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viernes, 4 de abril de 2014
viernes, 25 de marzo de 2011
El arte de lo real. Hopper y Meyerowitz
Desde que descubrí el trabajo de Edward Hopper a partir del post que hizo Carlos Prieto, mi buen amigo y compañero de Calle 35; me sumergí en su obra y, con creciente sorpresa, encontré que el artista fue una enorme influencia para varios pintores contemporáneos, musa visual para algunos directores de cine y por supuesto, contrapunto para fotógrafos y en especial, para los street photographers.
Detrás de la pura representación de situaciones, a mi entender, en los cuadros de Hopper se esconde siempre la pregunta sobre qué representan realmente, a qué realidad remiten. En ese extraño “sugerir algo que está fuera de nuestra percepción” de su obra; algunos street photographers como Joel Meyerowitz y otros comenzaron a explorar también su trabajo.
Hasta tal punto que, en 1992, armaron una exposición - debate en Essen Alemania titulada “El arte de lo real”: Edward Hopper y Fotografía.
Allí se cotejaron los cuadros del artista con la obra de varios fotógrafos norteamericanos. Y el objetivo era aclarar fenómenos emparentados en ambos campos visuales.
En este contexto, Meyerowitz aportó lo suyo. Por ejemplo, cotejó su fotografía Interior en Nueva York con “Las once de la mañana” de Hopper.
El fotógrafo norteamericano llegó a la conclusión que el motivo era parecido pero no el tema. “En mi fotografía – dice Meyerowitz – la posición de la mujer es parecida al igual que la incidencia de la luz. Pero ha desaparecido las complicadas implicaciones que Hopper ha añadido a su cuadro”.
De esta forma, la foto de Meyerowitz refleja más una diferencia de comportamientos perceptivos que un parecido de imágenes.
Meyerowitz se remite al momento fotográfico en ambos casos y añade: “En este momento de calma, con el que la fotografía llena el tiempo cotidiano, se encuentra la coincidencia con Hooper. En el artista es la relación especial de consciencia y concentración y su admiración. Y finalmente su identificación con el mundo de los fenómenos, lo que le permite imprimir a su obra una calidad indescriptible, que es lo que nos referimos cuando intentamos hablar de sus cuadros”.
Durante esa pionera exposición que se llevó a cabo en el Museo Folkwang, los fotógrafos allí reunidos hicieron hincapié en la diferencia fundamental entre el carácter de la fotografía como hecho momentáneo y el carácter de la pintura como proceso. “El propio Hopper – dice Meyerovitz – hacía fotografías como base de sus ilustraciones. Pero el artista llegaba a un punto que no confiaba ciegamente en la imagen reproducida”.
De esa manera, el ojo para Hopper se convierte en su visión interna, en la imagen en sí misma.
Detrás de la pura representación de situaciones, a mi entender, en los cuadros de Hopper se esconde siempre la pregunta sobre qué representan realmente, a qué realidad remiten. En ese extraño “sugerir algo que está fuera de nuestra percepción” de su obra; algunos street photographers como Joel Meyerowitz y otros comenzaron a explorar también su trabajo.
Hasta tal punto que, en 1992, armaron una exposición - debate en Essen Alemania titulada “El arte de lo real”: Edward Hopper y Fotografía.
Allí se cotejaron los cuadros del artista con la obra de varios fotógrafos norteamericanos. Y el objetivo era aclarar fenómenos emparentados en ambos campos visuales.
En este contexto, Meyerowitz aportó lo suyo. Por ejemplo, cotejó su fotografía Interior en Nueva York con “Las once de la mañana” de Hopper.
![]() |
| Interior en Nueva York, 1991 © Joel Meyerowitz |
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| Las once de la mañana (1926). Edward Hopper |
De esta forma, la foto de Meyerowitz refleja más una diferencia de comportamientos perceptivos que un parecido de imágenes.
Meyerowitz se remite al momento fotográfico en ambos casos y añade: “En este momento de calma, con el que la fotografía llena el tiempo cotidiano, se encuentra la coincidencia con Hooper. En el artista es la relación especial de consciencia y concentración y su admiración. Y finalmente su identificación con el mundo de los fenómenos, lo que le permite imprimir a su obra una calidad indescriptible, que es lo que nos referimos cuando intentamos hablar de sus cuadros”.
Durante esa pionera exposición que se llevó a cabo en el Museo Folkwang, los fotógrafos allí reunidos hicieron hincapié en la diferencia fundamental entre el carácter de la fotografía como hecho momentáneo y el carácter de la pintura como proceso. “El propio Hopper – dice Meyerovitz – hacía fotografías como base de sus ilustraciones. Pero el artista llegaba a un punto que no confiaba ciegamente en la imagen reproducida”.
De esa manera, el ojo para Hopper se convierte en su visión interna, en la imagen en sí misma.
| Habitación de hotel (1931) Edward Hopper |
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