Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.
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lunes, 22 de junio de 2015
lunes, 17 de diciembre de 2012
En coche por Oriente con Marc Riboud
La Editorial Xabier Barral acaba de publicar Into The Orient, un box set de fotografías de Marc Riboud que dan vida al célebre viaje que inició en la primavera de 1955 y terminó en Japón tres años después.
Esta caja visual de Riboud que, contiene cinco libros de su paso por Turquía, Irán, Afganistán , Pakistán , India, China y Japon; recibió hace poco el Premio Nadar 2012 que lo reconoce como la mejor publicación del año.
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| Afganistán 1955 © Marc Riboud |
Este gran tour realizado por el fotógrafo francés se comenzó a gestar, después
de comprarle un viejo Land Rover a George Rodger (uno de los fundadores de la agencia Magnum). Con este transporte y con todo el tiempo del mundo, se
dirigió a Estambul, luego se internó por Capadocia y Anatolia y cruzó
Persia,
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| Afganistán 1955 © Marc Riboud |
En Afganistán realizó incursiones por sus regiones tribales.
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| Darjeling, India 1956 © Marc Riboud |
Y en 1956 llegó a India
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| Varanasi, India 1956 © Marc Riboud |
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| Nepal 1957 © Marc Riboud |
Luego entró a la China comunista desde
Nepal, en una época en la que pocos extranjeros podían hacerlo. Riboud realizó u trabajo excepcional como documento de época en China.
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| Anshan, China 1957 © Marc Riboud |
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| Shaanxi, China 1957 © Marc Riboud |
Finalmente el viaje llegó a su fin en Tokyo junto con miles
de fotografías,
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| Japón, 1958 © Marc Riboud |
de las cuales podremos observar, en estos 5 libros de 65
páginas cada uno, un total de 220
imágenes que acaba de publicar la prestigiosa editorial francesa.
Un abrazo y hasta el miércoles!
Etiquetas:
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Marc Riboud,
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set,
volúmenes,
Xavier Barral
viernes, 23 de diciembre de 2011
Proyecto Reir: una sonrisa para los niños
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| © Marcelo Caballero |
Ahora que estamos a un
paso de la Navidad, en Occidente, nos
preparamos para pasar unos momentos junto a la gente que nos rodea.
Parece un tópico hablar de todo ello y un hábito recurrente juntarnos con amigos, algunos que tienen suerte con sus padres, sus hermanos; y otros, tal vez, la pasan solos.
Parece un tópico hablar de todo ello y un hábito recurrente juntarnos con amigos, algunos que tienen suerte con sus padres, sus hermanos; y otros, tal vez, la pasan solos.
Si, parece un tópico
hablar de todo ello y cada vez que se acercan las fiestas navideñas deseamos
regalar algo, otros más, otros menos según lo que pueda el bolsillo y las ganas;
pero Papá Noel o los Reyes siempre dejan algo en algún zapatito, en algún corazón del niño
que todos tenemos adentro nuestro.
El otro día me encontré
con una persona que quiere regalar sonrisas a niños que tal vez no ríen y eso
no es un tópico. Y por eso, en estas vísperas navideñas, quiero compartir con ustedes su historia, o
mejor dicho, su proyecto de historia.
Aquel día, mientras
tomaba un café con Angel Amieva me confesó su sueño: está preparando un viaje que
durará cinco meses y comenzará en Figueres (su ciudad natal) y terminará en
Pekin (China). La travesía será por la mítica Ruta de la Seda y lo hará en bicicleta
y durante el trayecto, realizará espectáculos para niños.
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| Mi vecino, Angel Amieva © Marcelo Caballero |
“Quiero hacer reir a los
niños que vaya conociendo por el camino y encontraré muchos que
debido a guerras y grandes calamidades económicas han perdido las ganas de
sonreir” me dice, este actor, clown callejero y también padre de familia de 43
años que, hace unos 20 años fue campeón del mundo de artes marciales en la
misma ciudad que será el punto de llegada de su altruista misión: Pekin.
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| Sus mapas, los recorridos, sus planes © Marcelo Caballero |
Creo que si queremos ayudar
a regalar algo para esta Navidad, podríamos colaborar con este proyecto y de
esa manera, estaríamos regalando una sonrisa a quien la necesita.
Por último, los dejo con un sketch de Angel que me hace reir mucho y desde Miradas Cómplices les deseo una feliz navidad!! y recuerden que nunca debemos olvidar reírnos, una sonrisa nunca está de más!! buen fin de semana!!
miércoles, 23 de febrero de 2011
Idas y venidas por los caminos del Tibet: Tercera Parte: operación retorno
Como les conté en el post anterior, Sonam Nangmo, la prima del monje tibetano, me invitó a retornar al Tibet al día siguiente.
Ella y su marido transportaban habitualmente correo y mensajería a Qamdo. Debido a ello, gozaban de cierta inmunidad y protección oficial que para mi eran grandes ventajas para pasar desapercibido. “La policía casi nunca revisa el transporte” me dijo Sonam. De esa manera, sentí que el objetivo final de arribar a Lhasa por tierra estaba mucho más cerca.
Aún era de noche cuando partimos y durante el camino me volvieron los recuerdos del reciente y duro viaje en camión.
Pero esta vez, viajaba en un cómodo 4 x 4, escuchando música, entre buenos amigos y contemplando la hermosa y fría meseta tibetana que esa noche estaba mágicamente iluminada por la luna llena.
Casi sin darme cuenta, llegamos a Jamda y cuando estábamos por dejar atrás al polvoriento pueblo, se nos cruzó en el camino, un policía chino bastante joven. Por lo visto quería hacer un rutinario control.
Rápido de reflejos se bajó el conductor, habló con él y parecía que se iba. Pero no. El chino quiso mirar el interior del vehículo. Mal presagio. Al verme, se dispararon las alarmas.
Media hora después estaba nuevamente en la misma comisaría y con los mismos y sorprendidos policías que no daban crédito de lo que ocurria.
Pero esta vez no había Maradona que me salvara. Tuve que llamar al cónsul de mi país y le expliqué que estaba detenido y sin su ayuda, no podía salir de allí. “No te hagas problema, haremos lo imposible para que quedes libre” me dijo el diplomático con la misma seguridad de siempre.
El dueño del hotel volvió a ser el intérprete y luego de varias deliberaciones decidieron que los transportistas me llevaran a Qamdo. Allí tomarían la decisión final sobre mi situación.
Qamdo no es una ciudad cualquiera. Es la segunda base militar china más importante establecida en Tibet. Desde allí se organiza todo el control de ocupación militar. En otras palabras, estaba en la boca del lobo.
Así que apenas llegué, fui directo a la comisaria, (me despedí triste de Sonam y, hasta el día de hoy, no se si la multaron o no) y luego de varios interrogatorios, me dijeron que tenía que volver si o si a Chengdu donde me esperarían otros policías y si no pagaba el visado especial, me deportarían.
Conseguí que un bus me llevara directo a la capital de Sichuan pero tuve que esperar para ello tres días. Por suerte me dejaron "pasear" pero con vigilancia policial.
Mientras callejeaba por la ciudad, observé que los tibetanos eran constantemente vigilados tanto dentro o fuera de los monasterios; los nómades tibetanos parecían estar temerosos de todo y algunos eran arrestados sin haber cometido ningún delito por la calle.
El viaje de retorno duró casi tres días y 1300 km. en un maloliente y destartalado bus. En Ghengdu saqué la visa especial (¡el cónsul cubrió todos los gastos!) y en avión, como todo el mundo, llegué a Lhasa.
Si les interesa, pueden pulsar aquí par ver más fotografías de este viaje.
Muchas gracias a todos y hasta la próxima aventura!!
Ella y su marido transportaban habitualmente correo y mensajería a Qamdo. Debido a ello, gozaban de cierta inmunidad y protección oficial que para mi eran grandes ventajas para pasar desapercibido. “La policía casi nunca revisa el transporte” me dijo Sonam. De esa manera, sentí que el objetivo final de arribar a Lhasa por tierra estaba mucho más cerca.
Aún era de noche cuando partimos y durante el camino me volvieron los recuerdos del reciente y duro viaje en camión.
Pero esta vez, viajaba en un cómodo 4 x 4, escuchando música, entre buenos amigos y contemplando la hermosa y fría meseta tibetana que esa noche estaba mágicamente iluminada por la luna llena.
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| Sonam y su marido durante un descanso del viaje - Tibet |
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| Caminante peregrina rumbo a Lhasa - China National Highway 317 - Tibet |
Rápido de reflejos se bajó el conductor, habló con él y parecía que se iba. Pero no. El chino quiso mirar el interior del vehículo. Mal presagio. Al verme, se dispararon las alarmas.
Media hora después estaba nuevamente en la misma comisaría y con los mismos y sorprendidos policías que no daban crédito de lo que ocurria.
Pero esta vez no había Maradona que me salvara. Tuve que llamar al cónsul de mi país y le expliqué que estaba detenido y sin su ayuda, no podía salir de allí. “No te hagas problema, haremos lo imposible para que quedes libre” me dijo el diplomático con la misma seguridad de siempre.
El dueño del hotel volvió a ser el intérprete y luego de varias deliberaciones decidieron que los transportistas me llevaran a Qamdo. Allí tomarían la decisión final sobre mi situación.
Qamdo no es una ciudad cualquiera. Es la segunda base militar china más importante establecida en Tibet. Desde allí se organiza todo el control de ocupación militar. En otras palabras, estaba en la boca del lobo.
Así que apenas llegué, fui directo a la comisaria, (me despedí triste de Sonam y, hasta el día de hoy, no se si la multaron o no) y luego de varios interrogatorios, me dijeron que tenía que volver si o si a Chengdu donde me esperarían otros policías y si no pagaba el visado especial, me deportarían.
Conseguí que un bus me llevara directo a la capital de Sichuan pero tuve que esperar para ello tres días. Por suerte me dejaron "pasear" pero con vigilancia policial.
Mientras callejeaba por la ciudad, observé que los tibetanos eran constantemente vigilados tanto dentro o fuera de los monasterios; los nómades tibetanos parecían estar temerosos de todo y algunos eran arrestados sin haber cometido ningún delito por la calle.
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| Manifestante tibetano detenido por la policía - Qamdo - Tibet |
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| Qamdo - Tibet |
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| Chengdou - China |
Muchas gracias a todos y hasta la próxima aventura!!
lunes, 21 de febrero de 2011
Idas y venidas por los caminos del Tibet. Segunda Parte: la policía china
Recuerdo que, durante la travesía, el conductor del camión, un chino nacido en Xi'an, me aconsejó que tratara de pasar desapercibido por las calles de Jamda y que me fuera lo antes posible de allí. Lo que no me dijo es porqué.
Aunque tomé muy en serio su advertencia, no me preocupé en demasía ya que lo que me había dicho el cónsul de mi pais (“no tendrás problemas”), hasta ese momento, era una información seria y de confianza.
Como les dije en el anterior post, arribamos al pequeño pueblo ya entrada la noche. Y estaba tan cansado que cuando me dejaron en la puerta del hospedaje, sólo tuve fuerzas para dejar mi pasaporte al conserje e irme a una habitación. Al instante me quedé profundamente dormido con ropa y todo y sin haber comido casi nada.
Pero, la primera sorpresa ocurrió bien temprano, al día siguiente.
Alguien golpeó con fuerza a mi puerta. Y al abrir, un chino joven con disimulado nerviosismo se presentó como el dueño del hotel. Y me invitó a ir urgente a la oficina policial. “Administratives problems” me dijo.
De esa manera, la comisaría se convirtió en el foco de atención matinal de ese pueblo. A medida que me acercaba al destacamento, los pobladores se sumaban con curiosidad a la pequeña marcha y cuando llegué, me seguían decenas de personas.Parecía la entrada de un artista de cine a un set de filmación. De verdad, tuve mis 15 minutos de gloria!!.
Bromas aparte, en la oficina me esperaban 10 policías que al verme entrar, me rodearon y a los gritos, enojados y en chino trataban de comunicarse conmigo.
No había forma de entenderlos, pasaban los minutos y seguían gritando con más fuerza. A mi me temblaban las piernas, voy a serles sinceros. ¿Porque no habré aprendido mandarín? pensé.
Hasta que se me ocurrió decirles: Maradona!! Argentina!!! y por esas cosas del fútbol e ídolos planetarios, la “Mano de Dios” me abrió inesperadamente una puerta.
De pronto todo cambió, comenzaron a reir y, unos momentos después, me invitaron a tomar un té. Luego entró a la oficina el dueño del hotel. Y con su rudimentario inglés, hizo de intérprete y me explicó que estaba detenido por no tener el visado especial de entrada al Tibet en el pasaporte. Y habían decidido llevarme de retorno a Dege esa misma tarde en un jeep policial y no podía volver más por allí.
Por lo pronto, los uniformados me compensaron, dejándome el día libre para dar una vuelta por el poblado, hacer algunas fotos de rigor y comer algo.
Retornar a Dege, como verán, no estaba en mis planes. Pero lo asumía como un avatar más de las incertidumbres de un viaje.
Y a pesar que la situación estaba complicada, no quería aún renunciar a entrar a Tibet por tierra. Algo en mi interior me decía que debía retornar.
Entonces opté por el plan B: a la mañana siguiente fui a ver a la prima de Losang, (el monje de Luhuo, ¿se acuerdan?).
En su casa, le conté lo que me ocurrió en Jamda y luego de escucharme atentamente me dijo: “Nosotros mañana partimos a Qamdo. Si quieres te llevamos”.
Estaba contento nuevamente. Parecía que esta vez lo iba a lograr…
El miércoles les relataré el final de toda esta historia que tendrá otro giro inesperado y será el definitivo. Muchas gracias por la paciencia y hasta pronto queridos lectores!!
Aunque tomé muy en serio su advertencia, no me preocupé en demasía ya que lo que me había dicho el cónsul de mi pais (“no tendrás problemas”), hasta ese momento, era una información seria y de confianza.
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| Mujeres tibetanas en plena faena bajo el atento control de su jefe chino. Dege - Tibet |
Pero, la primera sorpresa ocurrió bien temprano, al día siguiente.
Alguien golpeó con fuerza a mi puerta. Y al abrir, un chino joven con disimulado nerviosismo se presentó como el dueño del hotel. Y me invitó a ir urgente a la oficina policial. “Administratives problems” me dijo.
De esa manera, la comisaría se convirtió en el foco de atención matinal de ese pueblo. A medida que me acercaba al destacamento, los pobladores se sumaban con curiosidad a la pequeña marcha y cuando llegué, me seguían decenas de personas.Parecía la entrada de un artista de cine a un set de filmación. De verdad, tuve mis 15 minutos de gloria!!.
Bromas aparte, en la oficina me esperaban 10 policías que al verme entrar, me rodearon y a los gritos, enojados y en chino trataban de comunicarse conmigo.
No había forma de entenderlos, pasaban los minutos y seguían gritando con más fuerza. A mi me temblaban las piernas, voy a serles sinceros. ¿Porque no habré aprendido mandarín? pensé.
Hasta que se me ocurrió decirles: Maradona!! Argentina!!! y por esas cosas del fútbol e ídolos planetarios, la “Mano de Dios” me abrió inesperadamente una puerta.
De pronto todo cambió, comenzaron a reir y, unos momentos después, me invitaron a tomar un té. Luego entró a la oficina el dueño del hotel. Y con su rudimentario inglés, hizo de intérprete y me explicó que estaba detenido por no tener el visado especial de entrada al Tibet en el pasaporte. Y habían decidido llevarme de retorno a Dege esa misma tarde en un jeep policial y no podía volver más por allí.
Por lo pronto, los uniformados me compensaron, dejándome el día libre para dar una vuelta por el poblado, hacer algunas fotos de rigor y comer algo.
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| Mesas de pool en la calles donde se reúnen, en su mayoría, tibetanos desocupados. Dege - Tibet |
Y a pesar que la situación estaba complicada, no quería aún renunciar a entrar a Tibet por tierra. Algo en mi interior me decía que debía retornar.
Entonces opté por el plan B: a la mañana siguiente fui a ver a la prima de Losang, (el monje de Luhuo, ¿se acuerdan?).
En su casa, le conté lo que me ocurrió en Jamda y luego de escucharme atentamente me dijo: “Nosotros mañana partimos a Qamdo. Si quieres te llevamos”.
Estaba contento nuevamente. Parecía que esta vez lo iba a lograr…
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| Monjes tibetanos. Dege- Sichuan - China |
El miércoles les relataré el final de toda esta historia que tendrá otro giro inesperado y será el definitivo. Muchas gracias por la paciencia y hasta pronto queridos lectores!!
viernes, 18 de febrero de 2011
Idas y venidas por los caminos del Tibet. La autorización del cónsul
“Por ese camino no vas a tener ningún problema con la policía” me dijo claramente el cónsul de mi país en Beijing, China. Con estas palabras me transmitió seguridad y confianza y, de paso, me dio el visto bueno para que ingresara por tierra al Tibet, a través del camino oeste desde Chengdu, Sichuan.
“Si llegas a tener algún inconveniente, ya sabes, me llamas a mi tel. personal” subrayó en un gesto protector el diplomático, antes de despedirse de mi, en el bar de un fastuoso hotel céntrico de la capital china, donde nos habíamos citado un rato antes.
Y yo le creí, claro. Era el cónsul!!!. A pesar que varios viajeros me habían dicho que no se podía entrar solo y la única manera era en grupo, por aire y con una visa especial.
De esa manera, unos días después me encontraba a las puertas de la meseta tibetana, en la provincia china de Sichuan sin notar ningún problema más allá de mi propio cansancio de interminables horas en tren y gente y más gente.
No quiero mentirles. Pero parecía estar metido en un film bizarro y como protagonista un bus destartalado que nos llevaba por polvorientos caminos de nunca acabar. Y entre tantos y zigzagueantes caminos y precipicios a través de los montes Hengduan, el bus paró, de repente, en la nada y subió un joven monje tibetano.
Se llamaba Losang y, de inmediato, nos hicimos tan compinches que cuando llegamos a Luhuo me invitó a pasar la noche en su casa: el monasterio Chori Theyhor.
Al otro día, recorrimos juntos la monumental edificación construída hacía cinco siglos. Losang era uno de los profesores. Y me hizo conocer las aulas donde alrededor de 100 entusiastas niños estudiaban y leían libros religiosos en voz alta. Luego me mostró orgulloso la imagen del Dalai Lama escondida detrás de un mueble. “Si me ven con ella, los chinos me meten en la cárcel” me señaló este joven tibetano. Antes de partir, me dio la dirección de su prima que vivía en Dege, mi proxima parada. “Por si tienes algún problema” me sugirió paternal.
Con los salvoconductos del cónsul y la pariente de Losang, arribé a Dege a media tarde convencido de lograr mis propósitos y me sentía inmune a todo. Por eso no me molestó que el pequeño y desolado pueblo fronterizo con Tibet no me ofreciera buenas sensaciones. Los locales de este pueblo me miraban mal, con recelo y cuando trataba de hablarles, literalmente huían. ¿Era un presagio de que algo andaba mal? Aún no lo sabía.
Por lo pronto, no deseaba entretenerme mucho más tiempo por allí. Tenía malos presagios. No me gustan los pueblos fronterizos y sabía, además, que no había buses ni trenes ese día. Por lo que intenté buscar cualquier otro transporte para largarme pronto. Y conseguí un camión que partía al amanecer a Jamda, pueblo ubicado a unos 120 km. en territorio tibetano.
Con un grupo de nómades como compañeros, nos instalamos en la parte de atrás del camión sólo cubierto por una lona a punto de romperse. Afuera arreciaba un temporal de nieve y frío increíbles. La meseta tibetana es áspera en todos los sentidos hasta para el alma.
Y en un momento de este duro viaje, el camión paró en un abra a 4.500 metros de altura. No había forma de seguir. El camino estaba abarrotado de hielo. Fueron momentos de total incertidumbre hasta que vaya a saber como, en unas horas partimos nuevamente y arribamos a Jamda casi de noche.
Allí me encontré por primera vez con la policía china.
Les agradezco la atención a este relato, de corazón. Pero esta historia seguirá el lunes que viene. Les deseo un buen fin de semana y hasta pronto!!
“Si llegas a tener algún inconveniente, ya sabes, me llamas a mi tel. personal” subrayó en un gesto protector el diplomático, antes de despedirse de mi, en el bar de un fastuoso hotel céntrico de la capital china, donde nos habíamos citado un rato antes.
Y yo le creí, claro. Era el cónsul!!!. A pesar que varios viajeros me habían dicho que no se podía entrar solo y la única manera era en grupo, por aire y con una visa especial.
De esa manera, unos días después me encontraba a las puertas de la meseta tibetana, en la provincia china de Sichuan sin notar ningún problema más allá de mi propio cansancio de interminables horas en tren y gente y más gente.
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| Losang y sus alumnos. Luhuo - China |
Se llamaba Losang y, de inmediato, nos hicimos tan compinches que cuando llegamos a Luhuo me invitó a pasar la noche en su casa: el monasterio Chori Theyhor.
Al otro día, recorrimos juntos la monumental edificación construída hacía cinco siglos. Losang era uno de los profesores. Y me hizo conocer las aulas donde alrededor de 100 entusiastas niños estudiaban y leían libros religiosos en voz alta. Luego me mostró orgulloso la imagen del Dalai Lama escondida detrás de un mueble. “Si me ven con ella, los chinos me meten en la cárcel” me señaló este joven tibetano. Antes de partir, me dio la dirección de su prima que vivía en Dege, mi proxima parada. “Por si tienes algún problema” me sugirió paternal.
Con los salvoconductos del cónsul y la pariente de Losang, arribé a Dege a media tarde convencido de lograr mis propósitos y me sentía inmune a todo. Por eso no me molestó que el pequeño y desolado pueblo fronterizo con Tibet no me ofreciera buenas sensaciones. Los locales de este pueblo me miraban mal, con recelo y cuando trataba de hablarles, literalmente huían. ¿Era un presagio de que algo andaba mal? Aún no lo sabía.
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| Monasterio de Dege - China (posee la única imprenta de textos budistas tibetanos) |
Con un grupo de nómades como compañeros, nos instalamos en la parte de atrás del camión sólo cubierto por una lona a punto de romperse. Afuera arreciaba un temporal de nieve y frío increíbles. La meseta tibetana es áspera en todos los sentidos hasta para el alma.
Y en un momento de este duro viaje, el camión paró en un abra a 4.500 metros de altura. No había forma de seguir. El camino estaba abarrotado de hielo. Fueron momentos de total incertidumbre hasta que vaya a saber como, en unas horas partimos nuevamente y arribamos a Jamda casi de noche.
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| Abra a 4.500 metros de alura. Abajo, serpenteante camino a Jamda - Tibet |
Les agradezco la atención a este relato, de corazón. Pero esta historia seguirá el lunes que viene. Les deseo un buen fin de semana y hasta pronto!!
sábado, 11 de septiembre de 2010
Espacios de encuentros y chusmerío: los mercados
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| La Boquería - Barcelona |
Estos espacios públicos que generalmente están ubicados en plazas, tinglados especiales, parques, paseos marítimos o playas de estacionamiento son verdaderos lugares de encuentros. Esto lo decía también Sergi Ramis en su maravilloso libro Mercados Africanos: “Se compra y se vende, claro está, Pero eso puede llegar a ser lo de menos. Es lugar de encuentro, de intercambiar chismorreos, de divertirse, de romper con la rutina”.
Si el viajero es sociable y tiene ganas de conocer a alguien, el mercado es el lugar idóneo para comenzar. Por ejemplo, puedes entrar en conversación con los vendedores que generalmente están predispuestos al diálogo o sólo para escuchar lo que otros conversan.
He llegado a la conclusión que estas visitas son fuentes inagotables de información que sirven para orientarte mejor en el lugar. En ese sentido los mercados de todo el mundo se parecen aunque por supuesto algunos son más y otros son menos sociables. El mercado de la Boquería en Barcelona, a pesar de su aspecto cada vez más comercial y for export, aún mantiene ciertos rasgos de interacción, de ese transitar por allí para conversar o encontrarte con alguien.
Pero lo mejor está en el interior de Catalunya. Una de las razones por las cuales me agrada vivir en Figueres es por su interesante y genuino mercado. Ubicado en la Plaça del Gra, fue construido en 1826 como espacio público para mercado. Pero recién en 1887, Frances Puig i Saguer, le dio el aspecto actual, dotándola de una estructura de cobertura de hierro, madera y tejas , simple pero armónica como bien se puede observar en esta imagen.
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| Plaça del Gra - Figueres - Catalunya |
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| Plaça del Gra - Figueres |
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| Barcelos - Portugal |
Comer papas rellenas fritas en medio de un caótico mercado como el de Rodriguez...
Pasear animadamente por zocos con temperaturas cercanas a los 40 grados...
Taroudant - Marruecos
o perderse en algún mercado del estado de Rajhastán en India..
Jodhpur - India
lunes, 5 de julio de 2010
Mudanza a China
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| Cadaqués - Catalunya Si esta pareja de la imagen de arriba que mira tranquilamente hacia el mar, viaja dentro de dos años a China y siente melancolía por ese hermoso momento que vivieron durante aquel atardecer en Cadaqués; no tendrá que hacerse mucho problema. Los chinos como siempre, tienen solución a todo y como en un gran supermercado les dirán: “ no se hagan problemas: tenemos lo que ustedes necesitan: hemos construído una ciudad parecida pero más barata". Esto que suena a cuento chino, en un futuro próximo se convertirá en una isla artificial en medio de la bahía Xiamen frente a la costa de Taiwan. Con una inversión millonaria, el complejo albergará a 15.000 habitantes en viviendas inspiradas en la arquitectura del municipio ampurdanés. Parece que mientras haya dinero constante y sonante, nadie hace críticas adversas a este proyecto. En general a todos en la región y especialmente a los diarios locales les pareció una noticia muy interesante. Algunos diarios reflejaron con bombo y platillo la llegada a Cadaqués de una comitiva de empresarios chinos de la Merchants Zhanzhou Group Limited para reunirse con el alcalde Joan Borrell y otros funcionarios. Según reflejó el 29 de junio pasado el semanario Empordà, el alcalde dijo que esta iniciativa lo satisfacía y la concreción de este proyecto hará que los chinos vengan a conocer el original. Yo me pregunto a esta altura del análisis, ¿vendrán los chinos realmente a hacer turismo o lo harán para construir más supermercados de baratijas?. En tanto el diario El País, en su edición del 28 de junio, senaló que Cadaqués hoy en día es sólo uno " de tantos destinos de escapada de fin de semana y que ni tan solo la retorcida carretera que baja del Pení ha logrado evitar aglomeraciones como las que se sufren en tantas otras terrazas de la Costa Brava”. Quizás esto último fue lo que inspiró a estos empresarios chinos a proyectar la construcción de su “aldea mediterránea” en detrimento de la otrora y famosa aldea de pescadores de la Costa Brava que albergó a tantos bohemios y artistas y entre ellos a Salvador Dalí. Y hasta quieren imitar su casa de Portlligat. Ahhh me olvidaba!!...si alguien va a vacacionar a la República Dominicana, puede alojarse en un complejo habitacional llamado (con gran lucidez y creatividad) Cadaqués Caribe y hasta puede caminar sin sonrojarse por una calle que tiene el nombre del gran genio surrealista. |
martes, 19 de enero de 2010
Una noche en una taberna
Afuera la nieve caía a borbotones y en la taberna una espesa nube de humo mezcla de tabaco y aromas culinarios le ofrecía una sugestiva bienvenida a quien viaja.
Como un sonámbulo deambuló por el salón sin mirar a nadie. Pero pronto encontró un lugar justo en el medio del mismo. Al sentarse se dió cuenta que todos los que estaban allí lo observaban con curiosidad. Parecía ser que era el único occidental. Entonces, sacó un paquete de galletas de entre sus húmedas ropas y comenzó a comerlas para olvidarse que lo miraban.
Al rato se le acercó un chino que parecía ser el cocinero. Llevaba puesto un delantal que antes era de color blanco y ahora estaba repleto de manchas oscuras de grasa. Sin perder el tiempo, mediante gestos, quien viaja le hizo saber que quería comer lo mismo que todos los que estaban a su alrededor: sopa con carne que presumiblemente era de yac.
Cuando el cocinero retornó a su mesa con un humeante plato caliente entre sus manos, un hombre muy alto y delgado se paró frente a él. Se trataba de un tibetano bastante joven que le sonrió con una exasperada amabilidad. Quien viaja lo invitó a compartir su mesa.
Por la forma que iba vestido, pensó que el tibetano era un nómade. Usaba unas botas negras que le llegaban a la rodilla, una chaqueta de piel de yac con una manga más larga que la otra que según la costumbre no se usa para introducir un brazo. Y para coronar una especie de sombrero de copa bien alto.
El joven, por cierto, se llamaba Vagdro y había nacido en Ganze, un poblado ubicado a pocos kilómetros de allí. Vagdro le hizo entender con gestos ampulosos y muy graciosos que tenía un rebaño de yacs y que aún no estaba casado.
(Extraído del libro de relatos "Pasajeros del devenir")
Como un sonámbulo deambuló por el salón sin mirar a nadie. Pero pronto encontró un lugar justo en el medio del mismo. Al sentarse se dió cuenta que todos los que estaban allí lo observaban con curiosidad. Parecía ser que era el único occidental. Entonces, sacó un paquete de galletas de entre sus húmedas ropas y comenzó a comerlas para olvidarse que lo miraban.
Al rato se le acercó un chino que parecía ser el cocinero. Llevaba puesto un delantal que antes era de color blanco y ahora estaba repleto de manchas oscuras de grasa. Sin perder el tiempo, mediante gestos, quien viaja le hizo saber que quería comer lo mismo que todos los que estaban a su alrededor: sopa con carne que presumiblemente era de yac.
Cuando el cocinero retornó a su mesa con un humeante plato caliente entre sus manos, un hombre muy alto y delgado se paró frente a él. Se trataba de un tibetano bastante joven que le sonrió con una exasperada amabilidad. Quien viaja lo invitó a compartir su mesa.
Por la forma que iba vestido, pensó que el tibetano era un nómade. Usaba unas botas negras que le llegaban a la rodilla, una chaqueta de piel de yac con una manga más larga que la otra que según la costumbre no se usa para introducir un brazo. Y para coronar una especie de sombrero de copa bien alto.
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| © Marcelo Caballero |
La conversación era dificil porque no hablaban las mismas lenguas pero se reían mucho. Había cierta complicidad. Pero entre risa va y risa viene quien viaja le pronunció dos palabras que modificaron el rostro del nómade: “Dalai Lama". Esos rítmicos nombres propios hicieron bajar la vista al tibetano. Se persignó poniéndose el pulgar derecho en la frente para más tarde decirle –con gestos, claro – que no debía pronunciar esas palabras ante los chinos.
Con mucha timidez le mostró una medalla que tenía en el pecho. Era la imagen del líder espiritual tibetano. Pero enseguida se la guardó. La estricta legislación china prohibía el uso de cualquier imagen de ese hombre santo que vive exiliado desde 1959 en India.
De repente dos parroquianos chinos que parecían estar bastantes ebrios entraron en escena: se acercaron a la mesa de quien viaja y el que estaba más tambaleante se sentó aparatosamente en la única silla vacía. Inmediatamente increpó al nómade con gritos y algunos escupitajos. El pobre tibetano no hizo nada y como seguía gritando, optó por darle la espalda. Parece que ese gesto enfureció al chino que se paró como pudo y se puso frente al tibetano en una actitud desafiante, agresiva hasta que se tomaron a golpes.
Con mucha timidez le mostró una medalla que tenía en el pecho. Era la imagen del líder espiritual tibetano. Pero enseguida se la guardó. La estricta legislación china prohibía el uso de cualquier imagen de ese hombre santo que vive exiliado desde 1959 en India.
De repente dos parroquianos chinos que parecían estar bastantes ebrios entraron en escena: se acercaron a la mesa de quien viaja y el que estaba más tambaleante se sentó aparatosamente en la única silla vacía. Inmediatamente increpó al nómade con gritos y algunos escupitajos. El pobre tibetano no hizo nada y como seguía gritando, optó por darle la espalda. Parece que ese gesto enfureció al chino que se paró como pudo y se puso frente al tibetano en una actitud desafiante, agresiva hasta que se tomaron a golpes.
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| © Marcelo Caballero |
Quien viaja quiso separarlos pero enseguida varios chinos del lugar, entre ellos el cocinero, se interpusieron y lo obligaron a dejar el recinto. Al ver que no podía regresar y con el temporal que arreciaba, optó por volver a su habitación.
Al día siguiente la nevada era sólo un recuerdo. Y aunque hacía frío, la mañana lucía espléndida con un cielo extremadamente azul. Entonces decidió salir a pasear un poco y averiguar que había pasado con Vagdro.
La taberna aún estaba cerrada y nadie en la única calle del poblado lo había visto. No satisfecho durante toda esa mañana siguió preguntando a cualquier persona que vagara por allí.
Llegada la tarde quien viaja decidió irse de Manigango. Muy desesperanzado se instaló junto a la puerta de la taberna a esperar que algún camión lo llevara para cruzar la cordillera. Manigango era el último poblado por ese camino antes de arribar a la meseta tibetana.
No se atrevía a entrar a la taberna. Lo habían tratado muy mal la noche anterior y deducía que allí no iba a encontrar ninguna respuesta.
De pronto, un niño tibetano le pidió que le comprara unos caramelos. Quien viaja aceptó y fueron hasta un almacén cercano donde desde su interior una mujer china que estaba escondida detrás de unas estanterías lo sorprendió diciéndole en un perfecto inglés que sabía donde estaba el nómade. Y le dijo que la información le salía 10 yuanes. Quien viaja sin dudar pagó y la mujer le aconsejó que no lo buscara más porque lo habían subido a un camión y transportado a Drapchi esa misma mañana.
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| © Marcelo Caballero |
La prisión a la que se refería esa mujer estaba en Lhasa, la capital de Tibet y era una cárcel de presos políticos no de delincuentes comunes. Allí estaban encarcelados por años tibetanos que osaban manifestarse por la independencia tibetana o que llevaran imágenes del Dalai Lama como Vagdro. Entonces quien viaja recordó su cara bonachona y triste. Y trató en vano de imaginarse como sería la libertad para este pueblo.
(Extraído del libro de relatos "Pasajeros del devenir")
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