Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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viernes, 27 de septiembre de 2013

El fotógrafo de Dios

Hace unos días me compré una novela que, al principio me cautivó por su nombre: El fotógrafo de Dios (Editorial Norma, 2009).

Y luego de hojear las primeras páginas descubrí que la historia novelada en el libro tenía un gran parecido argumental con la vida de Sergio Larraín, el reconocido y misterioso fotógrafo chileno que alguna vez perteneció a Magnum y luego se hundió (o lo hundieron) en un insólito anonimato.
Así, entre sus hojas, descubro a Manuel Ritjman, el personaje central,  creado por la hábil pluma del escritor Marcelo Simonetti (Valparaíso, 1966),  y que representa a un fotógrafo solitario, sin familia y con una historia de tragedias familiares. De esa manera, Ritjman se embarca en la búsqueda de un tal Santiago Larrea (Sergio Larraín en la ficción).




Pasaje Bavestrello, Valparaíso 1952 © Sergio Larraín





“Quería escribir un libro de otro “desaparecido”: el físico italiano Ettore Majorana…..en medio de la investigación me quedé sin libro. En medio de la frustración se me apareció una foto de Larraín, la de las niñas que bajan por el Pasaje Bavestrello, donde yo viví de niño. Ahí me decidí a escribir la historia” comenta el autor  chileno que en el 2005 obtuvo el Premio Casa de las Américas por su primer novela: La Traición de Borges.




El argumento del libro es el siguente: resulta que Ritjman,  como si se tratara del mismísimo Sherlock Holmes, junto con su compañero Burt Rodriguez  buscan, por encargo de un coleccionista, una foto. Una imagen capturada por Larrea (Larraín) que supuestamente retrató a Dios.

Londres 1959 © Sergio Larraín

Sin embargo, el principal obstáculo es encontrar a Larrea. Nadie sabe dónde vive ya que le dio la espalda al mundo y se dedicó a la búsqueda espiritual.

Londres, 1959 © Sergio Larraín


El juego de ficción y no ficción tan presente en la novela, justamente es lo que me fascinó desde siempre de las fotografías de Larraín. Y en especial,  por una fotografía capturada en París (que aún no conozco) y del imprevisto que ocurre dentro del encuadre que hábilmente Julio Cortázar llevó a un cuento (Las Babas del Diablo) y, luego, Michelángelo Antonioni le puso imagen a través de un icono del pop fílmico: Blow Up.


Una novela que recomiendo para los seguidores de Larraín y por sus míticas historias.