Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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viernes, 4 de febrero de 2011

Espejismos de Rajastán. La ciudad de James Bond


Udaipur, desde el Lake Palace - India

En India, la gente siempre te pregunta sin miramientos tanto en la calle, en un tren o en un bus como te llamas, adonde vives, cuantos hijos tienes.
Pero en mi largo viaje por ese inmenso país, todo ello me agobia tanto que, en ciertas ocasiones, respondo con tono bromista: “Me llamo Bond….James Bond” parafraseando la famosa muletilla del mítico espía británico.
Y por esos vericuetos de una travesía, un día llego a Udaipur, la ciudad india del 007.
¿Cómo se explica ello? Bueno…vayamos por parte… empecemos por un principio…
Udaipur posee una rara mezcla de tranquilidad, misticismo, turismo estereotipado, hoteles de ensueño y por sobre todas las cosas, accesible para un viajero gasolero como yo que te sorprende.
Por estos motivos, en Udaipur el problema es elegir.
Recorro los palacios hoteleros de la orilla del Lago Pichola sin saber con cuál quedarme. Son todos hermosos y con precios excesivamente bajos. No lo puedo creer!
Decenas de jóvenes guías te llevan a conocer cada uno de estas mansiones hoteleras a cambio de unas rupias, y de eso viven, claro. Vagan por las calles ofreciéndote tours, fiestas y hasta drogas en un ambiente de ensueños diferente de las anárquicas arterias de Jaipur o de Jodhpur, las grandes ciudades de Rajastán.
Por primera vez en mucho tiempo puedo bañarme con agua caliente y descansar en camas con almohadones. Y tengo silencio; que sólo es interrumpido por las campanas de cristal de la entrada a mi pequeño pero voluptuoso hotel a orillas del lago.

Durante la tarde, tomo una lancha que me lleva al hotel – isla ubicado en medio del lago: el Lake Palace que alguna vez fue habitado por príncipes, sultanes y maharajás.
Es uno de los hoteles más fastuosos del mundo y las vibraciones que siento al recorrerlo me transportan a las escenas románticas de la película Octopussy filmadas allí en 1983 y protagonizadas por Roger Moore, el Bond de entonces.
Hoy, esos espejismos épicos corretean por las habitaciones pero necesito unos 1.500 dólares para alojarme una noche allí.
Desde esas habitaciones observo la ciudad. Palacios devenidos en hotel, templos y jardines que parecen extraídos de un cuento de hadas. La leyenda dice que a mediados del siglo XVI, el Maharajá Udai Singh se encontró con un sacerdote meditando a orillas del lago. El religioso lo bendijo y le aconsejó la construcción de un palacio en aquel sitio rodeado de valles fértiles. Esa mansión es el lujoso Fateh Prakash donde perdura un museo de cristales con vajillas antiguas traídas de Europa a fines del siglo XIX.
Todo es tranquilo y ensoñador. A eso de las ocho de la noche subo con desgano siete pisos de escaleras. Van a pasar el film de Bond en video. Y estoy ansioso. “Hace años que es parte del show” me dice el dueño. Pero me quedo con las ganas de verlo: “hoy no la pasamos porque la gente que va a consumir no es suficiente”.
Me quedo tres días allí. Y todavía es difícil olvidar los atardeceres vistos desde aquellos balcones con pilares esculpidos por artesanos del Renacimiento.

Lago Pichola - Udaipur - India
 Hasta pronto!


miércoles, 2 de febrero de 2011

Espejismos de Rajastán. La ciudad dorada del desierto

Son las cinco de la mañana, hace un frío inhumano y parece que tengo en mi cuerpo todo la arena del desierto. El tren llega a duras penas a Jaisalmer, una ciudad embutida al fondo del Thar, desierto sin horizonte que se funde en la frontera pakistaní.
En medio de la estación, una muchedumbre de seres envueltos de pies a cabeza rompe en feroz carrera enarbolando folletos y tarjetas. “Los mejores Camel Safaris a los precios más bajos”, grita uno. “Baño privado y agua caliente”, alardean todos.
Al final, escapo a la terraza de un hotel económico ubicado en las afueras y fotografío un alucinante amanecer que revela el alma de Jaisalmer: una imponente fortaleza construida en el 800 DC por los mercaderes que dominaban la ruta de la seda. La dramática estructura que inspiró al gran cineasta indio Satyajit Ray para su película  "Fortaleza de Oro", estaba frente a mis ojos.

Fortaleza de Jaisalmer - India

Después de un pequeño descanso, me encamino a las entrañas de este laberinto amurallado. El estrecho camino de callejuelas zigzaguea hacia lo alto del Monte Trikura.

Dentro de la fortaleza - Jaisalmer - India
  
Rajastán es leyenda porque por aquí pasó el gran conquistador Alejandro Magno y por el brillante período musulmán que dejó esta impresionante arquitectura.
Los rayos del sol se cuelan por los callejones y la piedra caliza amarillenta destella polvo dorado, luces color miel. Sin ninguna duda es la ciudad dorada del desierto y así se vende en todas las agencias turísticas.
Y entre tanto polvo y arena, surge un hombre robusto y alto (algo no muy común por allí) que me llama por gestos. “Juglish Bisha para servirle”. Amable, este local me cuenta que pertenece a la casta de los brahmanes y es el actual cónsul de la fortaleza.
Me señala que es un cargo honorífico y lo heredó de su padre. “Antes que Gandhi prohibiera las castas, mi familia era rica y privilegiada. Ahora somos pobres y trabajo de guía turístico…Soy el mejor!” se ufana orgulloso. 
  
 
El cónsul de Jaisalmer - India



Jadlish habla sin parar. “Me gustaría que vengas a conocer mi casa que es muy antigua y te tomas un buen té indio” señala.
Acepto. Pero le aclaro que no tengo dinero para ningún tipo de turismo. “No hay problemas, amigo argentino”.



Luego de la reparadora infusión sigo caminando sin rumbo por la fortaleza y de pronto una música resuena etérea desde el umbral. Ante mi, se despliega el más estravagante "haveli" que he visto. Se llama Parwon Ki, una  residencia fastuosa (ahora, un hospedaje de lujo) edificada a principios del siglo XIX.

Parwon Ki - Jaisalmer - India

“Lo que escuchas son poemas persas de amor musicalizados” me comenta el portero de este lugar sólo accesible para turistas con dinero.
De regreso a mi humilde hotel, me ataja el dueño, de unos 30 años, con mirada ambiciosa,  llamado Raji. Parece que en India todos se llaman Gazy o Raji.
Me invita a conocer al día siguiente la colina de los "cenotafios", lugar donde están todas las tumbas de los maharajás de Jaisalmer.
De pronto entra en confianza y me dice: “El safari que ofrece el hotel es muy bueno, debería tomar uno”.
Le cuento que estoy seco que sólo tengo para viajar y el hombre me responde como el cónsul: " no hay problemas, amigo".
Pero en este caso, me propone un negocio que me puede beneficiar. 
El procedimiento es sencillo. “Tienes que ir a la estación bien temprano y como sos occidental, los turistas te van a hacer más caso a ti que a nosotros. Los convences y los traes al hotel. Del resto nos ocupamos nosotros”.
De esa manera, unos días después viajo junto a un grupo de occidentales felices como yo por el Thar. Allí tomo dimensión de este peculiar desierto subido en unos camellos durante tres días y el recuerdo de lo vivido junto a los locales es algo que no olvidaré jamás.
 

Desierto de Thar - India

Hasta pronto!!


viernes, 28 de enero de 2011

Espejismos de Rajastán. La Mafia de Jaipur

Mafias hay en todos lados señala con acierto esta expresión del acervo popular.
Uno a veces, lo sabe antes de visitar un lugar y toma ciertas medidas preventivas. Pero en otras ocasiones, las menos, no se sabe nada. Y algunas cosas pueden pasar de una manera que no son tan fortuitas y todo se complica. Algo así me pasó cuando llegué a la estación de trenes de Jaipur, la capital del estado indio de Rajastán.
Hacía mucho calor ese día. El reloj del andén marcaba las 11 de la mañana y estaba bastante mareado con tanta gente y griterío a mi alrededor.
Salí como pude de la estación y una mano salvadora me llevó a un rickshaw motorizado. Allí se presentó el hombre que llevaba un llamativo turbante color azafrán en su cabeza: “me llamo Gazy. Y quiero mostrarle un lugar maravilloso y después lo llevo al hotel”.

Jaipur - Rajhastán - India
No me pregunten porque, pero me dejé llevar. Con tal de salir de ese lugar, cualquier cosa. El hombre me condujo entre mercados de verduras y callejuelas pequeñas hasta la puerta principal de la vieja ciudad pintada de rosa.

Jaipur - Rajhastán - India
Ibamos recorriendo lugares levantados por el Imperio mongol, la dinastía musulmana que dominó la región hasta mediados del siglo XVIII.
Gazy, mientras conducía, me contaba con fluidez enciclopédica que la ciudad era rosa ya que los astrólogos del refundador, el maharajá Jai Singh, pronosticaron en aquellos tiempos que traería suerte.
“Ojalá que la tenga” pensaba mientras me dejaba en el hotel luego del buen paseo. Y cuando se iba me dijo: “Esta noche haremos una fiesta. Lo invito”. Yo accedí y me fuí a dormir una siesta pensando en la buena fortuna que tenía de estar en Jaipur.
Pero el agasajo no fue con tortas y gaseosas.
En una habitación de un viejo hotel de Ben Park, había sólo tres botellas de ron, cuatro indios y yo. El ambiente no era halagueño y entre copa y copa, el más callado de los cuatro abrió la boca y en un perfecto inglés me hizo una propuesta.
El negocio consistía en llevar joyas a Barcelona, Londres o París. Me daban para elegir, ellos pagaban el pasaje y como recompensa me prometían 10.000 dólares.
La joyería es una industria que en la India exporta más de 8 mil millones de dólares por año. Pero como las empresas tienen un techo de exportación de 50 mil anuales, recurren a los turistas que pueden sacar legalmente 2.000 dólares cada uno en joyas.
Pero volvamos al relato.
Al otro día, me volvió a buscar Gazy y me depositó en una joyería en el casco antiguo. El dueño con mucha discreción me invitó a ir a una habitación contigua al negocio;  y allí, ante mis sorprendidos ojos, desplegó sobre la mesa dos paquetes de esmeraldas, safiros y diamantes pequeños.
 Luego de unos instantes eternos, Sing, como se llamaba el joyero, levantó la vista y me dijo seriamente: “Usted llevará un paquete de éstos que ve acá pero antes debe dejarnos 2.000 dólares en rupias como seguro. Cuando vuelva de la entrega, se lo devolvemos”.
Me excusé como pude y regresé al hotel que ya había sido pagado por “ellos” y me puse a pensar que podía hacer….

(Les agradezco de corazón la atención que tuvieron hasta ahora con el relato.... pero continuará el próximo lunes y sabrán el desenlace de todo este gran problema en el que estuve metido. Buen fin de semana!!)