Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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miércoles, 23 de febrero de 2011

Idas y venidas por los caminos del Tibet: Tercera Parte: operación retorno

Como les conté en el post anterior, Sonam Nangmo, la prima del monje tibetano, me invitó a retornar al Tibet al día siguiente.
Ella y su marido transportaban habitualmente correo y mensajería a Qamdo. Debido a ello, gozaban de cierta inmunidad y protección oficial que para mi eran grandes ventajas para pasar desapercibido. “La policía casi nunca revisa el transporte” me dijo Sonam. De esa manera, sentí que el objetivo final de arribar a Lhasa por tierra estaba mucho más cerca.
Aún era de noche cuando partimos y durante el camino me volvieron los recuerdos del reciente y duro viaje en camión.
Pero esta vez, viajaba en un cómodo 4 x 4, escuchando música, entre buenos amigos y contemplando la hermosa y fría meseta tibetana que esa noche estaba mágicamente iluminada por la luna llena.

Sonam y su marido durante un descanso del viaje - Tibet
Caminante peregrina rumbo a LhasaChina National Highway 317 - Tibet
Casi sin darme cuenta, llegamos a Jamda y cuando estábamos por dejar atrás al polvoriento pueblo, se nos cruzó en el camino, un policía chino bastante joven. Por lo visto quería hacer un rutinario control.
Rápido de reflejos se bajó el conductor, habló con él y parecía que se iba. Pero no. El chino quiso mirar el interior del vehículo. Mal presagio. Al verme, se dispararon las alarmas.
Media hora después estaba nuevamente en la misma comisaría y con los mismos y sorprendidos policías que no daban crédito de lo que ocurria.
Pero esta vez no había Maradona que me salvara. Tuve que llamar al cónsul de mi país y le expliqué que estaba detenido y sin su ayuda, no podía salir de allí. “No te hagas problema, haremos lo imposible para que quedes libre” me dijo el diplomático con la misma seguridad de siempre. 
El dueño del hotel volvió a ser el intérprete y luego de varias deliberaciones decidieron que los transportistas me llevaran a Qamdo. Allí tomarían la decisión final sobre mi situación.
Qamdo no es una ciudad cualquiera. Es la segunda base militar china más importante establecida en Tibet. Desde allí se organiza todo el control de ocupación militar. En otras palabras, estaba en la boca del lobo.
Así que apenas llegué, fui directo a la comisaria, (me despedí triste de Sonam y, hasta el día de hoy, no se si la multaron o no) y luego de varios interrogatorios, me dijeron que tenía que volver si o si a Chengdu donde me esperarían otros policías y si no pagaba el visado especial, me deportarían.
Conseguí que un bus me llevara directo a la capital de Sichuan pero tuve que esperar para ello tres días. Por suerte me dejaron "pasear" pero con vigilancia policial.
Mientras callejeaba por la ciudad,  observé que los tibetanos eran constantemente vigilados tanto dentro o fuera de los monasterios; los nómades tibetanos parecían estar temerosos de todo y algunos eran arrestados sin haber cometido ningún delito por la calle. 

Manifestante tibetano detenido por la policía - Qamdo - Tibet

Qamdo - Tibet
El viaje de retorno duró casi tres días y 1300 km. en un maloliente y destartalado bus. En Ghengdu saqué la visa especial (¡el cónsul cubrió todos los gastos!) y en avión, como todo el mundo, llegué a Lhasa.

Chengdou - China
 Si les interesa, pueden pulsar aquí par ver más fotografías de este viaje.
Muchas gracias a todos y hasta la próxima aventura!!

viernes, 18 de febrero de 2011

Idas y venidas por los caminos del Tibet. La autorización del cónsul

Por ese camino no vas a tener ningún problema con la policía” me dijo claramente el cónsul de mi país en Beijing, China. Con estas palabras me transmitió seguridad y confianza y, de paso, me dio el visto bueno para que ingresara por tierra al Tibet, a través del camino oeste desde Chengdu, Sichuan.
Si llegas a tener algún inconveniente, ya sabes, me llamas a mi tel. personal” subrayó en un gesto protector el diplomático, antes de despedirse de mi, en el bar de un fastuoso hotel céntrico de la capital china, donde nos habíamos citado un rato antes.
Y yo le creí, claro. Era el cónsul!!!. A pesar que varios viajeros me habían dicho que no se podía entrar solo y la única manera era en grupo, por aire y con una visa especial.
De esa manera, unos días después me encontraba a las puertas de la meseta tibetana, en la provincia china de Sichuan sin notar ningún problema más allá de mi propio cansancio de interminables horas en tren y gente y más gente.

Losang y sus alumnos. Luhuo - China
No quiero mentirles. Pero parecía estar metido en un film bizarro y como protagonista un bus destartalado que nos llevaba por polvorientos caminos de nunca acabar. Y entre tantos y zigzagueantes caminos  y precipicios a través de los montes Hengduan, el bus paró, de repente, en la nada y subió un joven monje tibetano.
Se llamaba Losang y, de inmediato, nos hicimos tan compinches que cuando llegamos a Luhuo me invitó a pasar la noche en su casa: el monasterio Chori Theyhor.
Al otro día, recorrimos juntos la monumental edificación construída hacía cinco siglos. Losang era uno de los profesores. Y me hizo conocer las aulas donde alrededor de 100 entusiastas niños estudiaban y leían libros religiosos en voz alta. Luego me mostró orgulloso la imagen del Dalai Lama escondida detrás de un mueble. “Si me ven con ella, los chinos me meten en la cárcel” me señaló este joven tibetano. Antes de partir, me dio la dirección de su prima que vivía en Dege, mi proxima parada. “Por si tienes algún problema” me sugirió paternal.
Con los salvoconductos del cónsul y la pariente de Losang, arribé a Dege a media tarde convencido de lograr mis propósitos y me sentía inmune a todo. Por eso no me molestó que el pequeño y desolado pueblo fronterizo con Tibet no me ofreciera buenas sensaciones. Los locales de este pueblo me miraban mal, con recelo y cuando trataba de hablarles, literalmente huían. ¿Era un presagio de que algo andaba mal? Aún no lo sabía.


Monasterio de Dege - China (posee la única imprenta de textos budistas tibetanos)
Por lo pronto, no deseaba entretenerme mucho más tiempo por allí. Tenía malos presagios. No me gustan los pueblos fronterizos y sabía, además, que no había buses ni trenes ese día. Por lo que intenté buscar cualquier otro transporte para largarme pronto. Y conseguí un camión que partía al amanecer a Jamda, pueblo ubicado a unos 120 km. en territorio tibetano.
Con un grupo de nómades como compañeros, nos instalamos en la parte de atrás del camión sólo cubierto por una lona a punto de romperse. Afuera arreciaba un temporal de nieve y frío increíbles. La meseta tibetana es áspera en todos los sentidos hasta para el alma.
Y en un momento de este duro viaje, el camión paró en un abra a 4.500 metros de altura. No había forma de seguir. El camino estaba abarrotado de hielo. Fueron momentos de total incertidumbre hasta que vaya a saber como, en unas horas partimos nuevamente y arribamos a Jamda casi de noche.

Abra a 4.500 metros de alura. Abajo, serpenteante camino a Jamda - Tibet
 Allí me encontré por primera vez con la policía china. 
Les agradezco la atención a este relato, de corazón. Pero esta historia seguirá el lunes que viene. Les deseo un buen fin de semana y hasta pronto!!