Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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lunes, 14 de mayo de 2018

La fragilidad del vagabundeo



Es una calle larga y silenciosa. / Ando en tinieblas y tropiezo y caigo / y me levanto y piso con pies ciegos / las piedras mudas y las hojas secas..
Octavio Paz 


Cuando hablamos de la tan mentada “buena composición” en fotografía de calle: hablamos de cómo rellenar con criterio el encuadre con objetos de interés; qué incluimos, qué excluimos; hablamos de "leer" a los grandes fotógrafos;  y también que nuestra mente es la mejor cámara y lo que tenemos representado allí, de alguna manera “sale” en nuestras imágenes. Pero casi nunca, hablamos del vagabundear por las calles, un requisito tan poco tolerado en nuestras sociedades contemporáneas como el silencio: y que se contrapone a las exigencias del rendimiento, de la urgencia y de la disponibilidad en el trabajo.


(c) Sara Terry. Bosnia, 2002

En ese contexto de cosas, el vagabundeo por las calles es tan necesario en la composición como el aire para los pulmones. Es un complemento indispensable para reflexionar lejos de las urgencias, para intentar resolver los frágiles problemas visuales que diariamente nos encontramos en los espacios públicos.


(c) Alex Webb. Madrid, 1992

 “Sólo sé como acercarse a un lugar caminando. Qué hace un fotógrafo, sino caminar y observar y esperar y hablar; y luego observar y esperar un poco más, tratando de mantener la confianza de que lo inesperado, lo desconocido, o el corazón secreto de lo conocido espera a la vuelta de la esquina” señala Alex Webb.
Además,  el caminar “en modo vagabundeo” implica posicionarte de diversas maneras, de explorar un sinnúmero de nuevas perspectivas; que ayudados por la luz pueden revitalizar ,con nuevos aires, la cotidianidad de tu entorno. Y eso ya es una aventura maravillosa cada día.


(c) Lee Friedlander. Baltimore, 1968

En ese sentido, Garry Winogrand nunca dejaba de repetir en sus charlas que “si veía algo a través de mi visor que me resultaba familiar, hacía algo para cambiarlo” y eso tenía que ver con la ayuda reflexiva del vagabundeo y el cambio continuo de perspectivas de composición.
“Mi intención – comenta David Le Breton en Elogio delcaminar- es más bien hablar acerca de ese caminar consentido que se hace con placer en el corazón, ese que invita al encuentro, a la conversación, al disfrute del tiempo, a la libertad de detenerse o de continuar el camino. Una invitación al placer y no quía para hacer las cosas correctamente. El goce tranquilo de pensar y de caminar”.


(c) Garry Winogrand. Nueva York, 1962


 Hasta pronto!


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miércoles, 4 de abril de 2018

Cuando las abstracciones arman un mundo


Cuenta la leyenda que mientras Ernst Haas trabajaba en un peculiar film de imágenes abstractas para ser exhibido a través de dos proyectores, lo sorprendió la muerte en 1986. El fotógrafo austríaco sabía que ese trabajo era la gran culminación de su vida dedicada a la fotografía a color.


(c) Ernst Haas. NY 1952
(c) Ernst Haas. USA, 1970


Haas como otros fotógrafos coloristas de la misma generación (Leiter, Cornelius, Herzog, Erwin Fieger, entre otros) abrazó el expresionismo abstracto como una forma de percibir el entorno público. 
En ese contexto de cosas, Haas fue el que más brilló: fue el primer fotógrafo a color que expuso de forma individual en el MOMA en 1962;  y fue el primer fotógrafo colorista de Magnum,  en una época en donde el color en la fotografía documental no estaba formalizad0 visualmente.


(c) Ernst Haas. NY 1974


Steidl  en los últimos años reivindica la figura de este gran fotógrafo austríaco con la publicación de Color Correction (2011) y en especial: Abstrakt. En este último libro (que verá la luz en junio de este año) se podrá visualizar una colección importante de imágenes que iban a ser proyectadas en ese peculiar film de Haas que su muerte lo impidió.
Hasta pronto!



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lunes, 4 de diciembre de 2017

Desconocido entre conocidos



Nueva York probablemente sea la ciudad sobre la que más libros de fotografía de autor se hayan realizado. Este dato lo corrobora, una exposición que se realizó hace poco el Centro José Guerrero sobre este fenómeno editorial y Nueva York. El centro además publicó un catálogo que cuenta con información sobre 48 libros editados entre 1931 y 2002 por 50 fotógrafos. Seguro que hay más, ya que en los últimos años, debido al auge del fotolibro contemporáneo.


Catálogo de la expo


En ese contexto de cosas, me gustaría destacar en este post,  el Nueva York de un fotógrafo que pasa muy desapercibido para las nuevas generaciones pero que vale la pena conocer por las pocos fotografías que encontré en la web: me refiero a Arno Fischer.


(c) Arno Fischer. Nueva York 1978


Este fotógrafo alemán que era el “ojo de Berlín” antes que se construyera el muro y dejara por completo hacer fotografías de calle sobre su ciudad; tubo la suerte de viajar a Nueva York y un libro publicado en 1988,  atestigua su paso por la gran manzana.


(c) Arno Fischer. Nueva York, 1984

De Fischer me llama mucho la atención su forma de componer instantáneas callejeras de gran potencia visual y con composiciones arriesgadas en planos, uso de diagonales,  triángulos que dinamizan la imagen y momentos intersticiales. 
Si nos damos una vuelta por sus fotografías realizadas en Berlín, se pueden encontrar muchas joyas.


(c) Arno Fischer. Berlín, 1957 de su libro Situation Berlin



“En mi trabajo, estoy particularmente interesado en las relaciones que las personas tienen entre sí – señala en una entrevista en The Guardian – En esta fotografía, me gusta la composición, la forma en que los dos hombres se llamaban entre sí. No sabía quiénes era. No pregunté. En aquel entonces, nunca pedía permiso a nadie antes de tomar alguna instantánea. Probablemente ni siquiera se dieron cuenta”.


(c) Arno Fischer. Berlin.

(c) Arno Fischer. Berlin

Hasta pronto!


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lunes, 20 de noviembre de 2017

Ritmos intersticiales de color


Siempre me cautivó como algunos fotógrafo logran, a través de la repetición cromática, un ritmo visual inigualable que se percibe como una sucesión de impulsos dinámicos que “al romperse”, se produce un contrapunto visual de singular belleza y potencia visual.


(c) Jodi Cobb

Esos contrapuntos resultan tan decisivos como plásticos y actúan como espacios intersticiales del ritmo cromático y le otorga dinamismo a su existencia.


(c) Steve McCurry

El ritmo del color, en contraposición del ritmo de las líneas y las formas, responde a otras exigencias de la composición. El ritmo cromático puede responder a contrapuntos de colores cálidos y fríos que, aparte de brindar profundidad de campo a la escena; la convierte en un campo fértil de exploración compositiva.


(c) Jodi Cobb. Nueva York


Que se incluye y que se excluye del encuadre, siempre modificará la potencia del ritmo cromático, como si intentáramos escuchar en una improvisación de jazz, su ritmo percusivo. Y allí está su dificultad y su disfrute.


(c) Harry Gruyaert

Hasta pronto!


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lunes, 30 de octubre de 2017

Entre momentos de deriva



“Singh nos ofrece fotografías cargadas de vida: no sólo bellas experiencias o escenas dolorosas, sino también aquellos momentos de deriva que conforman la mayoría de nuestros días” comenta el crítico y también fotógrafo Teju Cole sobre la obra de Ragubhir Singh,  en una interesante nota publicada en New York Times en 2016.


(c) Ragubhir Singh. Calcutta, 1996

Esos momentos de deriva,  tan alejados del cliché fotográfico y de las fotografías “perfectas” en composición y que intentan dar un poco de luz al caos del devenir cotidiano, eran la principal materia prima del fotógrafo indio.
En ese contexto Singh, junto con la generación de los ’60 del siglo pasado liderada por Winogrand, Friedlander, Meyerowitz y otros; generaron las bases de la fotografía de calle contemporánea más proclive a esos “sugerentes” momentos de deriva que al instante decisivo pregonado por el fotoperiodismo. Allí está una de las claves del distanciamiento entre estos dos géneros fotográficos en relación al "como" pasan las cosas en el devenir diario.


(c) Ragubhir Singh. Calcutta, 1987

No es poca cosa que el Metropolitan Museum of Art (Nueva York) haya iniciado este mes una retrospectiva sobre su obra.
Las fotografías de Singh siempre me gustan en ese desorden organizado por su adiestrado “ojo” ; en donde, los elementos periféricos, los rincones y especialmente las formas cortadas en los bordes de la composición cobran protagonismo y nos sugiere toda la vida que ocurre dentro y fuera de la fotografía. Allí emerge el valor de los “momentos de deriva” que tanto me gusta encontrar en la calle.


(c) Ragubhir Singh. Bombay, 1989


“Y todo está en su lugar correcto. Se lee como un momento de verdad cortado del flujo de la vida” señala Teju Cole.
Hasta pronto!


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miércoles, 25 de octubre de 2017

La fotografía no es sólo cosa de locales


Dicen los entendidos, que nadie fotografía mejor una ciudad que un local. Yo pienso que es así en muchos aspectos; principalmente, el fotógrafo local tiene todo el tiempo a su favor y  conoce “los entretelones” íntimos de la luz, de su gente, sus vecinos porque lo vivió desde su infancia o desde hace mucho tiempo.
Sin embargo, siempre existen  excepciones a la regla y, a pesar que “los extranjeros” no tienen el tiempo a su favor como un local; han dejado una huella indeleble, distintiva en grandes ciudades en un determinado momento cronológico. Un aporte diferencial que se materializa en grandes trabajos que complementa y cualifica la mirada local de la ciudad.
Ejemplos hay unos cuantos. Pero me gustaría nombrar en primer lugar, el Londres (de fines de los ’50 del siglo pasado) de Sergio Larraín.


(c) Sergio Larraín. Londres (1958-1959)

Desde mi punto de vista, Larraín ha mostrado como nadie un Londres como salido de una novela de Sherlock Homes, siempre nebuloso, oscuro, intrigante. Y ello aporta un acento diferencial al universo visual de esta gran ciudad.


(c) Sergio Larraín. Londres (1958-1959)

Otro ejemplo, podría ser el Chicago (de la década del ’50 del siglo pasado) de Yasuhiro Ishimoto.


(c) Yasuhiro Ishimoto. Chicago, 1950

Sus fotografías con encuadres tan típicos de la New Bauhaus me transportan a una ciudad llena de aspectos surrealistas como de ensoñación elegante. Una ciudad llena de metáforas sobre la naturaleza fugaz del paso del tiempo.


(c) Yasuhiro Ishimoto. Chicago, 1959


Con la Habana (de los años ’90 del siglo pasado) de DavidAlan Harvey pude observar el rostro desnudo de una gran ciudad venida a menos.


(c) David Alan Harvey. La Habana, 1988

Ese rostro tan próximo (al que yo conocí recientemente) lo redescubrí gracias a la mirada de este gran fotógrafo americano. Pero no sólo eso, también encontré en sus fotografías la emoción de su gente, algo muy difícil de captar sino pasas mucho tiempo en ese lugar.


(c) David Alan Harvey. La Habana, 1988

Nueva York ha tenido y tiene grandes intérpretes locales. Figuras como Paul Strand, Garry Winogrand, Joel Meyerowitz y otros grandes; suben el listón muy alto como para poder hacer algo distinto en esta gran ciudad considerada por muchos como la meca de la fotografía de calle. En ese contexto, toma un gran valor documental el trabajo del fotógrafo griego Dimitri Mellos.


(c) Dimitri Mellos. Nueva York


Tiene un punto diferencial en relación a como se acerca a la gente, como los encuadra que me transmite, de una manera arrolladora, el dinamismo de la actual urbe de una manera muy personal.


(c) Dimitri Mellos. Nueva York

Hasta pronto!


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lunes, 19 de septiembre de 2016

Los espacios oblicuos


A medida que fui deambulado como un “flaneur” por distintas urbes comencé a interesarme , en una especie de tímida abstracción mental,  en espacios oblicuos. Y con el tiempo comprendí que es el principio dinámico que rige nuestra vida moderna.
¿Cómo lo comprendí? Bueno…… con curiosidad y también con la inestimable ayudita “de los amigos” de toda esa cultura visual de escuelas, pensadores, arquitectos, pintores que fueron generando este discurso iniciado de alguna manera, a principios del siglo XX con la transformación de las grandes ciudades. Y, ohh casualidad! también estaban los curiosos fotógrafos muñidos con sus pequeñas cámaras de 35 mm.
El flim Manhatta (1921) de la mano de Paul Strand nos da un pincelazo fresco y vital de Nueva York, el ejemplo capital del camino emprendido en las nuevas transformaciones urbanas de las ciudades del siglo XX.





Reflexionar sobre las diagonales como un principio dinámico de la vida moderna,  rompió con el molde renacentista de cómo pensar una ciudad.



De todo ello se alimentó Theo Van Doesburg con su contracomposición y le dio nombre y apellido a este pensamiento de la “gramática en diagonal” que conviven en la materialización de las ciudades de hoy. De ahí, su vigencia.


Nueva York, década del '60 © Garry Winogrand

“Por instinto me voy hacia las formas angulares. Me interesa más el ángulo que la curva y además veo la curva inserta en el ángulo” comentaba Pablo Palazuelo, un prestigioso pintor español que ayuda a entender, a través de sus cuadros,  la dinámica de las diagonales insertas en el mundo actual.


Pablo Palazuelo. Otoño 1952

“La diagonal, cuando la sugieren las circunstancias interiores o exteriores, es rara vez discordante. Se oculta dentro del orden o domina la composición como motivo central” señala Robert Venturi, un importante arquitecto, nacido en una gran urbe como es Philadelphia.


Philadelphia 1962 © Ray Metzker

Un paisano de esta ciudad, Ray Metzker la fotografió, justamente, a través de composiciones repletas de espacios oblicuos y diagonales. Desde mi  humilde opinión, sus fotografías mantienen una gran vitalidad ya que constituyen el principio de la vida moderna: dinámica, vital, subyugante a los criterios estéticos de las diagonales.


Philadelphia 1981© Ray Mezker

Su trabajo, en casi su totalidad, se centró en su ciudad natal y en Chicago. Un cuerpo de trabajo de más de 40 años.


Chicago 1957 © Ray Metzker

Philadelphia 1983  © Ray Metzker

Por eso no está mal, deambular por las calles con una cámara y experimentar todas las cualidades del uso de diagonales y espacios oblicuos. Puede que encontremos otra ciudad.


© Ray Metzker

Hasta pronto!





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miércoles, 17 de febrero de 2016

Dos fotógrafos urbanos unidos al color por casualidad

Los dos expresaban su mirada fotográfica a través de la estética del blanco y negro. Los dos elevaron la fotografía urbana a la categoría documental en la década del ’60 del siglo pasado. Los dos, muy jóvenes,  deambulaban por las calles de Nueva York en busca de escenas callejeras y de portfolio. Los dos fueron unos “tapados” en el uso del  color, y coquetearon con su estética en una época en la que el color estaba reservado solo para la publicidad, la moda y el viaje. Y, por lo que muestran dos libros recientes,  no lo hicieron tan mal.
Me refiero a dos grandes pioneros de este subgénero documental: Tony Ray Jones y Tod Papageorge.
Hace un par de años, la editorial Mack publicó las fotografías que hizo Ray Jones en Nueva York entre 1962 y 1963.

Nueva York © Tony Ray Jones

Nueva York © Tony Ray Jones

 El genial fotógrafo inglés recién estaba comenzando su carrera fotográfica y experimentar con el color, en su búsqueda documental por las calles neoyorquinas,  fue positivo para su evolución según su opinión y que se truncó por su muerte prematura.


Nueva York © Tony Ray Jones

El mismo caso fue el de Tod Papageorge. Un libro que publica Steidl este año, recoge sus fotografías realizadas en la Gran Manzana entre 1967 y 1968. 


Nueva York © Tod Papageorge

Nueva York © Tod Papageorge

Papageorge, con sólo 25 años y una billetera escasa, compró unos cuantos carretes de Kodakchrome se aventuró en la fotografía de calle a color y así poder presentar su trabajo en alguna agencia.


Nueva York © Tod Papageorge


Lo interesante de este trabajo es que el americano logró unas poderosas fotografías que no tenían nada que envidiarle a su trabajo en blanco y negro.


Nueva York © Tod Papageorge


Con el tiempo, Papageorge volvió al color y resultado de ello, en el 2010 la editorial Puctum publicó un pequeño pero novedoso libro (en su diseño): Opera Cittá que trata,  sobre su deambular fotográfico por Roma un año antes.





Seguramente que Ray Jones habría hecho lo mismo. Si viviera, hubiera vuelto al color.
Hasta pronto!



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lunes, 18 de enero de 2016

Meyerowitz x Meyerowitz


© Joel Meyerowitz


Nueva York, 1962.  "Los jóvenes fotógrafos siempre tienen la misma bolsa de trucos cuando comienzan a investigar en la calle. Uno de ellos, es que todo lo que observas que está enmarcado, es ya una imagen. Tienes que estar alerta a todo esto porque sino tu vocabulario no estará formado. Así que algo enmarcado invita a que pongas tu propio encuadre, y entonces tienes una fotografía".


© Joel Meyerowitz

New York, 1963. “No tengo ninguna duda de que el surrealismo de las pinturas de Magritte me hizo más consciente de la transformación y el misterio de este simple hecho”.



© Joel Meyerowitz

New York, 1963. “Fue uno de los primeros secretos de la fotografía que se me reveló,  que se podía poner extraños juntos en el encuadre y la trama puede dar un salto en el significado”.


© Joel Meyerowitz

Los Angeles, 1964. “Mientras conducía a través de los suburbios de Los Angeles, ví a esta mujer sentada en el jardín de su casa. Tenía el sueño americano: una bonita vivienda en los suburbios, un poco de espacio a su alrededor, su bebé. Sin embargo, aparece con aspecto aburrido, a la espera. La imagen tiene su propia validez. Tiene una realidad simbólica que sólo el instinto fotográfico puede descubrir”.



© Joel Meyerowitz

New York, 1975. “Los fotógrafos aprenden a aceptar los regalos que le salen al paso en la calle. La vida produce muchos más momentos locos de los que podemos concebir”.



© Joel Meyerowitz

New York, 1975. "La sola energía y la complejidad de la vida en la calle puede ser un tema para la fotografía. Hay un vestigio de Cartier Bresson en esta imagen que no podía, o no quería, renunciar. Estaba intentando llevar la fotografía más cerca de la experiencia misma, cosa que siempre es incipiente e irresoluta de un modo que antes había sido reacio a tratar".


© Joel Meyerowitz

New York, 1976. “Durante este período, trataba de hacer fotografías sin un tema central. Quería toda la información, cerca y lejos, para mantener el interés por igual; y el color pasa a ser una parte intrínseca de los contenidos. Estaba tratando de desbloquear la fotografía de la estética del momento decisivo. Una cosa difícil de renunciar”.

Fuente: Textos extraídos del libro de bolsillo Joel Meyerowitz por Colin Westerbeck (Phaidon 2014)



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