Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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lunes, 9 de noviembre de 2015

Efecto shibui

Cuenta el periodista Ashley Khan que cuando escucha Kind of Blue de Miles Davis “siempre me viene a la mente una fotografía de revista que recorté hace años, de unas hojas de arce asomando a través de una valla de bambú desgastada, con la leyenda:  Cuando la belleza alcanza una gran sutileza, los japoneses llaman a este efecto shibui…elegancia contenida".
Y el mismo autor explica que el término shibui no tiene un equivalente preciso en inglés o en castellano pero aclara que es como un efecto, no un atributo de una pieza musical o una imagen sino perteneciente al propio acto de apreciación.
Más allá de todas las reglas implícitas que tiene el lenguaje fotográfico, el acto de apreciación escapa a un análisis analítico y explora,  la intensa reacción emocional y complicidad entre una imagen y quien la observa. Un momento, más íntimo,  aparentemente azoroso e impredecible.
Y cada uno de nosotros entabla relaciones emocionales diferentes con las imágenes preferidas y en este post, quiero mostrar algunas que me produjeron ese “efecto shibui”.


© Sergio Larraín

Siempre vuelvo a esta imagen de Sergio Larraín que pertenece a su libro London. Es misteriosa, enigmática y cada vez que me hallo en algún lugar y hay neblina, me viene a la cabeza esta estupenda fotografía del gran maestro chileno.


de su libro Los Americanos © Robert Frank

Siempre que viajo y siento la libertad de la incertidumbre pienso en esta foto de Robert Frank. Me conmueve la infinitud que me transmite.



de su libro Gypsies © Josef Koudelka

Cada vez que pienso en la magia, en esos momentos un tanto esotéricos, me acuerdo de esta imagen de Josef Koudelka y quedo suspendido como esa bola en el horizonte.



Ruta 66, Albuquerque, Nueva México 1969 © Ernst Haas

No sé como explicarlo, pero siempre que me tropiezo con una luz especial, por ejemplo luego de una gran tormenta; me viene a la cabeza esta fotografía de Ernst Haas que sirve de inspiración en el color.


de su libro Pisadas Sonámbulas © Navia

Me reconozco en esta imagen de Navia como una presencia difusa que se deja llevar por los recuerdos junto al mar. Cada vez que la miro, me recorre una sensación de melancolía difícil de cuantificar.


© Henri Cartier Bresson

Que decir de esta imagen que conocí antes que a su famoso autor: Henri Cartier Bresson. Y como a muchos nos ha pasado, esta fotografía es como parte de mis mejores recuerdos de infancia. Y es algo que tampoco se puede explicar con palabras.


© Harry Gruyaert

Hay algo de esencia, de sugerencia, de huellas festivas que, muchas veces me llevan a esta imagen de Harry Gruyaert.  Es como una emoción contenida de alguna fiesta de pueblo que ya ocurrió o que ocurrirá. Algo también ligado a la infancia tantas veces perdidas.


En una ocasión, luego de escuchar una grabación del Concierto para la mano izquierda y orquesta de Ravel interpretado por Arturo Benedetti Michelangeli,  Miles Davis señaló que "cuando toca, lo hace como si no tuviera que volver a tocar esto nunca jamás". Y algo de todo ello, me pasa a mi como a todos nosotros cuando nos encontramos con esas fotografías que dejan un efecto "shibui" en nuestros corazones. Y esa virtud es parte del lenguaje de la vida.
hasta pronto!


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miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿Color o blanco y negro?,¿ vale la pena esta pregunta?

Hoy me voy a poner un poco en juez porque últimamente vivo bastante preocupado por los caminos que está tomando la fotografía y en especial, la urbana. En mis talleres de fotografía siempre me enfrento con el longevo problema de los alumnos que dudan a la hora de hacer fotos a color o blanco y negro. Y siempre les digo que no es un problema de actitud, sino de tomar ciertas decisiones previas al acto fotográfico.
Desde mi punto de vista,  esas “decisiones previas” facilitan el hacer imágenes; para que el fotógrafo deje fluir naturalmente su curiosidad visual sabiendo perfectamente que,  según la elección cromática, la forma de mirar será distinta. Y eso será un problema menos, sin prejuicios de composición.
Sin embargo,  lo que  más me preocupa y,  por experiencia lo digo, es que el fotógrafo transforme en monocromático,  una imagen pensada en color y lo haga luego en la edición. Y esa es la peor decisión que pueda tomar porque no asume que hay un problema y se convierte en algo tóxico para su trabajo .
Para mi,  el lenguaje fotográfico es algo serio como la decisión de hacer fotografías a color después de pasar largas estancias en el blanco y negro. Existen muchas decisiones fundamentales para llegar a ese convencimiento. Y no lo veo serio que alguien cambie de cromatismos porque “queda mejor”.  Un consejo: no debemos acostumbrarnos a tomar esas decisiones tan a la ligera. Repito, el lenguaje fotográfico es algo serio.

Voy a poner el ejemplo de dos fotógrafos: Alex Webb y Costa Manos que han pasado del blanco y negro al color y en la evolución de sus carreras fotográficas se puede entender porque han tomado esas decisiones que finalmente influyeron en su manera de componer.


de su proyecto sobre los griegos realizado en la década del '60. © Costa Manos

de su trabajo American Color que recoje sus trabajos a color realizado en la década del '70 © Costa Manos

Ciudad Juárez, Mëxico 1978. Un año después comenzaría a trabajar a color © Alex Webb
Grenada 1979 © Alex Webb

Espero vuestras reflexiones. Quizás entre todos podamos aportar un granito de arena de entendimiento. Hasta pronto!


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lunes, 2 de noviembre de 2015

La dictadura de lo horizontal

Cuando comencé en este noble oficio de la fotografía, me resultaba muy natural realizar imágenes en verticales. Me parecía más interesante y transgresor: tenía que rotar hacia la izquierda y eso me gustaba. Además, me daba sensación de “ir más lejos” con la mirada. Y eso también era interesante.
Con el tiempo, esa natural tendencia, la fui perdiendo quizás porque los editores “me obligaban” con el formato horizontal para publicar en diarios o revistas de viajes. Según ellos, era el más idóneo para llenar los espacios vacíos que dejaba el texto y la publicidad. Y los diseños de los espacios virtuales de las webs han seguido esa tendencia en la era digital. Además, los monitores de los ordenadores tienen la ubicuidad horizontal que acentúa aún más el uso de fotografías horizontales: “se ven mejor”, dicen los entendidos.
Siguiendo mi teoría y mi experiencia, esa tendencia natural, en vertical, de mis primeros tanteos fotográficos también la encontré en varios de los alumnos de mis talleres que daban sus primeros pasos en eso de disfrutar de hacer fotos.  
Y todo ello me hace pensar en dos maestros de la fotografía vertical que nunca renunciaron a su uso y me parecen dos ejemplos a seguir.


© André Kertész
© André Kertész























No voy a entrar en este post a realizar comparaciones, usos o diferencias entre imágenes verticales y horizontales. De ello, hablan las escuelas y los manuales. Lo único que diré es que en el formato vertical, las composiciones tienen una organización de líneas y objetos más restringida,comprimida que en el formato apaisado y eso le da un valor más conceptual y sugerente a la imagen. Quizás por allí venga esa inclinación natural de muchos entusiastas a realizar algo distinto a lo convencional. Y quizás con el tiempo eso se pierde. Y esto lo digo con signo de interrogación, como un debate en ciernes.


© Sergio Larraín
© Sergio Larraín

Hasta pronto!



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miércoles, 28 de octubre de 2015

El camino hacia lo esencial

© Nils Jorgensen

Creo que un gran desafío de la fotografía urbana a color (aparte de la creación de proyectos interesantes y diferentes) es tener la capacidad de reducir todo a lo esencial e intencionadamente, saber excluir lo que no aporta o minimiza la potencia visual original.

© Nils Jorgensen

No lo encuentro en muchas de las fotografías que veo hoy en día. Y lo digo desde la abundancia, desde el tsunami visual en el cual vivimos.


© Siegfried Hansen

El fotógrafo colorista atento al encuentro de elementos visuales potentes, no siempre consigue la completitud a través de lo esencial. Un camino más arduo que la complejidad.


© Rafa Badia

Esa extraña capacidad de generar emociones a través de lo justo en líneas, en proporciones, en escasez de color realza la capacidad del fotógrafo a ser más un acompañante de la imagen y no,  un protagonista responsable de la espectacularidad de la foto.


© Jontxu Fernandez


Desde mi punto de vista, ese minimalismo, esa escasez le otorga protagonismo al ritmo visual y el fondo (muchas veces dejado de lado por la búsqueda del instante decisivo) sobresale en su segundo plano, se despega desde lo sugerente. 


© Alberte Pereira

Espero que la escasez de palabras también haya sido útil para centrarnos sólo en el lenguaje visual.
Hasta pronto!



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lunes, 26 de octubre de 2015

Más ligado a las tripas que a la cabeza

En el mundo de las instantáneas,  la espontaneidad es fruto de la improvisación y eso escapa a cualquier explicación y encierra el secreto de la emoción que transmite una buena imagen.
El que mejor se acerca con palabras al significado de todo ello, (¡vaya contradición!) es la del gran pianista de jazz, Bill Evans que en la contratapa del disco de vinilo de Kind of Blues (Columbia 1959) de Miles Davis dijo lo siguiente:  “Existe un arte visual japonés en el que el artista está obligado a ser espontáneo. Tiene que pintar en un pergamino delgado extendido con un pincel especial y pintura negra de acuarela, de tal manera que un brochazo forzado o interrumpido destruirá la línea o atravesará el pergamino.”
Luego Evans, añade un plus…“estos artistas deben practicar una disciplina específica, la de permitir que la idea se exprese a sí misma en comunicación con sus manos de forma tan directa que no puede interferir la deliberación”.
Y allí entra en juego, la intuición que necesita el creador visual (y da lo mismo tener un pincel o una cámara) para tomar una instantánea en el momento adecuado.
Serán cosas del azar o de la intuición tal vez; pero mientras pensaba en todo ello el fin de semana pasado,  me encontré (un poco tarde porque fue publicado en el 2005) con Paradiso del fotógrafo italiano Lorenzo Castore.

© Lorenzo Castore

© Lorenzo Castore



Confieso que sus imágenes se clavaron en mis retinas (como me pasó con Half Life de Michael Ackerman).


© Lorenzo Castore

Las imágenes de Castore me transmitieron una suerte de emoción contenida y de misterio, gracias a la estética utilizada, al sutil desenfoque y movimiento de cámara empleado.


© Lorenzo Castore

 Pero por sobre todas las cosas técnicas, Castore tiene esa intuición tan necesaria de la  que tanto habla Evans en su intento por descifrar momentos  más ligados a las tripas que a la cabeza. 
Hasta el miércoles!



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miércoles, 21 de octubre de 2015

Las formas tienen caras de color

“La ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en las astas de las banderas, en las antenas de los pararrayos…” Italo Calvino.  Las ciudades y la memoria 3. Las Ciudades invisibles

Anoche mientras leía estos deliciosos párrafos de ItaloCalvino, me puse a pensar en lo que incluimos y en lo que excluimos al realizar una fotografía. Y en mi caso especial,  como un apasionado estudiante de fotografía que soy,  intrigado por el color y las formas geométricas.
A los que nos gusta  disfrutar de hacer fotografías (o “quitar” como dicen los gallegos)  y que lo pensamos todo en color;  organizamos rápidamente la escena a componer,  a través de ciertas masas coloreadas que nos llaman la atención. 


Las Palmas de Gran Canaria 2014

Y partir de allí viene el resto.
Con mucha práctica, hilar imaginariamente ciertas formas geométricas (recuerden que el gran secreto de todo esto está en los interminables paseos callejeros y equivocarse mucho. Así, creo que uno aprende). Dicen los entendidos que la forma más natural es el triángulo. Eso da a la composición profundidad, dinamismo y planos. Así dicen los especialistas y creo que tienen razón. A mi me da resultados.


Plaça Sant Jaume, Barcelona 2015




Ahora tomaré el ejemplo de un gran fotógrafo italiano: Franco Fontana que utiliza magistralmente las formas geométricas en función del color.


© Franco Fontana

© Franco Fontana

De esa manera, Fontana crea paisajes abstractos de los espacios urbanos muy a la idea de las ciudades invisibles de Italo Calvino.


© Franco Fontana

© Franco Fontana

Vale como inspiración visual este fotógrafo, pero vale más aún como interacciona los colores y le otorga un protagonismo esencial a las formas geométricas. Algo a tener en cuenta para los que nos gusta la fotografía a color.


© Franco Fontana

© Franco Fontana
Hasta pronto!


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lunes, 19 de octubre de 2015

Cuestiones de lenguaje

Vaticano durante  el anuncio del nuevo Papa. 2013. Foto: AP

Para no pecar de apocalíptico con lo que voy a hablar en este post;  una nota publicada ayer en El Pais,  me dejo bastante satisfecho porque es lo que yo pienso y que , más o menos, es el camino que está tomando en la actualidad el hacer fotos para la gente.
Javier Sampedro, el autor de esta interesante nota,  señala en uno de los párrafos finales que “la gente, sobre todo el público joven, utiliza la fotografía no ya como registro gráfico, o como sustituto de la memoria; sino como un lenguaje de comunicación”.
Y aquí me quiero parar un rato.
La fotografía es como todo lenguaje social,  una herramienta de interacción humana y por consiguiente de comunicación social. Pero el problema es que si nos quedarnos solo en ese estadio, la consecuencia más inmediata es la vulgarización del lenguaje fotográfico. Algo que ocurre con el uso casi obsesivo que se hace del móvil en cualquier entorno. 
La semana pasada pensaba en ello mientras observaba (sin hacer fotos) la magnificencia de la cúpula de San Pedro en el Vaticano, mientras por delante y por detrás la gente hacía fotos con los móviles sin preocuparse por contemplarlo sólo con los ojos. Lo importante era mirar la cúpula a través del móvil. Un detalle que cada vez me fastidia más y me lleva a seguir en mi tesitura de no tener un móvil inteligente. 
Sin ir más lejos, el otro día me encontré en las redes sociales con la publicidad de un taller de fotografía de calle que se vendía como un workshop cuyo objetivo fundamental era hacer imágenes callejeras como algo terapéutico y “no importaba la nitidez y la técnica”. De esa manera, seguimos apostando por una fotografía más ligada a razones comunicacionales. Y no está mal, sólo que nos olvidamos de lo más importante: que es un documento con sus reglas internas de composición visual y por ello se merece un respeto como un lenguaje autónomo más allá del comunicacional.
Un tema para debatir y del que no veo soluciones aparentes ante el tsunami de imágenes que llenan las redes sociales cada minuto.  Al final de la nota, Sampedro dice: “Hacemos demasiadas fotos? No; pensamos poco.” Y allí tenemos un problema de difícil diagnóstico.

Hasta pronto!


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