Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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Mostrando entradas con la etiqueta Michael Ackerman. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 11 de abril de 2018

Expresión del tiempo

En la larga andadura por los caminos de la fotografía, me fui encontrando con muchas “voces autorizadas” que pretenden imponer ciertos purismos y siempre los escucho hablar sobre que es lo correcto y que es lo incorrecto. Como si se tratara de matemáticas. Cuando para mi, todo ello depende de cómo se lo mire, de la intuición;  y después, en la edición: de cómo se encare un proyecto, del sintagma interno más idóneo para una narración visual. De esa manera, el contexto cambia, se dejan de lado las etiquetas y cobra valor absoluto la libertad de la fotografía y del creador visual en su deseo de expresar una visión particular de su entorno, de su gente, de su propio interior.


(c) Jose Manuel Navia.  Madrid, Calle de Toledo. De su libro Miguel de Cervantes o el deseo de vivir

En todo ello reflexionaba cuando veía algunas fotografías voluntariamente “desenfocadas” o “movidas” de Jose Manuel Navia en su libro Miguel de Cervantes o el deseo de vivir (2015). Lo mismo percibí en Salzillo. La vida en torno (2017).


(c) José Manuel Navia. Murcia, Museo Salzillo. Detalle del paso “Los azotes"

También me pasó lo mismo con las fotografías de Paradiso de Lorenzo Castore. Esas imágenes voluntariamente movidas o desenfocadas de su proyecto realizado en Cuba y en México me señalan una expresión única del tiempo transcurrido.


(c) Lorenzo Castore. de su libro Paradiso (2007)

Ese principio  de temporalidad único también las observo en las fotografías de Michael Ackerman: el instante en que se está produciendo o se producirá un movimiento. Y esa sensación de incertidumbre y también de transformación; le otorga a la escena una cualidad simbólica diferencial, y una estética diferente.


(c) Michael Ackerman

Hace unos días, descubrí Licht und zeit 2012 – 2013 un proyecto del artista catalán, Eduard Resbier. Me gustó muchísimo como utiliza en sus pinturas los desenfocados que nos aproxima a otra manera de captar la realidad. “Aproximándose a la imagen ya sea a partir de las fotografías, videos o de visiones imaginarias, mostrándonos como ha cambiado nuestra manera de contempolar el mundo debido a las tecnologías,  ya que sus obras tienen mucho que ver con la fotografía, la imagen digital y el mundo del cine” señalan los responsables de la Sala Parés de Barcelona donde el artista es colaborador permanente.


(c) Eduard Resbier

A propósito de todo ello, me gustaría compartir un video de Resbier titulado Nit (Noche)




Hasta pronto!



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miércoles, 15 de noviembre de 2017

Perpleja incomodidad


Por la noche todo se transforma. Espacios anodinos durante el día, cobran exuberancia en la noche. 
Cuando todo comienza a desvanecerse en la oscuridad, una especie de incertidumbre de luz se apodera de todo y transmite una permanente sensación de perpleja incomodidad.
Una perpleja incomodidad de luz, de atmósferas, de sugerencias y de hasta implicaciones psicológicas como las de Michael Ackerman que constituyen un claro ejemplo de adentrarse en  un territorio inhóspito pero prolífico de incertidumbres no exentas de obstáculos.


(c) Michael Ackerman. de su trabajo Half Life

Para Todd Hido, la noche le permite alejarse del mundo superficial y entrar en otro gobernado por la imaginación en donde reinan más las preguntas que las respuestas.


(c)  Todd Hido. Imágenes pertenecientes a su serie Homes at night.

Hido, actualmente, está revisitando los bosques del estado de Washington para un ensayo fotográfico inspirado en Twin Peaks de David Lynch. “La ciudad de Twin Peaks no existe. Pero contiene muchos de los problemas que existen en todas las ciudades, grandes y pequeñas, problemas que pueden ignorarse fácilmente” señala Hido en Time.


(c) Todd Hido. Washington

 “Durante los últimos 15 años, he estado visitando el estado de Washington, como un sustituto de mi Ohio natal. Me transporta al estado psicológico oscuro evocado por los inviernos de mi infancia”


(c) Todd Hido. Washington


Algo de toda esa perplejidad incómoda también la encuentro en el París hooperiano de Brassai en donde también nacen mucho más los interrogantes que las seguras respuestas. “La noche sugiere, no enseña. La noche nos encuentra y nos sorprende por su extrañeza; ella libera en nosotros las fuerzas que, durante el día, son dominadas por la razón” comenta el gran fotógrafo húngaro. 


(c) Brassai. Paris, 1931


 Hasta pronto!



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miércoles, 15 de junio de 2016

El misterio en la aparente simplicidad


Cuando hablo del misterio de una fotografía no me refiero a cuestiones delictivas o ligadas al terror. El misterio al que me refiero va mucho más allá, por suerte...


New York 1961 © Charles Harbutt

Me gusta ese misterio del porqué me atrapa tanto tiempo una imagen e intento averiguar una y otra vez que es lo que verdaderamente está sucediendo en esa fotografía.


Las Vegas, Nevada 1997 © Jeff Jacobson

Y más, si esa imagen parece tener todo claro, aparentemente. 


© Trent Parke


Podría decir que el misterio se asocia con lo inexplicable y, en muchos casos, son fotografías que no salen de un plan preconcebido.


Valparaíso © Sergio Larraín

Cuando el fotógrafo se deja llevar por el momento, en esa singularidad, aparece algún “error visual” que desemboca en ese misterio que tanto me gusta y que no siempre se encuentra. 


© Lee Friedlander


Soy un convencido que el tiempo redefine la verdadera dimensión del misterio de una fotografía y corre paralelo a lo que el fotógrafo se propuso originalmente.


© Sylvia Plachy


Me atrae lo que nunca se ha visto o cuesta creer que en ese lugar pueda suceder algo así.


New York 1997 © Richard Kavar

 Lo inexplicable en clave humor puede ser un camino aunque más dificil ya que, en general,  fotografías con toque cómico envejecen rápido.


© Tony Ray Jones

Ese delicado momento entre lo que acaba de ocurrir o va a suceder también me seduce y posee esa lectura de misterio que tanto me atrapa.


© Michael Ackerman

“En la fotografía siempre hay un misterio: miramos y somos mirados por ellas. Es algo dialéctico” comenta el fotógrafo argentino Andy Goldstein. “Por otro lado, desarmar la “cara de foto” es la parte más misteriosa que puede haber entre un artista y su obra, es la parte más difícil de poner en acto”. 


© Cristobal Hara

Quizás es allí donde empieza el auténtico disfrute de la fotografía.

 Hasta pronto!


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lunes, 14 de diciembre de 2015

Sorpresas inesperadas


No debemos confundir la sorpresa con el azar. Son dos cosas distintas pero complementarias cuando nos aventuramos a resolver fugaces escenas en los espacios públicos de las ciudades.
 La fotografía realizada en la calle tiene un punto de azar importante ya que todo cambia rápidamente al igual que la luz. Pero la sorpresa tiene que ver con algo tan inesperado, como  singular y fuerte en emociones. Diría que es algo asombroso.
En ese sentido, la sorpresa tiene esa cuota de imprevisto, de novedoso,  de extraño que emerge en el alma de la composición como un grito. Y que discrepa de la situación digamos “lógica” que tiene una escena azarosa captada por una cámara.
Me gustaría poner algunos ejemplos de los muchos que hay en la historia de la fotografía documental urbana.
En primer lugar, sitúo a los retratos de Diane Arbus.


© Diane Arbus

© Diane Arbus


En muchos casos, con las fotografías de Michael Ackerman,   la sorpresa se viste con la cara  más extraña y me sugiere una sensación dubitativa ante la incertidumbre a lo desconocido. Y ese plus impacta en la atmósfera de la composición. Está a flor de piel.

© Michael Ackerman

© Michael Ackerman

O con algunos trabajos de Cristina García Rodero como España Oculta o con la serie de Haití.


© Cristina García Rodero

© Cristina García Rodero

O la sorpresa teñida de asombro en varias imágenes de Minutes to Midnight de Trent Parke.


© Trent Parke

© Trent Parke


Probablemente y por su singularidad, sean las imágenes que más recuerdo. Y por su carácter tan sorprendente,  las encuentro tan vitales como la primera vez que las observé. Y, a su vez, son escenas muy difíciles de resolver en donde la sorpresa no puede cuantificarse y denota un imprevisto tan breve como emocionante. Al igual que el devenir de la vida misma.

Hasta pronto!


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lunes, 26 de octubre de 2015

Más ligado a las tripas que a la cabeza

En el mundo de las instantáneas,  la espontaneidad es fruto de la improvisación y eso escapa a cualquier explicación y encierra el secreto de la emoción que transmite una buena imagen.
El que mejor se acerca con palabras al significado de todo ello, (¡vaya contradición!) es la del gran pianista de jazz, Bill Evans que en la contratapa del disco de vinilo de Kind of Blues (Columbia 1959) de Miles Davis dijo lo siguiente:  “Existe un arte visual japonés en el que el artista está obligado a ser espontáneo. Tiene que pintar en un pergamino delgado extendido con un pincel especial y pintura negra de acuarela, de tal manera que un brochazo forzado o interrumpido destruirá la línea o atravesará el pergamino.”
Luego Evans, añade un plus…“estos artistas deben practicar una disciplina específica, la de permitir que la idea se exprese a sí misma en comunicación con sus manos de forma tan directa que no puede interferir la deliberación”.
Y allí entra en juego, la intuición que necesita el creador visual (y da lo mismo tener un pincel o una cámara) para tomar una instantánea en el momento adecuado.
Serán cosas del azar o de la intuición tal vez; pero mientras pensaba en todo ello el fin de semana pasado,  me encontré (un poco tarde porque fue publicado en el 2005) con Paradiso del fotógrafo italiano Lorenzo Castore.

© Lorenzo Castore

© Lorenzo Castore



Confieso que sus imágenes se clavaron en mis retinas (como me pasó con Half Life de Michael Ackerman).


© Lorenzo Castore

Las imágenes de Castore me transmitieron una suerte de emoción contenida y de misterio, gracias a la estética utilizada, al sutil desenfoque y movimiento de cámara empleado.


© Lorenzo Castore

 Pero por sobre todas las cosas técnicas, Castore tiene esa intuición tan necesaria de la  que tanto habla Evans en su intento por descifrar momentos  más ligados a las tripas que a la cabeza. 
Hasta el miércoles!



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miércoles, 4 de marzo de 2015

Confesiones desde el infierno

Me ha llegado a casa unos de los libros más originales e interesantes que he tenido la suerte de ver en los últimos tiempos. Me refiero a Half Life de Michael Ackerman y las apreciaciones que comentaré en este post, serán muy subjetivas como este libro. Y debo confesarles, a priori,  que no podré comentarlo de otra manera.



Sólo decirles que fue publicado originalmente por Delpire en el 2010; y la versión que hoy tengo en mis manos es la española de Lunwerg y se está vendiendo en algunas pequeñas librerías low cost por sólo 10 euros cuando en algunas importantes de Barcelona cuesta unos 25 euros. Cosas del mercado…


© Michael Ackerman

Lo cierto es que este libro me ha entrado por las venas, por la emoción de sentirme parte de varios viajes oníricos que el autor me propone desde el principio de este milagroso libro de fotografías.

© Michael Ackerman

Y la verdad, al ver sus imágenes,  poco importan los detalles, sino lo que transmiten, lo que crea visualmente el autor en esos interminables paseos nocturnos, según comenta el realizador del prólogo: Denis Kambouchner, por distintos lugares de Europa del Este y de Estados Unidos.

© Michael Ackerman

Ackerman me muestra imágenes que rozan el sueño o, más bien la pesadilla como si, en paralelo,  estuviera leyendo algún poema maldito de Unatemporada en el infierno de Arthur Rimbaud;  mientras voy desgranando en el papel,  fotografías desenfocadas, retratos desencajados por algo que ocurre en el entorno y que no sabemos. Y nos mantiene expectantes, con cierto temor.

© Michael Ackerman

Que bonito es encontrarse con un libro así que exprese una sensibilidad tan grande, tan simbólica de lo que es capaz de concretar el lenguaje fotográfíco sin más ayuda que la fotografía.

Parte de un troquelado de hojas de la última página del libro © Michael Ackerman

Después de observar la última página,  que se me abre como un troquelado secuencial de fotos que expresa la sensación de apocalipsis que vive una persona semidesnuda inmersa en la noche; no puedo más que felicitar al autor que me ha afirmado una vez más, las ganas de hacer fotografía. Y eso me pasará cada vez que abra un libro como éste.
Mil gracias.



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