Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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viernes, 31 de enero de 2014

Hay que besarse más

A pesar de haber vivido experiencias tan fuertes y dramáticas como la Guerra del Golfo, Irak, Kosovo o Chechenia, el fotoperiodista americano Peter Turnley siempre encontró un tiempo para fotografiar momentos de poesía, de amor en el lugar donde residía. Quizás para él fue como una especie de terapia ante tanto encargo fotográfico de guerra.
Y así lo hizo durante 40 años en París, su ciudad adoptiva y hace poco publicó lo mejor de ese trabajo:  French Kiss. A love Letter to París.



El libro contiene 138 fotografías tomadas por el autor en distintas épocas de la capital francesa.

© Peter Turnley
© Peter Turnley

© Peter Turnley


“He estado siempre muy fascinado por la idea del instante decisivo.  Nunca me olvido del consejo de mi amigo, el gran fotógrafo Édouard Boubat que una tarde me susurró al oído: <si se mantiene la cabeza erguida, los ojos y el corazón abiertos, hay un regalo para usted en la esquina de cada calle” señaló Turnley al blog de Leica.




Y hablando de besos, de París y del fin de semana que se avecina, los dejo con un video donde podrán oír el capítulo 7 de una de las novelas más importantes del siglo XX: Rayuela, leída por el propio autor de este gran libro: Julio Cortázar. Les soy sincero, nunca había leído algo tan hermoso sobre la emoción del beso. Hasta el lunes!


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Cortázar, un street photographer literario y de jazz



Julio Cortázar amaba deambular sin rumbo fijo por las ciudades. Y, en especial por su Buenos Aires, Barcelona o Paris.
Algo de todo ese deambular errático y sin planes fijos puede evocarse a través del personaje de Horacio Olivera de su gran novela Rayuela, justamente ambientada en Paris.

París. 1957 © Willy Ronis
Olivera es un exiliado argentino apasionado por el jazz, los bares y los personajes que merodean por allí. Siempre buscando a La Maga, su amor o recorriendo hoteles viejos en el Barrio Latino entre sonidos distantes  del jazz que inundan su vida.

Café de Flores - París - 1958 © Dennis Stock
Esa compleja trama literaria evoca la esencia del street photography de los años cincuenta o sesenta del siglo pasado.

París 1959 © Saul Leiter
 Ya lo decía Rafa Badia en su excelente post en el blog de Calle 35: “Casi es un lugar común afirmar que los sonidos cálidos del jazz se ajustan a la perfección con las fotos callejeras americanas del siglo XX”. 

París - 1956 © Willy Ronis

Paris - 1958 © Henri Cartier Bresson
Y los giros musicales de Dizzy Gillespie, Coleman Hawkins, Bill Coleman, Bessie Smith, Coleman Hampton o Duke Ellington acompañan como musas inspiradoras el paseo de Olivera de página a página, de capítulo a capítulo por Paris, la ciudad más americana de Europa de aquella época,  en lo que a jazz se refiere.

Fotografía de la cubierta: Sara Facio




Algo de todo ello, narra Pilar Peyrats Lasuén en su libro Jazzuela, reeditado hace unos días por Satélite K. “Jazzuela es por tanto un viaje musical a lo largo de los capítulos 10 al 18 de la novela, concentrados en las actividades del Club de la Serpiente. En este club, el jazz es un personaje más que incide directamente en los protagonistas” señala la escritora.




Capítulo 11
“ Lo inicia Ossip Gregorovius bebiendo vodka y mirando la llama de las velas a través de su vaso, que son tan ajenas como la corneta de Bix …entrando y saliendo desde un tiempo diferente..
Es el tiempo de la música, el tiempo del otro lado, no el de los relojes. Ossip contempla extasiado a la Maga, le pregunta por su país, Montevideo, y Ronald pone un disco de Lester Young y los Kansas City Six, pidiendo silencio; suena Four O’clock Drag”.  
Julio Cortázar - Rayuela


Hasta el viernes!!

lunes, 7 de febrero de 2011

Nadie acabará con los libros (y con la fotografía tampoco)


André´Kertész- El puente de las artes - París 1963

La íntima conversación que se establece entre el libro y la fotografía es como la relación entre dos hermanos que han crecido juntos con una gran pasión y respeto.
Y a título personal, a pesar de los cambios tecnológicos y los nuevos soportes informáticos, no hay nada más hermoso que leer o mirar ( en mi caso) un buen libro de fotografía sentado en el sofá de tu casa.
Son placeres que ninguna virtualidad puede reemplazar. A lo sumo, lo pueden complementar
Algo de todo ello, aparece en un diálogo muy intenso que entablaron Umberto Eco y Jean- Claude Carrière, en un libro publicado por Lumen el año pasado y que se titula justamente: Nadie acabará con los libros.
Un gran acierto de la publicación fue incluir al inicio de cada capítulo, algunas imágenes del fotógrafo húngaro André Kertész perteneciente a su ensayo fotográfico "El íntimo placer de leer"; exposición que se hizo en Barcelona en el 2008.


Recuerdo que durante esa exposición. en los pasillos del Espai Cultural de Obra Social Caja Madrid, las fotografías de Kertész fueron dispuestas en pupitres inclinados. Como si fuéramos (los visitantes) a leer un libro. “Entre la lectura y la fotografía hay mucho en común - decían los organizadores -  hasta en la forma de inclinarse”.

André Kertész - Nueva York - 1944
De esa manera junto con las imágenes del magiar, me introduje con curiosidad por las vibrantes páginas de este libro que recomiendo leer porque es didáctico, de fácil lectura y con un montón de referencias a grandes libros y reflexiones muy lúdicas.
Y quien mejor que estos dos intelectuales que se definen, a sí mismos,  como empedernidos bibliófilos.
Como me pasó con Rayuela de Julio Cortázar, en este libro se puede entrar por cualquier capítulo y no perder el hilo de la cuestión. El diálogo de estos eruditos permite a los lectores ir para atrás y para adelante como si se tratara de un frenético paseo por el pasado, el presente y el futuro de la lectura.

André Kertész - Biblioteca - París

“Resulta erróneo imaginar – señala Carriére –  un continente africano sin libros, como si los libros hubieran sido el signo distintivo de nuestra civilización. La biblioteca de Tombuctú (o Timbuctú) se fue enriqueciendo en el curso de su historia con las obras que los estudiosos que, desde la Edad Media, iban a ver a los sabios negros de Mali. Y portaban libros consigo como moneda de cambio y los dejaban allí”. (pág 108)
En otro apartado, Eco señala que el libro perdurará con las nuevas tecnologías. “Con Internet hemos vuelto a la era alfabética. Si alguna vez pensamos que habíamos entrado en la civilización de las imágenes, pues bien, el ordenador nos ha vuelto a introducir en la Galaxia Gutemberg y todos se ven obligados a leer”.

Pero por otra parte, el semiólogo italiano crítica la “aceleración” de las nuevas tecnologías que “contribuye a borrar la memoria”.
“Aún podemos leer un texto impreso hace seis siglos – señala Carrière - Pero ya no podemos ver una cinta de vídeo o un CD – ROM de hace apenas unos años. A menos que conservemos nuestros ordenadores en el trastero”. (pág 30)
En este sentido, el dramaturgo francés que (colaboró, con Luis Buñuel ) aporta una lúcida idea de lo que está pasando en la actualidad:
 “Estamos situados en la movilidad, en la mutabilidad, en la renovabilidad, en lo efímero, en una época en que vivimos siempre más…..Estamos condenados a ser eternos estudiantes” (pág. 60) debido al constante y heterogéneo flujo de información que brinda la Web.
La verdad es que no tiene desperdicios este simpático libro ni las fotografías de Kertész.
 Y para terminar quiero citar una frase de Hermann Hesse ( de los años treinta del siglo pasado) encontrada en sus páginas que ilustra y predice un poco el futuro del libro:

André Kertész - Hungría - 1915


“Cuanto más satisfagan con el tiempo ciertas necesidades populares de entretenimiento y enseñanza a través de otros inventos, más recuperará el libro su dignidad y autoridad…No hemos alcanzado todavía el punto en el que los nuevos inventos rivales, como la radio, el cine, etc,  descarguen al libro de esa parte de sus funciones que merecen la pena”.


Hasta pronto!!