Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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lunes, 14 de marzo de 2011

Frank, Kerouac y Bagdad Café en la ruta 66


Un escena de Bagdad Café - 1987

Tanto Robert Frank como Jack Kerouac tienen como denominador común la ruta 66. Y sus  fantasmas visuales y literarios  deben que estar felices de entremezclarse en el espíritu de Café Bagdad, un film que acabo de volver a ver después de muchos años.
Y valió la pena este redescubrimiento.
En esta nueva lectura,  encuentro ciertos guiños cómplices del fotógrafo suizo o del gran escritor de la generación beatnik entre las imágenes de esta pelicula, un claro ejemplo del neo expresionsimo teutón.
Pero su director de fotografía, Bernd Heinl, aporta un paso más a todos estos buenos ingredientes que asocio libremente del film.  Heinl propone choques violentos de luces y sombras, cascadas luminosas que invaden la pantalla y bruscas caídas de líneas que provocan una tensión visual in crescendo, características visuales expresionistas que me atrapan de esta película dirigida por Percy Adlon.

Primera escena - Bagdad Café
También me agrada la iluminación y  el color utilizado que tiene un valor semántico importante. A medio camino del sepia y los saturados, las imágenes me dan la sensación como espectador, de estar imbuido profundamente en un polvoriento desierto de soledad, viento y  gasolineras.  
El argumento que propone Adlon me cautiva en todo sentido. El film se contextualiza en el marco del desierto de Mojave, en los Estados Unidos donde habitan una serie de personajes simpáticos y estrafalarios. Y por encima de ello, el peculiar encuentro de dos mujeres de culturas diferentes: una obesa alemana, abandonada por su marido en pleno viaje por la ruta 66 que  acaba en un aislado motel regenteado por una combativa mujer negra.  
En síntesis, si Kerouac viviera, tendría a este film como uno de sus favoritos y Frank,  si se lo propone, volvería a incursionar con su Leica por la mítica ruta.
Bueno, los dejo con un breve video de imágenes de Bagdad Café acompañadas por la música del film. Hasta pronto!!

lunes, 14 de febrero de 2011

Kerouac, Robert Frank y un blues en la soledad de un viaje

Al igual que Robert Frank (su temprana influencia), Marco Paoluzzo es suizo, fotógrafo y viajero.
Al igual que Jack Kerouac y tantos beatniks, hippies, aventureros, anónimos soñadores de rutas como la mítica 66, Marco Paoluzzo salió a recorrer esa carretera y tantas más de este a oeste por la geografía de Estados Unidos entre 1986 y 1994.
Y al igual que la melancólica melodía de un blues, Paoluzzo experimentó las alegrías y los sinsabores de un largo viaje que finalmente plasmó en un interesante y muy recomendable libro llamado justamente America Blues.
Este fotógrafo, que colabora con National Geographic, Geo o Altair entre otros,  señaló que con el poco dinero que tenía se compró un auto de segunda mano y “ salí a merced de las carreteras con el oeste en mi horizonte. Desde las grandes ciudades hasta los pequeños pueblos, el campo me recordó las películas americanas que había adorado siempre y que me había hecho soñar con la libertad y el espacio. El escenario era como yo había imaginado, pero pronto perdí ese sueño”.
Mientras viajaba, Paoluzzo comenzó a interesarse por otras cuestiones como por ejemplo: la soledad del individuo. “No descubrí nada en los Estados Unidos que no sea la insignificancia del ser humano cuando se pierde dentro de un universo desconocido y banal”.
En este sentido, quiero compartir con ustedes algunas imágenes de este libro que - en mi opinión personal - sirven de disparador, de alegorías sobre el verdadero papel que nos cabe en estas sociedades occidentales contemporáneas . Hasta pronto!!


Livermore (California) 1993



New York City, Liberty Island - 1993



Wall (South Dakota) 1993


Menphis (Tennessee) 1993

Virginia Beach (Virginia) 1994


viernes, 5 de noviembre de 2010

La ciudad de los viajeros

Murallas - Kasba - Tánger - Marruecos
“Supongo que es natural que un viajero busque la diversidad y que sea el elemento humano lo que contribuye más a esa impresión de diferencia. Si las gentes y su modo de vivir fueran iguales en todas partes no tendría mucho sentido desplazarse de un lugar a otro” afirmaba Paul Bowles en la introducción de Cabezas verdes, manos azules, libro escrito a mediados del siglo pasado en una ciudad que fue, a la vez, su fuente de inspiración y de adopción. Me refiero a Tánger.


Kasba - Tánger - Marruecos

Esta legendaria ciudad fundada por los primeros grandes viajeros del mar Mediterráneo: los fenicios, me trasmitió, cuando la visité, esa rara sensación de heterogeneidad que Bowles supo describir muy bien en ese libro mencionado antes:  mezcla del continente africano, árabes y europeos.
Tánger, verdadero imán para trotamundos, escritores y personajes extravagantes, vio nacer y morir, entre otros, al más grande viajero de la antigüedad musulmana: Ibn Battuta.

Cuaderno de viaje . Delacroix 1832
 La ciudad del Marco Polo musulmán fue también visitada por el pintor Eugène Delacroix quien atraído por los colores, no pudo resistirse a su luz tan mediterránea .
A partir de allí, Tánger se convirtió en una parada obligatoria para artistas poco convencionales y viajeros como William Burroughs o Jack Kerouac pertenecientes a la Generación Beat.
Pero también la visitaron otros tipos de viajeros camuflados de  embusteros, millonarios excéntricos, estafadores o trabajadoras sexuales. Pero eso ya es parte de otra historia. Quizás, más improvisada y subterránea que excedería los límites de esta nota.
Así con semejantes historias en la cabeza, me alojé en un melancólico y decadente albergue ubicado en la medina llamado en castellano: Pensión Victoria.
Y les confieso que lo único bueno (aparte de ser barato) que tenía era su terraza desde donde podía vislumbrarse el activo puerto de la ciudad.

El puerto desde la terraza de la Pensión Victoria - Tánger

O la intrincada arquitectura de la medina.

Medina - Tánger

Recuerdo que era todo un acto de audacia entrar a mi habitación. La pared de entrada se estaba quebrando y todas las mañana descubría varios ladrillos despedazados junto a mi puerta. Esa impresión de decadencia cargada de historia me envolvió por toda la ciudad durante el tiempo que estuve allí.

Ville Nouvelle - Tánger
Pero también descubrí, durante mis interminables paseos por las laberínticas callejuelas del casco antiguo, una ciudad pujante, viva, llena de mercados ambulantes y que busca renacer de su majestuoso pasado de viajeros ilustres y no tantos. 

La ciudad de los viajeros

Murallas - Kasba - Tánger - Marruecos
“Supongo que es natural que un viajero busque la diversidad y que sea el elemento humano lo que contribuye más a esa impresión de diferencia. Si las gentes y su modo de vivir fueran iguales en todas partes no tendría mucho sentido desplazarse de un lugar a otro” afirmaba Paul Bowles en la introducción de Cabezas verdes, manos azules, libro escrito a mediados del siglo pasado en una ciudad que fue, a la vez, su fuente de inspiración y de adopción. Me refiero a Tánger.


Kasba - Tánger - Marruecos

Esta legendaria ciudad fundada por los primeros grandes viajeros del mar Mediterráneo: los fenicios, me trasmitió, cuando la visité, esa rara sensación de heterogeneidad que Bowles supo describir muy bien en ese libro mencionado antes:  mezcla del continente africano, árabes y europeos.
Tánger, verdadero imán para trotamundos, escritores y personajes extravagantes, vio nacer y morir, entre otros, al más grande viajero de la antigüedad musulmana: Ibn Battuta.

Cuaderno de viaje . Delacroix 1832
 La ciudad del Marco Polo musulmán fue también visitada por el pintor Eugène Delacroix quien atraído por los colores, no pudo resistirse a su luz tan mediterránea .
A partir de allí, Tánger se convirtió en una parada obligatoria para artistas poco convencionales y viajeros como William Burroughs o Jack Kerouac pertenecientes a la Generación Beat.
Pero también la visitaron otros tipos de viajeros camuflados de  embusteros, millonarios excéntricos, estafadores o trabajadoras sexuales. Pero eso ya es parte de otra historia. Quizás, más improvisada y subterránea que excedería los límites de esta nota.
Así con semejantes historias en la cabeza, me alojé en un melancólico y decadente albergue ubicado en la medina llamado en castellano: Pensión Victoria.
Y les confieso que lo único bueno (aparte de ser barato) que tenía era su terraza desde donde podía vislumbrarse el activo puerto de la ciudad.

El puerto desde la terraza de la Pensión Victoria - Tánger

O la intrincada arquitectura de la medina.

Medina - Tánger

Recuerdo que era todo un acto de audacia entrar a mi habitación. La pared de entrada se estaba quebrando y todas las mañana descubría varios ladrillos despedazados junto a mi puerta. Esa impresión de decadencia cargada de historia me envolvió por toda la ciudad durante el tiempo que estuve allí.

Ville Nouvelle - Tánger
Pero también descubrí, durante mis interminables paseos por las laberínticas callejuelas del casco antiguo, una ciudad pujante, viva, llena de mercados ambulantes y que busca renacer de su majestuoso pasado de viajeros ilustres y no tantos.