Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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miércoles, 11 de enero de 2017

Fotógrafo explorador, viajero, turista



Me gusta mucho cuando algún libro interesante llega a tu vida en el momento adecuado. Algo de ello me pasó hace poco con un clásico de Marc Augé: El viaje imposible. El turismo y sus imágenes. Un libro que habla, en general, sobre la programación industrializada de los viajes, el turismo estereotipado, los exploradores sin mapas, el turista consumidor y, un largo etc.

(c) Martin Parr

Pero lo más interesante, es que me estimuló a reflexionar sobre el comportamiento del fotógrafo urbano contemporáneo cuando visita una nueva ciudad.
En ese sentido, los fotógrafos no somos extraterrestres que vivimos ajenos a ese turismo estereotipado. Todo lo contrario, estamos inmersos en él y, a lo sumo, algunos enfilan sus cámaras hacia la lectura visual de ese fenómeno como hace Martin Parr.


(c) Martin Parr

No obstante, la mayoría, nos comportamos como simples fotógrafos turistas aunque nos gustaría ser un poco exploradores o,  por lo menos, viajeros.
Pero hablemos un poco sobre este rollo de fotógrafos exploradores, viajeros y turistas que tanto me interesa hablar aqui.
Siguiendo la lógica de Augé, un fotógrafo urbano explorador se interesa por lo nuevo. Intenta descubrir mientras deambula libremente, sin prejuicios por los espacios públicos. No tiene imágenes previas y le encanta enfrentarse a realidades desconocidas. Aunque la esencia se debe mantener, normalmente esta expectativa fotográfica es una utopía, un ideal en el mundo contemporáneo con tanto tsunami visual.

(c) Martin Parr


Por eso, nos tenemos que contentar con la idea del fotógrafo urbano viajero a quien ya no le atrae lo desconocido o lo inexplorado. Sino que tiene una imagen de lo que se va a encontrar. Ya posee una idea, ha construido una imagen y vive su viaje en un futuro anticipado.
Sin embargo, casi todos estamos insertos en el tópico de: el fotógrafo urbano turístico quien viaja entre dos imágenes. Con la imagen que le han presentado que le anticipa los espacios públicos a los que se traslada. Y las imágenes que tomará para contar ese mismo lugar.


(c) Mark Cohen

 Y aquí me quiero parar un rato:  en general, el turista no llegará a ver tan bien los lugares como los puede ver un local. En este sentido, nadie observará mejor la ciudad que un fotógrafo local. Por eso, el valor de lo cotidiano tiene mucha importancia en la fotografía urbana contemporánea. O por lo menos, un camino fértil a seguir.

 Hasta pronto!


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miércoles, 26 de enero de 2011

Como seguir siendo pobres pero verdes. Apuntes sobre un libro de viajes

Esa parece ser la letal afirmación del escritor y viajero argentino Martín Caparrós que subyace latente en todo su excelente y comprometido libro de viaje: "Contra el cambio" que ha sido publicado el año pasado por Anagrama.
Y por cierto, me parece muy recomendable, para los amantes de los viajes, darle un vistazo; ya que realiza un entretenido, afilado y reflexivo recorrido por una decena de países que sufren la tan mentada amenaza climática. Y también es un libro provocativo.
“Los países centrales – dice en la pág 40 – ya hicieron su conquista de la naturaleza, su desarrollo sucio. Y el mundo está como está porque ellos lo hicieron, pero ahora se dedican a dictar normas a los países más pobres sobre cómo proteger esa naturaleza que ellos ya se cargaron”.
“Es como un chiste – señala el escritor – que los grandes impulsores de la ecología sean las sociedades que ya cambiaron sus ecosistemas hace tres, cinco, dos siglos para adaptarlos a sus necesidades y apetitos. Ahora quieren que los otros, los pobres, respeten lo que ellos no respetaron, so capa de – salvar al planeta -. Esa es, ahora, una de las claves del debate”.
Mientras recorre el Amazonas brasilero, el viajero toma contacto con las necesidades de la gente que vive allí y constata que por una cuestión vital, muchos desforestan el terreno para cultivar maíz y otros cultivos básicos para su alimentación. Y se acuerda de los ecologistas del primer mundo: “es muy fácil serlo a la distancia y lamentar la destrucción de la selva desde San Francisco o París, que resistir a la tentación de quemar los árboles que una vez desmontado podría alimentar al que lo quema. Sobretodo, cuando nadie le ofrece otra solución para su hambre”. (pág. 30)
Podría dar un montón de ejemplos más que encuentro en este libro que no tiene desperdicios de ningún tipo, ni de contenido ni de la forma tan atractiva, amena que está escrito.
Por estos motivos (y para que ustedes, lectores cómplices, los descubran leyéndolo) quiero terminar este post con un video explicativo de Caparrós que encontré en You Tube. Hasta pronto!!

lunes, 2 de agosto de 2010

Un viajero romántico en alta mar


Desde que lo conocí a Alex en la vieja Katmandú de Nepal, me despertó una suerte de empatía natural hacia él, debido - en gran parte - al auténtico y particular magnetismo que destilaba.
Mientras caminábamos por las callejuelas de Thamel nos preguntábamos que cuernos hacíamos allí y como y porqué habíamos llegado. Y él, a mitad de camino entre la timidez y una audacia en ciernes, me contó que un día decidíó comenzar a viajar sin planes inmediatos a la vista;  sólo dejándose llevar por las incertidumbres de un largo viaje. De esa manera recorrió unos 40.000 km. Y, entre trenes, buses, coches y algunos carruajes, había deambulado por más de un año por Siberia, Rusia, Irán, China, Tibet, Pakistán, Uzbekistán y otros países de la extinta Unión Soviética.
Un tiempo después, nos volvimos a encontrar pero en su Barcelona natal. En esa ocasión, Alex ofició de anfitrión y yo de “okupa” en su piso de Ronda Sant Antoni por unos días, antes de emprender mi vuelta a Argentina. También, luego de un largo año viajando por Oriente.
Y pasaron unos años sin saber nada, absolutamente nada de él. Hasta que hace unos días recibí un email. Me contaba en la carta que se encontraba en Alaska. Pero en esta ocasión su viaje lo estaba haciendo por el mar.

Alex
“Llevo un año viajando por el océano Pacifico, por mar, pues volar solo vuelan los pajaros y los turistas. Llegué a Nueva Caledonia desde Barcelona. Allí estuve 4 meses laburando y viajando por esas sorprendentes tierras y a navegar, en barco stop, de barco en barco” señala Alex en su carta.
Sus ansias de viajar lo llevaron a "hacer dedo" a cualquier tipo de embarcación con tal de avanzar y hasta ahora lleva 10.000 millas náuticas navegadas. En el medio, se encontró con diferentes islas y culturas: Salomón, Fiyi,  Tuvalu,  Nauru, Kiribati, Isla de Navidad, Fanning, Hawaii.
Islas Salomón
Desde hace unas semanas está en Nome, Alaska, uno de los lugares mas recónditos de la tierra. Allí deambula por el puerto “ a la caza de algún barco que me lleve hacia la costa este (USA) por el legendario pasaje del norte y aunque esta dificil hay que morir con las botas puestas” dice Alex.
Sin embargo,  mientras espera, tiene tiempo para iniciar alguna aventurilla muy propias de él. “ Por aqui me dio por la fiebre del oro y en unos dias parto con un anciano buscador y decadente soñador hacia el Océano Ártico, donde me ha prometido que conoce un lugar en el que hay mas oro que en El Dorado..veremos...De ahi, sino encuentro barco, tiraré por tierra cruzando Canadá para llegar a NuevaYork.”.


Por último, deseo hacer una petición a algún lector cómplice. Si alguien está interesado en ayudarle con alguna información útil o solamente lo quiere saludar y darle estímulos para seguir con esta aventura no tiene más que escribirle a este email: elmelitoviajero@yahoo.es . ¡Muchas gracias!