Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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miércoles, 7 de febrero de 2018

Composición, color e intuición


De una manera muy prosaica, podría definir a la composición como “el alma poética” del fotógrafo. Un lugar muy íntimo y intuitivo entre el entorno y el creador visual.
A veces, como hoy, y para desafiar la lógica de los libros de composición, me contento con citar algunas opiniones de fotógrafos que han marcado la evolución de la fotografía a color de las últimas décadas.

“Siento el espacio, la luz, el color, la forma y la escena simultáneamente. No estoy pensando, estoy sintiendo la calle. Para mí, el color no se trata solo de color, la luz no es solo luz, el espacio no es solo espacio, la forma no es solo forma. Estoy intrigado con el tenor emocional y sensorial de estos elementos” señala Alex Webb en un reportaje para Lens.


(c) Alex Webb

"No hay historia. Es sólo una cuestión de formas y de luz” cuenta Harry Gruyaert en British Journal of Photography – Mis imágenes son pura intuición. No hay concepto. Me fascina el milagro donde las cosas se unen de una manera y tiene sentido para mi. Así que en todo ello, hay muy poco pensamiento”.


(c) Harry Gruyaert. Essaouira, década del '70 del siglo pasado

“En el fondo para mi, la fotografía es ante todo una cuestión de proporciones” Gueorgui Pinkhassov.


(c) Gueorgui Pinkhassov

“Lo que realmente importa en una fotografía (a color) es lo que el fotógrafo desea expresar: la imagen debe expresar su opinión. A veces otros pueden enamorarse de su pensamiento, y pueden decidir usarlo y difundirlo” comenta Franco Fontana en Italian Ways


(c) Franco Fontana


“Sé que están ahí, los ángulos y las composiciones”- comenta William Eggleston a New York Times Magazine- “Cada pequeña cosa funciona con todos los demás allí. Todas esas imágenes están compuestas. Son pequeñas pinturas para mi”.


(c) William Eggleston

Hasta pronto!


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miércoles, 8 de noviembre de 2017

Una paleta vibrante

Durante las décadas del ’70 y ’80 del siglo pasado fue la envidia de muchos fotógrafos por la gran cantidad de libros de fotografías publicados, en una época que aún no se había puesto de moda el “fotolibro” tan popular hoy en día. Y en India,  en esos tiempos,  era el único que lo  hacía, no había otro. Recuerdo haber llegado a un hostel en Jaipur (su ciudad natal) en 1999 y encontrarme con su Rajhastán como libro de bienvenida a los turistas y realmente fue la mejor guía visual para adentrarme en esa tan colorida región.
También, prestigiosos fotógrafos contemporáneos a él como William Eggleston o Sthepen Shore no dudaron en considerarlo como uno de los más grandes fotógrafos a color que irrumpieron en esas décadas.


(c) Ragubhir Singh. Benares, 1985


Estoy hablando de Ragubhir Singh que fusionó en su trabajo,  la rica tradición reciente de la fotografía documental occidental en blanco y negro (Cartier Bresson, Garry Winogrand, William Gedney o Lee Friedlander quien era su amigo y lo visitaba a India) con la introducción del color en la vitalidad de los espacios públicos de la India.


(c) Ragubhir Singh. Srinagar

Hace unos días, tuve la suerte de ver su libro Kashmir (publicado en 1983) y me maravilló la textura cromática de sus imágenes, casi siempre buscando hacer instantáneas en las últimas horas del día.


(c) Ragubhir Singh. Dal Lake, Srinagar

Y en donde predomina mucho el contraste y tienen una estética un tanto oscuras que me hace acordar a las fotografías de Navia de su libro Pisadas Sonámbulas. Una de las razones de todo ello radica en la película que usaba: Kodachrome 25 . Y el fotógrafo tenía que ser muy preciso técnicamente para que no se subexpongan en demasía sus imágenes. Para ello, utilizaba diafragmas muy pequeños pero alargaba los tiempos de exposición para compensar la poca sensibilidad ISO que tenía.  Lo demás era su talento compositivo.


(c) Ragubhir Singh. Srinagar, 1979


hasta pronto!


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lunes, 25 de septiembre de 2017

El color no es sólo una cuestión estética

En una oportunidad, cuando aún era un chaval, me encontré con la portada de un disco de Steely Dan que me llamó mucho la atención por lo surrealista que era y, por supuesto, por esos trazos de color rojo que me transmitían transgresión, ruptura. Algo de todo ello era, este fabuloso dúo de músicos de jazz rock,  a finales de los años ´70 del siglo pasado.


Disco que apareció por primera vez en 1978


El autor de esa obra casi pictórica no era otro que el fotógrafo Pete Turner, otro gran pionero del uso del color en la fotografía que, además de realizar “arte” en las tapas de los vinilos, publicaba sus imágenes, por ejemplo, en National Geographic.
Los ’70 fueron un punto de inflexión  para la irrupción del color en galerías, museos y edición de libros. En Europa, Harry Gruyaert, revolucionaba el purista mundo de la fotografía documental con su TV Shots. En USA, aparecía con fuerza, un grupo de fotógrafos (Joel Sternfeld, Sthepen Shore, Joel Meyerowitz, William Eggleston, Robert Walker, entre otros) agrupados bajo la denominación de New American Color Photography. Y Pete Turner se alió con Ernst Haas y Jay Maisel para crear The Space Gallery, en pleno corazón de Nueva York, y así promover la fotografía en color como una forma de arte.


(c) Pete Turner. Time Square, Nueva York, 1958

Al igual que Haas y Maisel, Turner exploró el uso del color hasta límites insospechados. En las décadas precedentes a los ’70, ideó maneras de manipular la tonalidad y saturación (a través de usos de filtros in situ) para crear una nueva dirección no sólo estética en el uso de colores primarios.


(c) Pete Turner. Texas 1974

“Nadie estaba usando fotos de color primario – señaló a la prestigiosa revista de fotografía PDN –Y la jirafa (realizada en 1964) es una combinación de magenta y rojo, una imagen muy poderosa que manipulaba el color mucho más allá de lo que pensaban los fotógrafos de color de esos momentos”. El Metropolitan Museum of Art adquirió esta fotografía en 1967. 


(c) Pete Turner. La Jirafa, 1964

Desde un principio, Turner tenía claro que el color no iba a ser usado sólo como algo únicamente estético. “Tiene que haber algo más  que color – señalaba a Nikon – tiene que haber contenido, pero el contenido es a menudo difícil de encontrar cuando se trabaja con colores altamente gráficos y diseño audaz”
“El color puede conducirte por un montón de caminos difíciles y puede estropear las composiciones porque tu ojo se desdibujará en el área de color como un imán, y eso no es bueno para la composición”.

(c) Pete Turner. Orange Wall and Wave, 2001 de su serie Walls of life


Hasta pronto!

Nota: Esta nota es mi pequeño homenaje a Turner que, hace unos días, con 83 años nos dejó un poco más solos en este mundo. 



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miércoles, 10 de mayo de 2017

La belleza de la banalidad


En el post publicado el pasado lunes , hablaba de la inspiración que grandes fotógrafos coloristas de los años ’50 como Ernst Haas, Saúl Leiter y otros, encontraron en el expresionismo abstracto. Y, de alguna manera, los polisémicos cromatismos de sus imágenes transformaron la cotidianeidad en escenas extraordinarias. Allí gestaron “una pequeña revolución” y crearon una tendencia muy fuerte, hasta el día de hoy, en la fotografía de calle contemporánea.


(c) Saúl Leiter

 De la misma manera, la generación de fotógrafos a color de los años ’’70,  liderados por la American New Color y principalmente por Harry Gruyaert,  sintieron una gran curiosidad por la estética que les brindaba el arte pop. De este modo, reaccionaron contra el lenguaje del expresionismo abstracto. “Otra pequeña revolución” con una fuerte tendencia en la actualidad.


(c) William Eggleston. 1971

“Descubrir el arte pop fue muy importante para mi. Era completamente nuevo, y me hizo mirar a la banalidad de una manera diferente, no diciendo <esto es de mal gusto>; pero, que hacer con ello,  aceptarlo y mirarlo con un sentido del humor” señala Gruyaert  en una nota publicada ayer por The Guardian.


(c) Harry Gruyaert

Hay algunas citas de Gruyaert en esta nota que no tienen desperdicios. En una, Gruyaert  “ataca”, por decirlo de alguna manera, a la larga tradición humanista francesa (Cartier Bresson y compañia) donde la gente es más importante que el entorno (también con una fuerte tendencia en la actualidad) para poder crear otro discurso visual con sus fotografías.


(c) Harry Gruyaert

 “La admiré, pero nunca estuve vinculado a ella”- señala el fotógrafo belga. "Yo estaba mucho más interesado en todos los elementos del entorno: la decoración, la luz, los coches. Los detalles son tan importantes como los seres humanos. Esa es una actitud totalmente diferente”.


(c) Harry Gruyaert


Hasta pronto!



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lunes, 13 de febrero de 2017

La fotografía es cosa de automóviles


De alguna manera, con un desfasaje de pocos años, la irrupción de las cámaras de 35 mm. (livianas, discretas) coincidió con la aparición generalizada de los autos por los calles de cualquier ciudad. De esa manera, los automóviles se convirtieron en iconos urbanos por excelencia y, desde la perspectiva que ofrece el tiempo,  se revaloriza su inclusión como documento de época.
Uno de los primeros fotógrafos documentales que entendió su importancia fue Walker Evans.
Los utilizaba como fondos en sus composiciones,


New York 1929 (c) Walker Evans

 o inclusive los retrataba para entender su evolución en un país en una grave crisis como la Estados Unidos de los años '30.

1936 (c) Walker Evans

o como señal de distinción social


1932 (c) Walker Evans

Los autos, con el tiempo, se convirtieron, para algunos fotógrafos,  en herramientas necesarias para hacer realidad ese sueño del “viaje iniciático”. El “ir en auto por la ruta” fue el salvo conducto inspirador para fotógrafos como Robert Frank, Bernard Plossu, Joel Meyerowitz o Lee Friedlander;  y así dar dar rienda suelta a la fotografía de carretera.

1955 (c) Robert Frank

Mucho tuvo que ver en todo esto, la irrupción de star systems de Hollywood como, por ejemplo, James Dean 0 escritores díscolos como los beatniks que estimularon en el imaginario colectivo la noción del viaje en auto como una temática a explorar con una cámara.


Grecia 1967 (c) Joel Meyerowitz


Películas de alcance global como Easy Rider, Bonnie y Clide o, más adelante,  Paris Texas, ayudaron a catapultar como discurso visual al auto en viaje con fotógrafos.


ruta 66 USA (c) Bernard Plossu

“Acabo de poner los coches en el mundo, en lugar de un pedestal” comentaba Friedlander en 1964,  luego de recorrer todo Estados Unidos en automóvil.


1964 USA (c) Lee Friedlander

Para él era más interesante, retratarlos en espacios de tránsito, junto a tiendas baratas y de comida chatarra que en lugares seductores.


Detroir 1963 (c) Lee Friedlander

Por otro lado, la presencia de los automóviles para Garry Winogrand siempre encierra una atmósfera de una gran carga psicológica.


Houston 1964 (c) Garry Winogrand

Y de su ausencia también.


Alburquerque 1957 (c) Garry Winogrand


Luego, en los ’70 del siglo pasado, el automóvil tomó color a través del ojo de William Eggleston  que lo elevó a la categoría de identidad, como es el caso de la americana.


Mississippi 1970 (c) William Eggleston


Algo que también logró darle Raghubir Singh al Ambassador en la cultura india. 


Uttar Pradesh, India 1977 (c) Raghubir Singh

Como ven, los caminos de la fotografías se cruzan permanentemente con el automóvil. Por eso, es más fácil hablar de algún fotógrafo clásico que todo lo que se hizo que daría para una colección de libros.
 En este sentido, me gustaría nombrar por último a Harry Gruyaert. Para quien los automóviles siempre funcionaron como un elemento más en sus imágenes cinematográficas, con una luz especial y color.

(c) Harry Gruyaert

El sábado pasado se inauguró una expo de Gruyaert en Amberes titulada: It’s not about cars (No se trata de coches) y para los que gusten de sus fotografías pueden hacerse de un catálogo de esta expo que bien vale la pena. ahhh...y firmados por el autor...quedan pocos ejemplares....

(c) Harry Gruyaert
Hasta pronto!




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miércoles, 20 de abril de 2016

Ilustre desconocido de carteles carreteros


El fotógrafo Toon Michiels no pertenecía al movimiento que se hizo llamar: New American Color que revolucionó la fotografía a color documental. Tampoco ha tenido el reconocimiento de algunos de sus miembros como  Joel Sternfeld, Stephen Shore o William Eggleston.  A pesar de ello, a todos los unía el amor por las carreteras americanas y su entorno;  especialmente por los peculiares carteles, neones  de gasolineras y hoteles que de tanto fotografiarlos en los  ’70 del siglo pasado,  se han convertido en una especie de símbolo de la cultura de Estados Unidos de aquellos convulsionados años.


© Joel Sternfeld


© Stephen Shore


© William Eggleston

Sin embargo, el trabajo de Toon Michiels tiene un punto diferencial al de sus afamados compañeros americanos. Michiels, durante sus  viajes por las rutas de los Estados Unidos, se quedó maravillado con los carteles tanto de día como de noche. Entonces decidió fotografiarlos sistemáticamente y armó una serie de dípticos.


© Toon Michiels

© Toon Michiels


Ese trabajo titulado: American Neon Signs by Day & Nightfue publicado de una manera muy artesanal en 1980 por una pequeña editorial holandesa y pasó inadvertido para el gran público.


Páginas de la primera edición publicado por Rosbeek 1980

Páginas de la primera edición publicado por Rosbeek 1980 


Y como siempre pasa, luego que falleció (el año pasado) revalorizaron su trabajo: la prestigiosa editorial francesa Marval reeditó el trabajo; se le hizo una retrospectiva en los Encuentro de Arles de ese año y actualmente está en exposición en el Fotomuseum de Amsterdam.

Hasta pronto!



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lunes, 11 de abril de 2016

Paisajes cinematográficos de imaginación

Dicen los que saben que el paso inmediato a la fotografía urbana, es la fotografía de carretera (algo así como un road movie). Aquella que te lleva por los confines de la imaginación a través de un camión, un auto, un barco o un tren.
Así aprendí a valorar este tipo de fotografía desde Robert Frank en adelante, pasando por Lee Friedlander, la American New Color;  y desembocando en Plossu, en Navia junto con los más contemporáneos como Trent Parke y su Minutes to Midnight  o Mike Brodie. Por citar algunos ilustres nombres del nomadismo fotográfico.
El buen fotógrafo de carretera examina en profundidad la periferia, esos espacios intermedios que sugieren más que mostrar; que encuentran más lugares vacíos de gente pero que están llenos de ausencias contenidas.
Hace unos años, paseando por una librería de Barcelona, me cautivó una fotografía que aparecía en la tapa de un libro de Raymond Carver.




Y al averiguar la autoría de esa hooperiana imagen, descubrí que era de Todd Hido. Y comencé a seguir tu trabajo.


de su libro Excerpts from Silver Meadows (2014) © Todd Hido

En esa línea parece dirigirse desde hace un tiempo, el trabajo de este americano nacido hace 48 años en Ohio. Me gusta y mucho su fotografía de carretera en donde transforma los paisajes en escenas muy cinematográfica,  llenas de imaginación y sugerencia.


de su libro Excerpts from Silver Meadows (2014) © Todd Hido

Con frecuencia, sus fotografías tienen  de marco su propio auto,  en sus continuos viajes por California, su lugar de residencia. A Hido le gustan los suburbios, las estaciones gasolineras, las casas aisladas y por supuesto los paisajes de carretera.


© Todd Hido

de su libro A Road Divided © Todd Hido

Otro fotógrafo que me interesa y que va por este camino es el japonés Koji Onaka al que conocí a través de una entrevista que le hizo la gente de ASX hace un tiempo.


de su libro Twin Boat (2013) © Koji Onaka 

“Los suburbios no cambian al mismo ritmo de las ciudades – señala Onaka – Algunos de los lugares que visité hace 20 años se verá de la misma manera hoy en día. No estoy interesado en las multitudes, por lo que es más propicio a mis hábitos de trabajo que se encuentran en las afueras”


de su libro Twin Boat (2013) © Koji Onaka 

Onaka viaja constantemente por su país y sus escenas me cautivan también por lo cinematográficas que son y por su melancólica mirada muy auto referencial como la fotografía de Hido.


de su libro Slow Boat (2003) © Koji Onaka 

de su libro Twin Boat (2013) © Koji Onaka 

La carretera lleva al auto conocimiento, al viaje interior y por allí, como dicen los entendidos, van los caminos de la fotografía urbana.
Hasta pronto!



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miércoles, 16 de marzo de 2016

Intentar algo nuevo

La verdad es que estoy muy cansado de esa fotografía humorística efectivista, que envejece rápido, y es de corto aliento. Ya me canso otro poco con sólo escribirlo…pero básicamente, desde hace mucho que me quiero desmarcar de estas imágenes  que juegan con la bidimensionalidad de la fotografía para recrear ciertos juegos ilusorios del absurdo que de tanto repetirse terminan haciendo poco creíble el futuro de la fotografía urbana.
Mi interés está más centrado en esa fotografía de calle que intente dirigirse hacia proyectos que hagan ruptura en la búsqueda de nuevos elementos formales de lo visual y que, a su vez, documenten ciertas cualidades del entorno que el fotógrafo percibe con su cámara. Es un camino más difícil pero que vale la pena por lo menos intentarlo y salir de “ese ruido llamado street”.
Veamos algunos ejemplos de “los clásicos” que sirven de argumento a todo lo que dije.


1976 © Joel Meyerowitz

Los fotógrafos del llamado “American New Color” (entre ellos, Joel Meyerowitz,  Stephen Shore, William Eggleston) supieron encontrar elementos formales visuales en la obra de pintores realistas como Edward Hopper y también para hablar de la incomunicación, la soledad en la vida contemporánea en las grandes ciudades.


© Cristobal Hara


Cristobal  Hara se apoya en la riqueza de la pintura española (Goya, Velásquez) para romper con ciertas formas visuales y a su vez, crear con sus imágenes el  imaginario de una España profunda,  alejada de los estereotipos.


© Harry Gruyaert

Harry Gruyaert hace algo parecido y se apoya en los escenarios surreales de la pintura de René Magritte que despertaron ciertas inclinaciones por buscar escenas como suspendidas en el tiempo y reinterpretar la apariencia / realidad.


© Trent Parke

O Trent Parke que se vió influenciado por la música triste, melodramática de bandas como Nine Nails o Radiohead para transmitir imágenes de tono “oscuro”. O,   como si se trataran de “visiones lúgubres" ,  para reinterpretar (de forma sugerente o poética),  el entorno de desigualdades e injusticias de su país natal:  Australia.  Así nació Minutes to Midnight, un libro que, en unos años, se recordará como el nuevo "los americanos de Robert Frank" del siglo XXI.


Hasta pronto!



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