven de disparador, de alegorías sobre el verdadero papel que nos cabe en estas sociedades occidentales contemporáneas . Hasta pronto!!
Al igual que Jack Kerouac y tantos beatniks, hippies, aventureros, anónimos soñadores de rutas como la mítica 66, Marco Paoluzzo salió a recorrer esa carretera y tantas más de este a oeste por la geografía de Estados Unidos entre 1986 y 1994.
Y al igual que la melancólica melodía de un blues, Paoluzzo experimentó las alegrías y los sinsabores de un largo viaje que finalmente plasmó en un interesante y muy recomendable libro llamado justamente America Blues.
Este fotógrafo, que colabora con National Geographic, Geo o Altair entre otros, señaló que con el poco dinero que tenía se compró un auto de segunda mano y “ salí a merced de las carreteras con el oeste en mi horizonte. Desde las grandes ciudades hasta los pequeños pueblos, el campo me recordó las películas americanas que había adorado siempre y que me había hecho soñar con la libertad y el espacio. El escenario era como yo había imaginado, pero pronto perdí ese sueño”.
Mientras viajaba, Paoluzzo comenzó a interesarse por otras cuestiones como por ejemplo: la soledad del individuo. “No descubrí nada en los Estados Unidos que no sea la insignificancia del ser humano cuando se pierde dentro de un universo desconocido y banal”.
En este sentido, quiero compartir con ustedes algunas imágenes de este libro que - en mi opinión personal - sirven de disparador, de alegorías sobre el verdadero papel que nos cabe en estas sociedades occidentales contemporáneas . Hasta pronto!!
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| Livermore (California) 1993 |
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| New York City, Liberty Island - 1993 |
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| Wall (South Dakota) 1993 |
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| Menphis (Tennessee) 1993 |
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| Virginia Beach (Virginia) 1994 |
Etiquetas:
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Viajes
viernes, 4 de febrero de 2011
Espejismos de Rajastán. La ciudad de James Bond
En India, la gente siempre te pregunta sin miramientos tanto en la calle, en un tren o en un bus como te llamas, adonde vives, cuantos hijos tienes.
Pero en mi largo viaje por ese inmenso país, todo ello me agobia tanto que, en ciertas ocasiones, respondo con tono bromista: “Me llamo Bond….James Bond” parafraseando la famosa muletilla del mítico espía británico.
Y por esos vericuetos de una travesía, un día llego a Udaipur, la ciudad india del 007.
¿Cómo se explica ello? Bueno…vayamos por parte… empecemos por un principio…
Udaipur posee una rara mezcla de tranquilidad, misticismo, turismo estereotipado, hoteles de ensueño y por sobre todas las cosas, accesible para un viajero gasolero como yo que te sorprende.
Por estos motivos, en Udaipur el problema es elegir.
Recorro los palacios hoteleros de la orilla del Lago Pichola sin saber con cuál quedarme. Son todos hermosos y con precios excesivamente bajos. No lo puedo creer!
Decenas de jóvenes guías te llevan a conocer cada uno de estas mansiones hoteleras a cambio de unas rupias, y de eso viven, claro. Vagan por las calles ofreciéndote tours, fiestas y hasta drogas en un ambiente de ensueños diferente de las anárquicas arterias de Jaipur o de Jodhpur, las grandes ciudades de Rajastán.
Por primera vez en mucho tiempo puedo bañarme con agua caliente y descansar en camas con almohadones. Y tengo silencio; que sólo es interrumpido por las campanas de cristal de la entrada a mi pequeño pero voluptuoso hotel a orillas del lago.
Durante la tarde, tomo una lancha que me lleva al hotel – isla ubicado en medio del lago: el Lake Palace que alguna vez fue habitado por príncipes, sultanes y maharajás.
Es uno de los hoteles más fastuosos del mundo y las vibraciones que siento al recorrerlo me transportan a las escenas románticas de la película Octopussy filmadas allí en 1983 y protagonizadas por Roger Moore, el Bond de entonces.
Hoy, esos espejismos épicos corretean por las habitaciones pero necesito unos 1.500 dólares para alojarme una noche allí.
Desde esas habitaciones observo la ciudad. Palacios devenidos en hotel, templos y jardines que parecen extraídos de un cuento de hadas. La leyenda dice que a mediados del siglo XVI, el Maharajá Udai Singh se encontró con un sacerdote meditando a orillas del lago. El religioso lo bendijo y le aconsejó la construcción de un palacio en aquel sitio rodeado de valles fértiles. Esa mansión es el lujoso Fateh Prakash donde perdura un museo de cristales con vajillas antiguas traídas de Europa a fines del siglo XIX.
Todo es tranquilo y ensoñador. A eso de las ocho de la noche subo con desgano siete pisos de escaleras. Van a pasar el film de Bond en video. Y estoy ansioso. “Hace años que es parte del show” me dice el dueño. Pero me quedo con las ganas de verlo: “hoy no la pasamos porque la gente que va a consumir no es suficiente”.
Me quedo tres días allí. Y todavía es difícil olvidar los atardeceres vistos desde aquellos balcones con pilares esculpidos por artesanos del Renacimiento.
Hasta pronto!
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| Udaipur, desde el Lake Palace - India |
En India, la gente siempre te pregunta sin miramientos tanto en la calle, en un tren o en un bus como te llamas, adonde vives, cuantos hijos tienes.
Pero en mi largo viaje por ese inmenso país, todo ello me agobia tanto que, en ciertas ocasiones, respondo con tono bromista: “Me llamo Bond….James Bond” parafraseando la famosa muletilla del mítico espía británico.
Y por esos vericuetos de una travesía, un día llego a Udaipur, la ciudad india del 007.
¿Cómo se explica ello? Bueno…vayamos por parte… empecemos por un principio…
Udaipur posee una rara mezcla de tranquilidad, misticismo, turismo estereotipado, hoteles de ensueño y por sobre todas las cosas, accesible para un viajero gasolero como yo que te sorprende.
Por estos motivos, en Udaipur el problema es elegir.
Recorro los palacios hoteleros de la orilla del Lago Pichola sin saber con cuál quedarme. Son todos hermosos y con precios excesivamente bajos. No lo puedo creer!
Decenas de jóvenes guías te llevan a conocer cada uno de estas mansiones hoteleras a cambio de unas rupias, y de eso viven, claro. Vagan por las calles ofreciéndote tours, fiestas y hasta drogas en un ambiente de ensueños diferente de las anárquicas arterias de Jaipur o de Jodhpur, las grandes ciudades de Rajastán.
Por primera vez en mucho tiempo puedo bañarme con agua caliente y descansar en camas con almohadones. Y tengo silencio; que sólo es interrumpido por las campanas de cristal de la entrada a mi pequeño pero voluptuoso hotel a orillas del lago.
Durante la tarde, tomo una lancha que me lleva al hotel – isla ubicado en medio del lago: el Lake Palace que alguna vez fue habitado por príncipes, sultanes y maharajás.
Es uno de los hoteles más fastuosos del mundo y las vibraciones que siento al recorrerlo me transportan a las escenas románticas de la película Octopussy filmadas allí en 1983 y protagonizadas por Roger Moore, el Bond de entonces.
Hoy, esos espejismos épicos corretean por las habitaciones pero necesito unos 1.500 dólares para alojarme una noche allí.
Desde esas habitaciones observo la ciudad. Palacios devenidos en hotel, templos y jardines que parecen extraídos de un cuento de hadas. La leyenda dice que a mediados del siglo XVI, el Maharajá Udai Singh se encontró con un sacerdote meditando a orillas del lago. El religioso lo bendijo y le aconsejó la construcción de un palacio en aquel sitio rodeado de valles fértiles. Esa mansión es el lujoso Fateh Prakash donde perdura un museo de cristales con vajillas antiguas traídas de Europa a fines del siglo XIX.
Todo es tranquilo y ensoñador. A eso de las ocho de la noche subo con desgano siete pisos de escaleras. Van a pasar el film de Bond en video. Y estoy ansioso. “Hace años que es parte del show” me dice el dueño. Pero me quedo con las ganas de verlo: “hoy no la pasamos porque la gente que va a consumir no es suficiente”.
Me quedo tres días allí. Y todavía es difícil olvidar los atardeceres vistos desde aquellos balcones con pilares esculpidos por artesanos del Renacimiento.
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| Lago Pichola - Udaipur - India |
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lunes, 31 de enero de 2011
Espejismos de Rajastán. La Mafia de Jaipur. Última parte
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| Paro y movilización obrera durante mi visita a Jaipur - India |
Como aún era temprano, me fui a comer unos chapatis y un poco de arroz al curry al restaurant del pequeño hotel y por esos azares de la vida me encontré con un español que también se alojaba allí y le conté lo que me había sucedido.
El madrileño, sin mostrar gestos de sorpresa, me sugirió que lea algo que me estaba marcando con su dedo en una página de su guía Lonely Planet de India: “observa este recuadro, hombre!”.
El destacado estaba encabezado por la palabra Warning! (cuidado!) y para mi total sorpresa, cada palabra leída parecía ser una nueva estocada a mi seguridad. La guía recomendaba que tuviera cuidado con las mafias de las joyas en Jaipur. Era una estafa para turistas y había que decirle que no a cualquier invitación de desconocidos.
Después de la cena, le agradecí de corazón todo lo que me dijo. Y me dirigí a mi habitación más desorientado y deprimido que antes. Saber lo que me podía suceder era peor que la inocente actitud que tenía antes.
No tenía tiempo y debía decidir rápido: si llamar a la embajada y denunciar el hecho (tenía el tel. del cónsul de mi país) o seguir adelante con todo ello que obviamente a esa altura ya me sabía muy mal.
Y aunque ustedes no lo crean, opté por la última variante, la más peligrosa. Supongo que el periodista que llevaba adentro me invitó a curiosear. Lo que no sabía era hasta cuando podía seguir con esa farsa.
A la mañana siguiente, Gazy me llevó nuevamente a la joyería. Allí Sing me dijo que había que cambiar de hotel. “Para confundir a la competencia” señaló serio. Debo reconocer que me atendieron como un rey, me pagaron toda la comida del día y el hotel era un lujo: el Sajan Niwas costaba 50 dólares la noche, demasiado para mi bolsillo de viajero.
Pero durante la cena, llegó el mensaje definitivo. El mismo indio del perfecto inglés de la fiesta del otro día, se apareció durante los postres: "haz el depósito y viajarás a Barcelona al día siguiente". Yo me excusé, comentándole que no tenía ese dinero conmigo y que estaba esperando un giro desde mi país.
Así estuve una semana alargando la "fiesta". Deseaba conocer un poco los mecanismos de esta mafia y de paso, ahorrar dinero. Era una total imprudencia, pero tenía un largo viaje aún hacia el sur del subcontinente indio.
En pocas palabras, el “modus operandi” de esta mafia era el siguiente: el turista desprevenido paga el seguro, te dan un pasaje de ida, te hacen creer que se despachan las joyas en tu avión (la mafia está también en los aeropuertos) y cuando llegas, nadie te espera, las joyas nunca salieron de India y tú pierdes el dinero.
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| Tumba siglo XVIII - Jaipur |
Cualquier treta era buena para comprar la confianza de un turista. Y yo, sabiendo sus oscuras pretensiones, observé una mafia muy bien organizada y grande; se movían con total naturalidad, con dinero y gozaban de una extrema impunidad.
Me vigilaban día y noche. No podía ir sólo a ningún lugar. Gazy estaba todo el día conmigo.
Este padre de 8 hijos era simpático y me hice muy amigo de él. Supongo que las presiones económicas de una familia numerosa lo llevaron a este hombre a delinquir en esta India actual de tantos y pronunciados contrastes. Recuerdo que me llevó a visitar cada uno de los magníficos palacios mongoles y sitios de importancia de la ciudad rosa.
Una mañana cuando Gazy fue a un locutorio, aproveché y me dirigí corriendo a la estación de trenes que estaba cerca. Saqué un ticket a Gandhinagar, la capital de Gujarat para esa misma madrugada. A esa hora todos dormían y pude escapar, tuve suerte. (¡aún pienso como hice para que nadie se diera cuenta!).
Jaipur había dejado de ser para mi, un buen sitio para hacer turismo. Por un buen tiempo.
Hasta pronto!!!
viernes, 28 de enero de 2011
Espejismos de Rajastán. La Mafia de Jaipur
Mafias hay en todos lados señala con acierto esta expresión del acervo popular.
Uno a veces, lo sabe antes de visitar un lugar y toma ciertas medidas preventivas. Pero en otras ocasiones, las menos, no se sabe nada. Y algunas cosas pueden pasar de una manera que no son tan fortuitas y todo se complica. Algo así me pasó cuando llegué a la estación de trenes de Jaipur, la capital del estado indio de Rajastán.
Hacía mucho calor ese día. El reloj del andén marcaba las 11 de la mañana y estaba bastante mareado con tanta gente y griterío a mi alrededor.
Salí como pude de la estación y una mano salvadora me llevó a un rickshaw motorizado. Allí se presentó el hombre que llevaba un llamativo turbante color azafrán en su cabeza: “me llamo Gazy. Y quiero mostrarle un lugar maravilloso y después lo llevo al hotel”.
No me pregunten porque, pero me dejé llevar. Con tal de salir de ese lugar, cualquier cosa. El hombre me condujo entre mercados de verduras y callejuelas pequeñas hasta la puerta principal de la vieja ciudad pintada de rosa.
Ibamos recorriendo lugares levantados por el Imperio mongol, la dinastía musulmana que dominó la región hasta mediados del siglo XVIII.
Gazy, mientras conducía, me contaba con fluidez enciclopédica que la ciudad era rosa ya que los astrólogos del refundador, el maharajá Jai Singh, pronosticaron en aquellos tiempos que traería suerte.
“Ojalá que la tenga” pensaba mientras me dejaba en el hotel luego del buen paseo. Y cuando se iba me dijo: “Esta noche haremos una fiesta. Lo invito”. Yo accedí y me fuí a dormir una siesta pensando en la buena fortuna que tenía de estar en Jaipur.
Pero el agasajo no fue con tortas y gaseosas.
En una habitación de un viejo hotel de Ben Park, había sólo tres botellas de ron, cuatro indios y yo. El ambiente no era halagueño y entre copa y copa, el más callado de los cuatro abrió la boca y en un perfecto inglés me hizo una propuesta.
El negocio consistía en llevar joyas a Barcelona, Londres o París. Me daban para elegir, ellos pagaban el pasaje y como recompensa me prometían 10.000 dólares.
La joyería es una industria que en la India exporta más de 8 mil millones de dólares por año. Pero como las empresas tienen un techo de exportación de 50 mil anuales, recurren a los turistas que pueden sacar legalmente 2.000 dólares cada uno en joyas.
Pero volvamos al relato.
Al otro día, me volvió a buscar Gazy y me depositó en una joyería en el casco antiguo. El dueño con mucha discreción me invitó a ir a una habitación contigua al negocio; y allí, ante mis sorprendidos ojos, desplegó sobre la mesa dos paquetes de esmeraldas, safiros y diamantes pequeños.
Luego de unos instantes eternos, Sing, como se llamaba el joyero, levantó la vista y me dijo seriamente: “Usted llevará un paquete de éstos que ve acá pero antes debe dejarnos 2.000 dólares en rupias como seguro. Cuando vuelva de la entrega, se lo devolvemos”.
Me excusé como pude y regresé al hotel que ya había sido pagado por “ellos” y me puse a pensar que podía hacer….
(Les agradezco de corazón la atención que tuvieron hasta ahora con el relato.... pero continuará el próximo lunes y sabrán el desenlace de todo este gran problema en el que estuve metido. Buen fin de semana!!)
Uno a veces, lo sabe antes de visitar un lugar y toma ciertas medidas preventivas. Pero en otras ocasiones, las menos, no se sabe nada. Y algunas cosas pueden pasar de una manera que no son tan fortuitas y todo se complica. Algo así me pasó cuando llegué a la estación de trenes de Jaipur, la capital del estado indio de Rajastán.
Hacía mucho calor ese día. El reloj del andén marcaba las 11 de la mañana y estaba bastante mareado con tanta gente y griterío a mi alrededor.
Salí como pude de la estación y una mano salvadora me llevó a un rickshaw motorizado. Allí se presentó el hombre que llevaba un llamativo turbante color azafrán en su cabeza: “me llamo Gazy. Y quiero mostrarle un lugar maravilloso y después lo llevo al hotel”.
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| Jaipur - Rajhastán - India |
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| Jaipur - Rajhastán - India |
Gazy, mientras conducía, me contaba con fluidez enciclopédica que la ciudad era rosa ya que los astrólogos del refundador, el maharajá Jai Singh, pronosticaron en aquellos tiempos que traería suerte.
“Ojalá que la tenga” pensaba mientras me dejaba en el hotel luego del buen paseo. Y cuando se iba me dijo: “Esta noche haremos una fiesta. Lo invito”. Yo accedí y me fuí a dormir una siesta pensando en la buena fortuna que tenía de estar en Jaipur.
Pero el agasajo no fue con tortas y gaseosas.
En una habitación de un viejo hotel de Ben Park, había sólo tres botellas de ron, cuatro indios y yo. El ambiente no era halagueño y entre copa y copa, el más callado de los cuatro abrió la boca y en un perfecto inglés me hizo una propuesta.
El negocio consistía en llevar joyas a Barcelona, Londres o París. Me daban para elegir, ellos pagaban el pasaje y como recompensa me prometían 10.000 dólares.
La joyería es una industria que en la India exporta más de 8 mil millones de dólares por año. Pero como las empresas tienen un techo de exportación de 50 mil anuales, recurren a los turistas que pueden sacar legalmente 2.000 dólares cada uno en joyas.
Pero volvamos al relato.
Al otro día, me volvió a buscar Gazy y me depositó en una joyería en el casco antiguo. El dueño con mucha discreción me invitó a ir a una habitación contigua al negocio; y allí, ante mis sorprendidos ojos, desplegó sobre la mesa dos paquetes de esmeraldas, safiros y diamantes pequeños.
Luego de unos instantes eternos, Sing, como se llamaba el joyero, levantó la vista y me dijo seriamente: “Usted llevará un paquete de éstos que ve acá pero antes debe dejarnos 2.000 dólares en rupias como seguro. Cuando vuelva de la entrega, se lo devolvemos”.
Me excusé como pude y regresé al hotel que ya había sido pagado por “ellos” y me puse a pensar que podía hacer….
(Les agradezco de corazón la atención que tuvieron hasta ahora con el relato.... pero continuará el próximo lunes y sabrán el desenlace de todo este gran problema en el que estuve metido. Buen fin de semana!!)
miércoles, 22 de diciembre de 2010
En busca de "La Paz Occidental"
Y ahora que lo pienso, viene bien recordar estas palabras en vísperas de nochebuena donde parece que lo que más festejamos es el consumo más que la esencia de este concepto, tan olvidado en estos tiempos.
“Paz occidental” o sea Xi’ am era considerada, mucho antes que la conociera Marco Polo, la puerta de entrada a la madre de todas las rutas. Me refiero a la Ruta de la seda.
La mayor autopista comercial terrestre conocida en el mundo antiguo partía desde tiempos inmemoriales con comerciantes y productos, haciendo diferentes postas, desde el corazón de China hasta las montañas del Asia central desembocando en Constantinopla (hoy Estambul).
Y el legado que unió a estos dos grandes universos: el occidental y el oriental fue tan íntimo y profundo que quizás sus culturas no sean tan diferentes como parecen. O no.
El tiempo pasó y la ruta fue perdiendo importancia comercial. Sin embargo y, a pesar de ello, se democratizó en el siglo XX, cuando buena parte de los viajeros occidentales comenzaron a tener acceso al bienestar y ello bastó para recorrerla. Pero los tiempos habían cambiado y los conflictos sociales y económicos han dificultado la travesía por esta parte del mundo hasta hoy.
Y entre estos osados caminantes hay uno que destaca por su perspectiva y análisis. Me refiero al viajero y afamado escritor de viajes inglés Colin Thubron.
Y aprovecho para recomendar la lectura de un libro que retrata su viaje por la ruta en el 2001: La Sombra de la ruta de la seda.
Thubron, a lo largo de las 400 páginas del ejemplar , pone énfasis en una crónica despojada del típico relato de un viajero egocéntrico; para dejar paso a lo que habla la gente que él va encontrando en el largo camino hacia Europa.
Y, a partir de esta perspectiva, describe los falsos nacionalismos y traza otros límites que no son sus fronteras políticas sino las tribales, étnicas, lingüísticas y religiosas de las culturas que la convergen. Y allí radica lo interesante de esta propuesta literaria - periodística.
En una entrevista concedida a la revista Sociedad Geográfica Española, el gran viajero se refiere justamente a esos escritores de viaje con mirada egocéntrica. “Siempre hay riesgo de acabar escribiendo de uno mismo, regocijándose del valor, del coraje que se ha demostrado. Pero lo importante son los países, las gentes que allí viven y su situación. Hay muchos que tienden a ese egocentrismo, pero no es casualidad que sus libros caigan en el olvido rápidamente”. (número 29 – enero 2008)
Para los que intenten realizar la ruta, Thubron señala que “ se necesita disponer de tiempo, de mucho, es la clave. Es un viaje que puede ser tremendamente duro y frustrante para el impaciente o para el que no disponga de tiempo”. (pág 37)
Esos más de 11.000 kilómetros de ruta son, en definitiva, uno de los más osados y siempre atractivos viajes que algún viajero puede afrontar, mezcla de mundo antiguo con la agitacíón de los tiempos modernos.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Pequeñas anécdotas de algunos turistas que detestan viajar
En el 2006, coincidiendo con una de las peores sequías de los últimos tiempos debido a la disminución de lluvias al sur de Brasil y en el Gran Pantanal, visité las cataratas de Iguazú por el sector argentino.
Allí, me encontré con el asombroso paisaje que pueden ver en esta imagen de la izquierda.
El nivel del río estaba más bajo de lo habitual y la rojiza tierra de la selva misionera predominaba más que el agua.
Luego de caminar toda la mañana por los alrededores selváticos de las cataratas, me dirigí a comer algo a un chiringuito ubicado a escasos metros de la entrada al Parque Nacional Iguazú.
Al ingresar, me sorprendió ver sólo una persona que parecía a todas luces, un turista como yo con una cámara fotográfica colgando en su cuello, sombrero de safari, sandalias y anteojos negros. Como a mi no me gusta comer solo, me presenté sin vergüenza ante él y lo invité a almorzar conmigo. Parecía simpático y no puso ningún inconveniente para ello.
Al rato, quería salir corriendo de ese lugar.
De verdad.
Ese turista - que no voy a decir la procedencia para no herir el nacionalismo de algunos - me hizo un detallado informe oral de lo que había vivido de Argentina: la comida le pareció intolerable, los autobuses eran lentos y antiguos, le molestaba que no hubiera trenes veloces, en los hoteles había que tener cuidado ya que te robaban el dinero de la habitación, el miedo al narcotráfico , las rutas eran pésimas, etc, etc.
Finalmente muy agobiado le pregunté: ¿y porque venís a Argentina? y, sin titubeos, me respondió que: “lo hago para darme cuenta que vivo en el Primer Mundo” (sic).
Al tío no le interesaba la gente, sus costumbres o cultura. En otras palabras, era un claro ejemplo de esa raza de personas que detesta viajar y lo hace por puro snobismo o porque está de moda.
Lo mismo me pasó una vez en Varanasi, India. Mientras me alojaba en el Trimurti Guest House, a escasos metros del Templo de Oro, una noche cené con un grupo de jóvenes occidentales que, de lo único que hablaban, era de lo sucio que estaba el Ganges, de lo estúpido que les parecían las ceremonias hindúes, de lo picante que era la comida y de lo intolerable y agobiantes que eran los locales. Mientras esto pasaba, yo me preguntaba para que viajaban: si lo hacían para descubrir una cultura o para despotricarla. No hace falta que agregue ningún comentario, no?.
Disculpen si hiero alguna susceptible alma viajera que se sienta identificada con este grupo de malhumorados y de mirada airada que pululan los aeropuertos y colapsan los vuelos. Pero realmente me molesta mucho este tipo de persona quisquillosa que lo único que hace es criticar cada una de las características locales de los lugares a donde viaja. Y nunca va a admitir que lo mejor que podría hacer es quedarse quietecito en su casa. Y dejar tranquilos de una vez por todas a los nativos. Y a los que amamos los viajes. Hasta pronto!!!
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| Cataratas de Iguazú - Vista desde el lado argentino |
Allí, me encontré con el asombroso paisaje que pueden ver en esta imagen de la izquierda.
El nivel del río estaba más bajo de lo habitual y la rojiza tierra de la selva misionera predominaba más que el agua.
Luego de caminar toda la mañana por los alrededores selváticos de las cataratas, me dirigí a comer algo a un chiringuito ubicado a escasos metros de la entrada al Parque Nacional Iguazú.
Al ingresar, me sorprendió ver sólo una persona que parecía a todas luces, un turista como yo con una cámara fotográfica colgando en su cuello, sombrero de safari, sandalias y anteojos negros. Como a mi no me gusta comer solo, me presenté sin vergüenza ante él y lo invité a almorzar conmigo. Parecía simpático y no puso ningún inconveniente para ello.
Al rato, quería salir corriendo de ese lugar.
De verdad.
Ese turista - que no voy a decir la procedencia para no herir el nacionalismo de algunos - me hizo un detallado informe oral de lo que había vivido de Argentina: la comida le pareció intolerable, los autobuses eran lentos y antiguos, le molestaba que no hubiera trenes veloces, en los hoteles había que tener cuidado ya que te robaban el dinero de la habitación, el miedo al narcotráfico , las rutas eran pésimas, etc, etc.
Finalmente muy agobiado le pregunté: ¿y porque venís a Argentina? y, sin titubeos, me respondió que: “lo hago para darme cuenta que vivo en el Primer Mundo” (sic).
Al tío no le interesaba la gente, sus costumbres o cultura. En otras palabras, era un claro ejemplo de esa raza de personas que detesta viajar y lo hace por puro snobismo o porque está de moda.
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| Varanasi - India |
Disculpen si hiero alguna susceptible alma viajera que se sienta identificada con este grupo de malhumorados y de mirada airada que pululan los aeropuertos y colapsan los vuelos. Pero realmente me molesta mucho este tipo de persona quisquillosa que lo único que hace es criticar cada una de las características locales de los lugares a donde viaja. Y nunca va a admitir que lo mejor que podría hacer es quedarse quietecito en su casa. Y dejar tranquilos de una vez por todas a los nativos. Y a los que amamos los viajes. Hasta pronto!!!
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