Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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viernes, 20 de mayo de 2011

El rostro del cine en las paredes indias


Jaipur - India © Marcelo Caballero
Una de las cosas que más me llamó la atención de mis visitas a India, fueron los carteles de cine que abarrotaban cualquier pared de las grandes ciudades indias.
Entre coloridos y en algunos casos surrealistas, los afiches han generado todo un lenguaje visual único que evolucionó junto a la encumbrada industria cinematogràfica india conocida popularmente como Bollywood.
 Aparte de afiches, me encontré con murales exqusitamente pintados en grandes paredes o en telares gigantes colgando sobre las calles que ante mi sorpresa, no perseguían otra cosa que hacer publicidad de algún film de estreno.


En consonancia con la importancia histórica de esta singularidad visual india, el año pasado, la editorial Taschen publicó un interesante libro titulado: El arte de Bollywood que hace honor a la historia de este género visual muy poco valorado y que se remonta a sus orígenes en la década del 20 del siglo pasado.
 En esa época los carteles eran pintados a mano y los mejores artistas y muralistas se volcaron por unas pocas rupias a esta veta artística respaldada por el naciente cine indio de Bombay.
Según lo que explican los autores de este libro, Paul Duncan y los investigadores indios Rejesh Devraj y Edo Bouman, la necesidad de dirigirse a un mercado de masas poco cultivado dictó determinadas características del cartel de Bollywood. Todo lo pintado recaía en la imagen y no en la información textual, una de las razones por las que la publicidad no surgió a raíz de los directores de arte ni los diseñadores, sino de los pintores.
Uno de los más grandes artistas callejeros indio fue Gopla Kamble y en Bombay se convirtió en toda una referencia para los pintores de pancartas durante décadas.


Con el tiempo llegaron los films de clase B llamados en los '70, masala movies aunque los afiches callejeros siguieron desplegando una gran versatilidad de ingenio.


Y de la mano del arte callejero indio también llegó el pop


En resumen, vale la pena darse una vuelta por este libro que, además de tener muy buen precio es el primer estudio exhaustivo de este género visual. Buen fin de semana!!

Bombay © Magnum Photos


lunes, 31 de enero de 2011

Espejismos de Rajastán. La Mafia de Jaipur. Última parte

Paro y movilización obrera durante mi visita a Jaipur - India
Como les contaba en el post anterior, volví como pude al hotel bastante desorientado y sin saber a ciencia cierta que hacer.
Como aún era temprano, me fui a comer unos chapatis y un poco de arroz al curry al restaurant del pequeño hotel y por esos azares de la vida me encontré con un español que también se alojaba allí y le conté lo que me había sucedido.
El madrileño, sin mostrar gestos de sorpresa, me sugirió que lea algo que me estaba marcando con su dedo en una página de su guía Lonely Planet de India: “observa este recuadro, hombre!”.
El destacado estaba encabezado por la palabra Warning! (cuidado!) y para mi total sorpresa, cada palabra leída parecía ser una nueva estocada a mi seguridad.  La guía recomendaba que tuviera cuidado con las mafias de las joyas en Jaipur. Era una estafa para turistas y había que decirle que no a cualquier invitación de desconocidos.
Después de la cena, le agradecí de corazón todo lo que me dijo. Y me dirigí a mi habitación más desorientado y deprimido que antes. Saber lo que me podía suceder era peor que la inocente actitud que tenía antes.
No tenía tiempo y debía decidir rápido: si llamar a la embajada y denunciar el hecho (tenía el tel. del cónsul de mi país) o seguir adelante con todo ello que obviamente a esa altura ya me sabía muy mal.
Y aunque ustedes no lo crean, opté por la última variante, la más peligrosa. Supongo que el periodista que llevaba adentro me invitó a curiosear. Lo que no sabía era hasta cuando podía seguir con esa farsa.
A la mañana siguiente, Gazy me llevó nuevamente a la joyería. Allí Sing me dijo que había que cambiar de hotel. “Para confundir a la competencia” señaló serio. Debo reconocer que me atendieron como un rey, me pagaron toda la comida del día y el hotel era un lujo: el Sajan Niwas costaba 50 dólares la noche, demasiado para mi bolsillo de viajero.
Pero durante la cena, llegó el mensaje definitivo. El mismo indio del perfecto inglés de la fiesta del otro día, se apareció durante los postres: "haz el depósito y  viajarás a Barcelona al día siguiente". Yo me excusé, comentándole que no tenía ese dinero conmigo y que estaba esperando un giro desde mi país.
Así estuve una semana alargando la "fiesta". Deseaba conocer un poco los mecanismos de esta mafia y de paso, ahorrar dinero. Era una total imprudencia,  pero tenía un largo viaje aún hacia el sur del subcontinente indio.
En pocas palabras, el “modus operandi” de esta mafia era el siguiente: el turista desprevenido paga el seguro, te dan un pasaje de ida, te hacen creer que se despachan las joyas en tu avión (la mafia está también en los aeropuertos) y cuando llegas, nadie te espera, las joyas nunca salieron de India y tú pierdes el dinero.

Tumba siglo XVIII - Jaipur
 Durante esos eternos días, conocí varias joyerías, abogados, expertos y hasta políticos que desfilaban ante mis ojos con la mejor sonrisa.
Cualquier treta era buena para comprar la confianza de un turista. Y yo, sabiendo sus oscuras pretensiones, observé una mafia muy bien organizada y grande; se movían con total naturalidad, con dinero y gozaban de una extrema impunidad.
Me vigilaban día y noche. No podía ir sólo a ningún lugar. Gazy estaba todo el día conmigo.
Este padre de 8 hijos era simpático y me hice muy amigo de él. Supongo que las presiones económicas de una familia numerosa lo llevaron a este hombre a delinquir en esta India actual de tantos y pronunciados contrastes. Recuerdo que me llevó a visitar cada uno de los magníficos palacios mongoles y sitios de importancia de la ciudad rosa.
Una mañana cuando Gazy fue a  un locutorio, aproveché y me dirigí corriendo a la estación de trenes que estaba cerca. Saqué un ticket a Gandhinagar, la capital de Gujarat para esa misma madrugada. A esa hora todos dormían y pude escapar, tuve suerte. (¡aún pienso como hice para que nadie se diera cuenta!).
Jaipur había dejado de ser para mi, un buen sitio para hacer turismo. Por un buen tiempo.


Hasta pronto!!!

viernes, 28 de enero de 2011

Espejismos de Rajastán. La Mafia de Jaipur

Mafias hay en todos lados señala con acierto esta expresión del acervo popular.
Uno a veces, lo sabe antes de visitar un lugar y toma ciertas medidas preventivas. Pero en otras ocasiones, las menos, no se sabe nada. Y algunas cosas pueden pasar de una manera que no son tan fortuitas y todo se complica. Algo así me pasó cuando llegué a la estación de trenes de Jaipur, la capital del estado indio de Rajastán.
Hacía mucho calor ese día. El reloj del andén marcaba las 11 de la mañana y estaba bastante mareado con tanta gente y griterío a mi alrededor.
Salí como pude de la estación y una mano salvadora me llevó a un rickshaw motorizado. Allí se presentó el hombre que llevaba un llamativo turbante color azafrán en su cabeza: “me llamo Gazy. Y quiero mostrarle un lugar maravilloso y después lo llevo al hotel”.

Jaipur - Rajhastán - India
No me pregunten porque, pero me dejé llevar. Con tal de salir de ese lugar, cualquier cosa. El hombre me condujo entre mercados de verduras y callejuelas pequeñas hasta la puerta principal de la vieja ciudad pintada de rosa.

Jaipur - Rajhastán - India
Ibamos recorriendo lugares levantados por el Imperio mongol, la dinastía musulmana que dominó la región hasta mediados del siglo XVIII.
Gazy, mientras conducía, me contaba con fluidez enciclopédica que la ciudad era rosa ya que los astrólogos del refundador, el maharajá Jai Singh, pronosticaron en aquellos tiempos que traería suerte.
“Ojalá que la tenga” pensaba mientras me dejaba en el hotel luego del buen paseo. Y cuando se iba me dijo: “Esta noche haremos una fiesta. Lo invito”. Yo accedí y me fuí a dormir una siesta pensando en la buena fortuna que tenía de estar en Jaipur.
Pero el agasajo no fue con tortas y gaseosas.
En una habitación de un viejo hotel de Ben Park, había sólo tres botellas de ron, cuatro indios y yo. El ambiente no era halagueño y entre copa y copa, el más callado de los cuatro abrió la boca y en un perfecto inglés me hizo una propuesta.
El negocio consistía en llevar joyas a Barcelona, Londres o París. Me daban para elegir, ellos pagaban el pasaje y como recompensa me prometían 10.000 dólares.
La joyería es una industria que en la India exporta más de 8 mil millones de dólares por año. Pero como las empresas tienen un techo de exportación de 50 mil anuales, recurren a los turistas que pueden sacar legalmente 2.000 dólares cada uno en joyas.
Pero volvamos al relato.
Al otro día, me volvió a buscar Gazy y me depositó en una joyería en el casco antiguo. El dueño con mucha discreción me invitó a ir a una habitación contigua al negocio;  y allí, ante mis sorprendidos ojos, desplegó sobre la mesa dos paquetes de esmeraldas, safiros y diamantes pequeños.
 Luego de unos instantes eternos, Sing, como se llamaba el joyero, levantó la vista y me dijo seriamente: “Usted llevará un paquete de éstos que ve acá pero antes debe dejarnos 2.000 dólares en rupias como seguro. Cuando vuelva de la entrega, se lo devolvemos”.
Me excusé como pude y regresé al hotel que ya había sido pagado por “ellos” y me puse a pensar que podía hacer….

(Les agradezco de corazón la atención que tuvieron hasta ahora con el relato.... pero continuará el próximo lunes y sabrán el desenlace de todo este gran problema en el que estuve metido. Buen fin de semana!!)

martes, 28 de septiembre de 2010

Colgados o no, los zapatos me gustan

Marrakech - Marruecos
Me agrada captar imágenes de zapatos. Quizás porque cuentan historias, hablan de categorías sociales, de género, de origen étnico, de religión, de profesión o de política.
Máximo Gorki escribió en su novela La Madre que “ un buen par de botas sería más útil para el triunfo final del socialismo que un ojo morado”.
A veces la fortuna de una nación puede deducirse a través de la altura de unos tacones y la pobreza en el grosor de una suela, si es que tienen suerte algunos de tenerla.
En otros casos, los zapatos pueden ser tan bonitos que le pueden quitar el sueño a más de uno. O enseñan modelos a seguir o admirar . Ciertos calzados son tan raros, excéntricos o inaccesibles que representan el lugar por donde no todos los mortales pueden caminar.
Me da la sensación que los zapatos son como los perros a sus amos: son el fiel reflejo de quien los lleva o los usará. Y a partir de ese inmenso detalle, puedo atreverme a discernir los gustos de una persona.

Figueres -Catalunya
Jaipur - India
Los calzados son signos diferenciales de estatus o clase social pero también de deferencia o de respeto. No es lo mismo ir a una celebración religiosa con zapatillas que con un zapato sobrio y elegante. Ni es igual jugar al fútbol con esos mismos zapatos. Aunque se puede. No es lo correcto o lo práctico y son códigos de culturas como la nuestra.
Me gustan los zapatos hasta cuando no se usan más. Siempre me permito hacer diferentes lecturas depende de donde me encuentre. Estos zapatos, que muestro aquí abajo,  los usó un niño bereber hace más de 100 años. Y no dejo de imaginarme cuantas correrías y juegos habrán soportado en los oasis junto al abrasador desierto al sur de Marruecos.

Valle del Draa - Marruecos
En ciertos lugares, llevar determinados calzados, te hacen pertenecer a determinado grupo o banda.
Hay algunas personas que los cuelgan sobre los cables del alumbrado público como señal de victoria, celebración o de lucha barrial.
En algunas regiones es una inequívoca señal de conquista sexual por parte de un adolescente debutante. Pero también es una señal de bienvenida al mundo de las pandillas o de las drogas como ocurre en las favelas de Río de Janeiro  o en el Bronx neoyorquino. Te indicará o te invitará a merodear ciertos caminos, laberintos o callejones sin salida.
En Facebook,  ciertos usuarios como por ejemplo los de Tarragona (España) han creado un foro de discusión y de crítica al aumento de zapatos colgados en su ciudad y se preguntan si es sólo una moda importada de Estados Unidos o que significación real posee.
Algunos especialistas han denominado este fenómeno como Shoefiti, (juego de palabras en inglés que combina el vocablo 'shoe' (zapato) y grafiti) y es una práctica que consiste en adornar las calles con calzados de todo tipo colgando de los cables telefónicos y de la luz.

Oporto - Portugal
Bueno..acá me quedo porque sino haré un libro de todo esto..Pero dejo flotando, entre estas líneas, futuras reflexiones que se podría realizar sobre este fascinante mundo de los zapatos, huellas de historia y presente, muy sugerentes por descubrir e interpretar. Hasta pronto!!

Sevilla - España