Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.
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miércoles, 8 de noviembre de 2017
Una paleta vibrante
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miércoles, 4 de enero de 2012
Cachemira,en la mira de los grandes fotógrafos
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| 1948 © Henri Cartier Bresson |
La primera vez que escuché
la palabra Kashmir fue por la famosa canción de Led Zeppelin y me
acompañó durante toda mi adolescencia. Resultó tan vital todo ello que se convirtió en
mi grito de libertad. Corría el año 1979 y a través de la censura de la dictadura argentina, se
colaban estas grandes canciones, estos grandes imaginarios auditivos.
Siempre me gustó Cachemira (India). Siempre me pareció un lugar mágico, inalcanzable hasta que tuve la
suerte de visitar esa región en 1999. Y la verdad es que no me defraudó. Viví tres meses en una casa bote en el misterioso lago Dal de la
antigua Srinagar, capital de este estado siempre conflictivo para India.
Y junto a esa hermosa
canción, también conocí la primera imagen que
me ayudó a construir ese imaginario que luego pude ver con mis propios ojos.
Por eso hoy quiero jugar
un poco con ese imaginario construyendo mi pequeño rompecabezas visual de
Cachemira a través de algunos importantes fotógrafos que la visitaron después del ilustre fotógrafo francés.
Mientras vivía en
Srinagar, encontré en una vieja librería, un libro de pequeñas dimensiones con
grandes imágenes de Kashmir realizadas por otro ilustre y bastante desconocido
hoy en día, fotógrafo japonés Shinya Fujiwara.
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| © Sinhya Fujiwara |
El libro contiene un centenar de
imágenes captadas a principios de los 70 del siglo pasado. Un imperdible y bastante
difícil de conseguir actualmente.
El ejemplar también contiene grandes imágenes sobre una región que permanece casi inalterada a lo largo de la historia y que fue visitada en la antigüedad por
grandes viajeros como Alejandro Magno o Marco Polo.
| © Raghubir Singh |
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| 1983 © Raghubir Singh |
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| 1983 © Raghubir Singh |
Desde que India logró su independencia en 1947, Cachemira fue un constante problema político debido a las ansias separatistas de la mayoría de su población y los reclamos de grupos radicales tanto de India como de Pakistán. Sufrieron varias guerras internas y los conflictos regionales nunca dejaron de asolar a su gente. Debido a la última guerra en Kargill (1999), National Geographic publicó en sus páginas varias imágenes de
Steve McCurry que con el tiempo, se convirtieron en verdaderos iconos
visuales de la región.
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| © Steve McCurry |
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| © Steve McCurry |
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| © Steve McCurry |
Espero que hayan disfrutado de este recorrido visual. Un abrazo y hasta el viernes!!
lunes, 1 de agosto de 2011
Intrépidas aventuras de un fotógrafo por el Himalaya en el siglo XIX
Ahora es relativamente
sencillo ir a los alrededores de las grandes cadenas montañosas como el
Himalaya. Uno puede alojarse cómodamente en un hotel a unos 3.000 metros de
altura en Nepal sin siquiera haber caminado. Los aviones y los transportes
terrestres hacen el resto.
Pero en 1863, todo ello
era propio de una alucinación de algún escritor de ciencia ficción. Y si a eso
se le sumaba que un banquero inglés devenido a fotógrafo se embarcara a la
India con pesadas cámaras y cientos de planchas de cristal para irse al
Himalaya; todo ello era considerado casi una viaje demencial.
Esa inusual aventura fue protagonizada por Samuel Bourne que durante 3 años estuvo viajando por el Himalaya indio y llegó
a realizar fotografías a 5.000 metros de altura con planchas húmedas con
colodión que se utilizaba como material
de recubrimiento para aglutinar compuestos sensibles a la luz. Y que debían ser
expuestas y reveladas cuando todavía estaban húmedas y para ello se necesitaba
un cuarto oscuro ambulante. En otras palabras, Bourne viajó con decenas de animales
de carga y porteadores por lugares casi inexplorados por los occidentales. Y , en esas condiciones, realizó más de 2.000 imágenes.
Algo de esas imágenes se puede ver en un interesante
libro editado y compilado por Hugh Rayner. Las fotografías corresponden a paisajes montañosos encontrados durante sus estancias en la Cachemira india y pakistaní y también por la zona alta de West Bengala en los alrededores de Darjeling. Pero lo que más me llama la atención es la vitalidad que transmiten esas imágenes realizadas con tan imprácticos materiales hace casi 150 años.
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| Valle Lahaul - Kashmir |
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| Paso de Manirang |
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| Darjeling - West Bengala |
El intrépido viajero y fotógrafo pasó alrededor de 7 años en India y a través de sus imágenes reflejó una gran parte de la vida india durante el dominio de la corona británcia. Algo de todo ello fueron recopilados en otro interesante libro publicado en Alemania en el 2002.
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viernes, 25 de febrero de 2011
Una tarde con una familia de artesanos en Srinagar
“Pobre este pueblo normal y apacible
atrapado entre la pared rocosa de India
y la aridez de Pakistán”
Salman Rushdie. Escritor indio
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| Lago Dal - Srinagar - Cachemira |
Mientras preparan un delicioso té kashmirí, Alí, padre de seis hijos, me cuenta que esta finísima familia de artesanos pertenece a un linaje familiar que se remonta a 10 generaciones atrás dedicadas a esta exclusiva actividad de tejer con lana, pashmina y shahtoosh en el valle de Cachemira.
Entretanto su esposa, un tanto tímida pero con un dejo natural de orgullo, me muestra los diferentes dibujos que confeccionaron para ilustrar las alfombras. “Las técnicas de bordado, el material (en general lanas de diversas texturas) son exclusividad de Cachemira. Es mentira que sean originarias de Persia. Te lo dice alguien que sabe” señala altivo Alí.
“En la actualidad sólo confeccionamos alfombras a pedido para clientes de Japón, EEUU y varios países europeos –prosigue Alí – porque no tenemos tantos clientes como antes debido a la inestabilidad política y los conflictos”.
Muchos siglos atrás los conquistadores musulmanes explotaron las riquezas lanares del valle y sentaron las bases de la confección de las famosas alfombras, codiciadas en todo el mundo.
Los seis hijos de la pareja desde pequeños se familiarizaron con el arte del tejer. Algunos como los varones salen todas las mañanas en sus shikaras a vender sus productos y, en muchos casos, los resultado no son los soñados. Cachemira no es aún una plaza muy segura para el turismo convencional. Los conflictos y la tensión se suceden invariables por toda la región desde la separación de Pakistán e India en 1947.
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| Artesanos - Srinagar - Cachemira |
Mientras Alí muestra sus shawls ("chal" en castellano), todos diferentes, de distintos colores; el narrador queda absorto ante tanta belleza y imagina como luciría sobre los hombros de cualquier mujer del mundo occidental.
Para confeccionarlo tardan como mínimo un mes (seis horas de trabajo diario) y, para los bordados más complejos, hasta seis meses.
Una de sus hijas explica que, en general, primero se confecciona el shawl con 100% de lana de oveja de la región, luego sobre su superficie se dibujan las clásicas flores (inspiradas en las plantas que adornan en verano kilómetros de superficie acuática con increíbles colores por todo el lago) y con hilos de seda luego se borda y se termina la pieza.
Existen distintos tipos de shawls:
- zozni (en lengua cachemirí) que consiste en bordados de flores de cuatro o cinco colores en ambos extremos de un solo lado. También están los bordados que aparecen a ambos lados de la tela y se llaman “jamawar”.
Luego aparecen los "paper maché", otra exclusividad de Cachemira. La técnica consiste en calcar las flores con un delicado papel y se le incrustan finísimos hilos brillantes y con mucha textura.
Otros están confeccionados con flores concéntricas y se llaman “ari”. Los hombres, en general, son los que realizan estos trabajos.
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| Diseño de Papier Maché - Srinagar - Cachemira |
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| Diseño de Papier Maché - Srinagar - Cachemira |
Alí, deja reservado para lo último la frutilla del postre: los legendarios "ring shawls" y aclara que no está en venta ya que es ilegal porque la preciada lana se encuentra en zona de litigio, al norte de Srinagar, ocupada hoy por Pakistán llamada POK (Pakistan Ocupattion Kashmir). La lana en cuestión es el shahtoosh que proviene de un raro antílope que vive en las alturas himaláyicas. Aún así el cliente lo puede comprar pero sus precios son altísimos.
Si es así, el comprador debe tomar muchos recaudos al sacar dicho material del país ya que si las autoridades indias detectan el “ring shawl” en su poder puede tener condenas de un mes a un año de prisión efectiva en el país.
Nota: las imágenes de este post pertenecen al libro Kashmir del fotógrafo japonés Shinya Fujiwara, poco conocido en Occidente. Lo interesante de todo ello, es que este libro (actualmente agotado) me lo obsequió esta familia que el fotógrafo conoció en 1972. Hasta pronto!!
jueves, 18 de marzo de 2010
Fotografías que inspiran
Cuando Paco Elvira mencionó en la primera edición de Caja Azul que sus viajes a Irlanda se inspiraron en algunos libros leídos durante su infancia, muchos de los que estábamos allí presentes coincidimos, me supongo, con la visión de Paco.
En mi caso, los libros de Emilio Salgari me despertaron la curiosidad por viajar a la India. También Julio Verne con su Capitán de quince años.
Durante mi adolescencia, iba algún domingo de verano con mi familia, a visitar a unos parientes que vivían en un campo al sur de la provincia de Buenos Aires. Y mientras los mayores conversaban y tomaban unos mates, yo me iba a hurgar a un viejo galpón que estaba repleto de revistas antiguas como Time, Selecciones de Reader Digest, Paris Match. Y me preguntaba: ¿como habían llegado allí, en el medio de la nada?.
Así que durante esas tranquilas tardecitas de campo descubrí la famosa fotografía de Henri Cartier Bresson sobre Cachemira que está aquí abajo y me dije a mi mismo: "allí quiero ir" . Muchos años después, en 1999 viajé a esa región, en un momento no recomendable para ir. Había terminado otra nueva guerra en Kargil y era peligroso. Pero yo fuí igual, de testarudo que soy. Durante mi estancia allí nació el siguiente relato.
Por temor o prevención, quien viaja no volvió al bar al día siguiente. Ni durante toda la semana. No se sorprendió además encontrar tiempo después el bar cerrado. Imaginó por imaginar que el refugio de los militantes separatistas habría cambiado de lugar y abriría sus puertas en otro sitio de esta misteriosa ciudad de Cachemira . Y quizás sin el ruso.
En mi caso, los libros de Emilio Salgari me despertaron la curiosidad por viajar a la India. También Julio Verne con su Capitán de quince años.
Durante mi adolescencia, iba algún domingo de verano con mi familia, a visitar a unos parientes que vivían en un campo al sur de la provincia de Buenos Aires. Y mientras los mayores conversaban y tomaban unos mates, yo me iba a hurgar a un viejo galpón que estaba repleto de revistas antiguas como Time, Selecciones de Reader Digest, Paris Match. Y me preguntaba: ¿como habían llegado allí, en el medio de la nada?.
Así que durante esas tranquilas tardecitas de campo descubrí la famosa fotografía de Henri Cartier Bresson sobre Cachemira que está aquí abajo y me dije a mi mismo: "allí quiero ir" . Muchos años después, en 1999 viajé a esa región, en un momento no recomendable para ir. Había terminado otra nueva guerra en Kargil y era peligroso. Pero yo fuí igual, de testarudo que soy. Durante mi estancia allí nació el siguiente relato.
© Henri Cartier Bresson
El Bar del ruso Munner
No sabía que era ruso cuando lo vio por primera vez sentado junto a una improvisada cocina instalada en la calle. Lo supuso así por su gorro negro típico de los hombres de la Siberia. Su figura imponente merecía respeto al igual que la olla donde fritaba samosas, unas especies de empanadillas rebosantes de verduras y picantes.
Se deleitaba observando como preparaba aquellas “empanadas” que de vez en cuando iban a parar a su boca. De naturaleza bizca confundía a los parroquianos que no acertaban nunca a quien observaba: si a ellos o a sus humeantes vegetales.
Quien viaja habituaba llegar cerca del mediodía y se sentaba siempre al fondo del angosto bar. Los lugareños, musulmanes de atuendos pobres, se acostumbraron pronto a verlo. Hasta usaba un poncho típico de la zona prestado por su guía para llamar menos la atención. El ambiente de dureza que se respiraba allí extrañamente lo alegraba, lo transportaba a la antigüedad. Mientras el ruso Munner (así lo llamaban) seguía con su ritual cotidiano.
En una oportunidad quien viaja se enteró que habían matado a dos personas cerca del puente antiguo donde cruzan las heladas aguas del río Jelhum.
Nadie sabía quien era el autor o los autores de esa masacre. Pero a partir de ese episodio todo cambió en el bar. El ruso casi no hablaba ya mirada de los parroquianos se hizo mezquina, escurridiza, hostil para con el extranjero. Hablaban bajo. Las cosas parecían no andar bien en Srinagar.
Tampoco le llamó la atención cuando un día un joven musulmán discutió con el ruso y se fue a los gritos hacia la calle. En la esquina dos personas parecían estar esperándolo. Entrecruzaron algunas palabras, algunos forcejeos y el joven escapó en dirección al puente. Al intentar cruzarlo unos soldados lo sorprendieron. Se resistió, perdió el equilibrio y cayó al suelo. Allí lo patearon como a un animal ante la mirada indiferente de todos los que pasaban por allí.
Cinco minutos después lo vino a buscar un jeep militar y desaparecieron. Al rato todo pareció volver a la normalidad. “No problem, my friend ” le dijo paternalista el ruso al tiempo que le ofrecía una samosa recién fritada.
Ningún diario ni local o nacional hizo eco del hecho al día siguiente. Sólo un periodista de una emisora radial local informó sobre el extraño incidente. Y agregó que aquel joven había muerto durante el enfrentamiento y que la policía estaba investigando el asunto ya que supuestamente pertenece a una célula terrorista pro paquistaní llamada Frente de Liberación Islámica. El Bar del ruso Munner
No sabía que era ruso cuando lo vio por primera vez sentado junto a una improvisada cocina instalada en la calle. Lo supuso así por su gorro negro típico de los hombres de la Siberia. Su figura imponente merecía respeto al igual que la olla donde fritaba samosas, unas especies de empanadillas rebosantes de verduras y picantes.
Se deleitaba observando como preparaba aquellas “empanadas” que de vez en cuando iban a parar a su boca. De naturaleza bizca confundía a los parroquianos que no acertaban nunca a quien observaba: si a ellos o a sus humeantes vegetales.
Quien viaja habituaba llegar cerca del mediodía y se sentaba siempre al fondo del angosto bar. Los lugareños, musulmanes de atuendos pobres, se acostumbraron pronto a verlo. Hasta usaba un poncho típico de la zona prestado por su guía para llamar menos la atención. El ambiente de dureza que se respiraba allí extrañamente lo alegraba, lo transportaba a la antigüedad. Mientras el ruso Munner (así lo llamaban) seguía con su ritual cotidiano.
En una oportunidad quien viaja se enteró que habían matado a dos personas cerca del puente antiguo donde cruzan las heladas aguas del río Jelhum.
Nadie sabía quien era el autor o los autores de esa masacre. Pero a partir de ese episodio todo cambió en el bar. El ruso casi no hablaba ya mirada de los parroquianos se hizo mezquina, escurridiza, hostil para con el extranjero. Hablaban bajo. Las cosas parecían no andar bien en Srinagar.
Tampoco le llamó la atención cuando un día un joven musulmán discutió con el ruso y se fue a los gritos hacia la calle. En la esquina dos personas parecían estar esperándolo. Entrecruzaron algunas palabras, algunos forcejeos y el joven escapó en dirección al puente. Al intentar cruzarlo unos soldados lo sorprendieron. Se resistió, perdió el equilibrio y cayó al suelo. Allí lo patearon como a un animal ante la mirada indiferente de todos los que pasaban por allí.
Cinco minutos después lo vino a buscar un jeep militar y desaparecieron. Al rato todo pareció volver a la normalidad. “No problem, my friend ” le dijo paternalista el ruso al tiempo que le ofrecía una samosa recién fritada.
Por temor o prevención, quien viaja no volvió al bar al día siguiente. Ni durante toda la semana. No se sorprendió además encontrar tiempo después el bar cerrado. Imaginó por imaginar que el refugio de los militantes separatistas habría cambiado de lugar y abriría sus puertas en otro sitio de esta misteriosa ciudad de Cachemira . Y quizás sin el ruso.
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