Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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miércoles, 18 de abril de 2018

Espacios hopperianos


A lo largo de los años, me fui encontrando en la calle con imágenes que me conmueven por la soledad que me transmiten. Y siempre pienso en Edward Hopper y en ese latente sentimiento que me embarga cada vez que veo sus pinturas.
Así fui armando una serie y que me gustaría compartir con ustedes algo de todo ello,  acompañado (eso, si) por las palabras de un poeta con mayúsculas: Roberto Juarroz

Hay vidas que duran un instante: su nacimiento / hay vidas que duran dos instantes: su nacimiento y su muerte / hay vidas que duran tres instantes: su nacimiento, su muerte y una flor (Quinta Poesía Vertical, 10)


(c) Marcelo Caballero. Figueres, 2018


La vida tiene una música de fondo / Nadie sabe reconocer su música,/ pero a veces nos parece recordar su melodía ( Octava Poesía Vertical, 32)


(c) Marcelo Caballero. Torroella de Montgrí, 2018


El pensamiento nos traiciona / y el yo también nos traiciona. / Somos leves señales de humo que tal vez no tejan ni un código (Undécima Poesía Vertical, 23)


(c) Marcelo Caballero. Porto, 2016


El silencio de aquello que no puede hablar, / es diferente / del silencio de aquello que puede hablar (Sexta Poesía Vertical, 59)


(c) Marcelo Caballero. Caixa Forum, Barcelona, 2016



Hasta pronto!



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lunes, 12 de febrero de 2018

La diferencia que hace un pintor



“Si pudiera decirlo en palabras, no habría razón para pintar” Edward Hopper


(c) Robert Adams, Colorado Springs, Colorado 1968

Mi familia vivía en Nueva Jersey, cerca de Manhattan, hasta los diez años, y aunque he disfrutado pasar mi vida adulta como fotógrafo en el oeste de Estados Unidos, cuando salimos de Nueva Jersey hacia Wisconsin en 1947, sentía nostalgia.
El único paliativo que recuerdo, más allá de la simpatía de mis padres, fue el descubrimiento accidental en una revista de imágenes de una persona de la que nunca había escuchado, pero que reconocía las escenas.
El artista era Edward Hopper y una de las imágenes era de una mujer sentada en un soleado ventanal de Brooklyn, una escena como esa, me recordaba el apartamento de una mujer que nos había cuidado a mi hermana y a mí.


(c) Edward Hopper. Room in Brooklyn, 1932

 Otros puntos de vista se asemejaban a los que recordaba del tren a Hoboken.


(c) Edward Hopper. Compartment, 1938

 También había una foto dentro de un restaurante en el segundo piso, llamativamente como el restaurante donde mi madre y yo de vez en cuando almorzamos en Nueva York.


(c) Edward Hopper. Chop Suey, 1929

Las imágenes eran un gran consuelo para mí, pero por supuesto ninguna podía transportarme a mi casa natal de forma permanente. En los meses que siguieron, sin embargo, comenzaron a fijarse en mi mente de una manera duradera, una comprensión de la intensidad de la luz. Con eso, todos los lugares fueron interesantes.


(c) Edward Hopper. Octubre en Cape Cod 1946

Años más tarde, cuando encontré la otra mitad del trabajo de Hopper, la mitad más rural, también fue motivante. Como estudiante universitario, traté de determinar cuánto tiempo necesitaba una persona para adoptar una actitud irónica. Y las pinturas de Hopper en Cape Cod y otros lugares en Nueva Inglaterra demostraron que era posible, sin sentimentalismos, expresar afecto por lugares que eran naturalmente bellos. Uno no necesitaba avergonzarse de tener un corazón.


(c) Edward Hopper. 1939

Las imágenes de Hopper aún instruyen y me deleitan en formas que son nuevas para mí. A medida que el recuerdo de mi juventud se desvanece, por ejemplo, creo que lo haré un poco mejor cuando converse con los jóvenes si recuerdo la pintura de la acomodadora allí al costado de la sala de cine, un espacio individual entre el sueño y la experiencia. Y cuando mire hacia mi propio futuro, estaré agradecido por <sol en una habitación vacía>".


(c) Edward Hopper. Sun In An Empty Room 1963


Textos del fotógrafo americano Robert Adams extraídos de Edward Hopper and Company (Fraenkel Gallery, 2009)



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lunes, 18 de septiembre de 2017

Un elegante divague por la mínima expresión del rojo


A los que nos gusta el color, sabemos perfectamente la expresividad que conlleva. Por ejemplo, un color cálido como el rojo:  atrae alegría, vitalidad, movimiento, acción. Pero también expansión. Y en fotografía o pintura, la expansión de un rojo en su mínima expresividad es como un “iniciarse” en una nueva lectura de una imagen, un punto de inflexión hacia otros mundos.
Ese minúsculo punto, en especial, no distrae. Todo lo contrario, te lleva hacia el corazón mismo de la imagen y allí encuentras otros simbolismos, mucho más atractivos a la imaginación que a  la primera impresión.


(c) Jens Olof Lasthein

El rojo actúa meramente como un canalizador, por ejemplo,  en una triangulación de rojos mínimos, para expandir una historia visual. Y unas palabras “imaginadas” acechan al observador como preguntas sin respuestas. Sólo se trata de lenguaje fotográfico puro.


(c) Boris Savelev

O esa primera impresión de rojo mínimo casi imperceptible te lleva a desgranar ese monocromático paisaje urbano de colores fríos. Y te haces preguntas sobre el melancólico paisaje que no es tanto, gracias a la existencia de esa minúscula presencia de calidez.


(c) José Manuel Navia

A veces, la culminación de la mínima expresividad del rojo, puede ser el comienzo de una riqueza de sombras que enmascaran sugerentes y ambiguas historias imaginadas. Una lectura oculta  como si “la mirada del rojo” te redireccionara hacia fuera del encuadre. En ese contexto, me complace, gracias a la libertad que me da la escritura, comparar ese rojo con las miradas perdidas de los cuadros de Edward Hopper. Y en ese contexto, el rojo mínimo no me expresa vitalidad, sino una incipiente soledad.


(c) Harry Gruyaert

Hasta pronto!



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miércoles, 12 de julio de 2017

Carretera salvaje


Siempre consideré el “viajar por una carretera” como algo vital, iniciático que tiene que ver con la historia de la gente que la recorre no con el trayecto en sí. 


(c) Robert Frank. U.S. Number 61, Texas. 1955

A muchos nos pasa…..En mi caso, me crié con ese gran discurso emanado de las fauces creativas literarias de Jack Kerouac y su “En el camino”. Y de toda esa “big generation” americana que reformuló la metáfora visual del viajar por una carretera.


(c) Garry Winogrand. Utah, 1964

Y como todos sabemos, la fotografía y el cine convirtieron la carretera en un gran fondo visual de historias que se cruzan, se entrelazan,  de mucha vida y también de muerte.
Ayer, volví a ver una película de carretera (road movie) que siempre me fascinó y me parece que no envejeció en su tratamiento de planos, color, luz. Mejor dicho, cuanto más pasa el tiempo, la peli se encuentra mejor, llena de vitalidad. Me refiero a Wilt at Heart (1990) dirigida por David Lynch y que lleva el sello fotográfico de Frederick Elmes.
No deseo adentrarme en la historia, harto conocida por muchos fans de Lynch y en Internet pueden encontrar infinidad de webs con mucha información. Lo que me sigue impactando y mucho, es como trabaja Elmes: una fotografía con mucho juego de planos, en especial picados, contrapicados.

Fotograma del film Wild at Heart

 Una estética y un simbolismo con mucho "color Hopper" en varias escenas.

Fotograma del film Wild at Heart

Y también me agrada como abre plano en muchas escenas y como potencia el rojo en los encuadres carreteros, otorgando a la escena, un plus de potencia visual.

Fotograma del film Wild at Heart

Por último, me gustaría compartir con ustedes, un video que reúne secuencias de los films que participó, este gran fotógrafo cinematográfico como es Elmes.

Frederick Elmes, A.S.C from Todd Sandler on Vimeo.


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viernes, 10 de febrero de 2017

Inquietante incertidumbre

Desde hace unos cuantos años que vivo en Figueres, una ciudad catalana mundialmente conocida porque allí nació el gran pintor surrealista Salvador Dalí . Y debo reconocer, como le ha pasado a mucha gente,  que he asimilado muchas cosas de su obra que luego, de alguna manera,  las traslado a mi fotografía.

(c) Salvador Dali

Port Lligat (c) Marcelo Caballero

A través de Dali, he aprendido a entender el valor de lo cotidiano. Dali, a pesar de su permanente búsqueda de la universalidad, tuvo siempre a los rincones de Figueres y su entorno geográfico ( Empordà) como punto de partida.


Fiesta de la Santa Creu Figueres 1922 (c) Salvador Dalí

Santa Creu, Figueres (c) Marcelo Caballero

Otro punto que logré entender con el tiempo, es la inquietante incertidumbre que me transmiten sus pinturas. las múltiples interpretaciones de sus visiones y fundamentalmente el valor de lo sugerente, lo que no se ve.

1976 (c) Salvador Dali

En ese sentido, se emparenta a Hopper.


1942 (c) Edward Hopper

Sin embargo, esa inquietante incertidumbre que transmiten los cuadros de Dali lo encuentro aún más en el mundo fílmico de David Lynch.


Fotograma del film Terciopelo Azul  (Blue Velvet) 1986  (c) David Lynch

Ambivalencia de la realidad en donde siempre se esconde una nueva incertidumbre, un nuevo sueño críptico de significados, la angustia generada por la realidad cotidiana.


Fotograma del film Mulholland Drive 2001 (c) David Lynch



De esa manera, tanto Lynch como Dali se internan en el misterio de la condición humana, el objetivo primigenio de estos dos grandes artistas y, creo yo, de la auténtica función de la fotografía.


Fotograma del film Mulholland Drive 2001 (c) David Lynch

Por último, me gustaría comentarles que en Montpellier (Francia) se desarrolla actualmente una exposición en donde varios artistas recrean a través de sus obras, la influencia de Mulholland Drive en el arte contemporáneo. Creo que vale la pena visitarla.




un abrazo a todos!! hasta pronto!



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lunes, 3 de octubre de 2016

Una novela sin palabras

Si Edward Hopper puede ser considerado un gran fotógrafo de calle sin cámara;  Frans Masereel podría ser valorado como un gran director de cine sin haber realizado nunca un film.
Llegué a esta conclusión, después de encontrarme, el fin de semana pasado,  en un stand de Nordica Libros de una feria de editoriales independientes en Besalú (Catalunya)  con una novela sin palabras (o un film mudo) que se titula La Ciudad (1925) de Frans Masereel.

© Frans Masereel

Hopper, a través de sus cuadros, lo que muestra son los límites de nuestra percepción. Esa eterna sensación de ocultar más que mostrar ha sido muy atractivo para los fotógrafos.


© Edward Hopper

En cambio, Masereel, a través de esa novela sin palabras / film mudo, nos dirige hacia los límites de la intervención humana en una ciudad.

© Frans Masereel


 Pasear por las páginas / fotogramas de este libro, es ir descubriendo  un desolador retrato de lo mejor y de lo peor de que es capaz el ser humano.


© Frans Masereel

Realizada en ilustraciones verticales (de grabados en madera < xilografías>), una por página, la ciudad de Masereel plasma  en escenas de la vida cotidiana, la realidad social y política del período de entreguerras:  la miseria frente a la opulencia, la prostitución, la rutina del trabajo y la oscuridad de la pobreza.


© Frans Masereel


 Una forma de pensar la ciudad que no ha perdido vigencia, su discurso  permanece en las ciudades contemporáneas.



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miércoles, 16 de marzo de 2016

Intentar algo nuevo

La verdad es que estoy muy cansado de esa fotografía humorística efectivista, que envejece rápido, y es de corto aliento. Ya me canso otro poco con sólo escribirlo…pero básicamente, desde hace mucho que me quiero desmarcar de estas imágenes  que juegan con la bidimensionalidad de la fotografía para recrear ciertos juegos ilusorios del absurdo que de tanto repetirse terminan haciendo poco creíble el futuro de la fotografía urbana.
Mi interés está más centrado en esa fotografía de calle que intente dirigirse hacia proyectos que hagan ruptura en la búsqueda de nuevos elementos formales de lo visual y que, a su vez, documenten ciertas cualidades del entorno que el fotógrafo percibe con su cámara. Es un camino más difícil pero que vale la pena por lo menos intentarlo y salir de “ese ruido llamado street”.
Veamos algunos ejemplos de “los clásicos” que sirven de argumento a todo lo que dije.


1976 © Joel Meyerowitz

Los fotógrafos del llamado “American New Color” (entre ellos, Joel Meyerowitz,  Stephen Shore, William Eggleston) supieron encontrar elementos formales visuales en la obra de pintores realistas como Edward Hopper y también para hablar de la incomunicación, la soledad en la vida contemporánea en las grandes ciudades.


© Cristobal Hara


Cristobal  Hara se apoya en la riqueza de la pintura española (Goya, Velásquez) para romper con ciertas formas visuales y a su vez, crear con sus imágenes el  imaginario de una España profunda,  alejada de los estereotipos.


© Harry Gruyaert

Harry Gruyaert hace algo parecido y se apoya en los escenarios surreales de la pintura de René Magritte que despertaron ciertas inclinaciones por buscar escenas como suspendidas en el tiempo y reinterpretar la apariencia / realidad.


© Trent Parke

O Trent Parke que se vió influenciado por la música triste, melodramática de bandas como Nine Nails o Radiohead para transmitir imágenes de tono “oscuro”. O,   como si se trataran de “visiones lúgubres" ,  para reinterpretar (de forma sugerente o poética),  el entorno de desigualdades e injusticias de su país natal:  Australia.  Así nació Minutes to Midnight, un libro que, en unos años, se recordará como el nuevo "los americanos de Robert Frank" del siglo XXI.


Hasta pronto!



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lunes, 22 de febrero de 2016

Espacios de silencio

“Quizás yo no sea muy humano. Mi deseo era pintar la luz del sol sobre una pared” 
Edward Hopper


En Miradas Cómplices hemos hablado, en varias oportunidades a lo largo de estos años, sobre el simbolismo estético de los cuadros de Hopper y la clara influencia e inspiración que generó en fotógrafos, especialmente americanos, durante el siglo pasado.
En ese contexto, en donde Estados Unidos entraba en la fase de gran industrialización, Hopper se centró en la estética del silencio como crítica social y para transgredir “el sueño americano”;  y es allí donde radicó su revolución pictórica.


Habitaciones junto al mar, 1951 © Edward Hopper

En esta nota quiero centrarme en esos espacios sin presencia humana de algunas pinturas de Hopper donde el silencio se recrea entre vistas interiores y exteriores que el pintor realista representa a menudo como cuadros dentro del cuadro; y, en general, sus composiciones no son reproducciones de lo visible: remiten a rupturas de la realidad.


Sun in a empty room, 1963 © Edward Hopper

“Los espacios pintados por Hopper hablan de limitaciones y tensiones, y convierten el silencio, en gestos de los cuadros mismos” señala Rolf Günter Renner, un especialista de su obra.


Seven am 1948 © Edward Hopper 

Esos silencios sugieren intersticios que no pueden describirse y revelan espacios en tensión latente donde la luz crea una falsa impresión de tranquilidad que ha de entenderse como una singular reacción a la realidad social.


Farmacia, 1927 © Edward Hopper 

Hopper de alguna manera ilustra el lado gótico del espíritu americano: vacía, sola y vasta.


Primeras horas de una mañana de domingo, 1930 © Edward Hopper

Escenas de abandono real y soledad urbana se suceden en varias de las siguientes fotografías.


© Joel Meyerowitz


“ A mucha gente le gusta Hopper por sus narrativas implícitas, la sugerencia de una historia sobre la persona sola en una habitación, pero no es de particular interés para mi. – señala Stephen Shore a NewYork Times – Lo que me parece más interesante es la forma en cómo utiliza la luz para definir la masa y los espacios de los edificios”.


Baton Rouge, 1998 © Lee Friedlander


Gull Lake, Saskatchewan 1974 © Stephen Shore


Texas 1983 © Wim Wenders

The American 1956 © Robert Frank

¿Hay alguien más en la pintura estadounidense que hace que la luz sea fundamental para interiorizar la sensación de aislamiento americano?, pregunta Robert Adams en la misma nota de New York Times.


1969 © Walker Evans 

Downtown Morton, Mississippi 1970 © William Eggleston


 Hasta pronto!



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