Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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domingo, 6 de junio de 2010

Something

Ahora que estamos en los albores del verano, se avecinan las sensuales formas del amor, y del mar que poco a poco se adueña de los corazones solitarios como en este relato en una lejana playa frente al mar Arábigo...

Something
Ilustración Antonio Boffa

  
   Las luces mortecinas de velas pequeñitas resplandecían en su cara hundida en la extensa playa de Palolem. Una y otra vez recordará esas raras sombras que se dibujaban caprichosamente sobre su rostro anguloso. 
   Sólo la luz diferida de esos ojazos estáticos, fijos, permanecían indisolubles. Una y otra vez en el tiempo.
- Traducime la canción, por favor… - le imploró quien viaja - tu sabés que mi inglés...
- Lo haré - susurró, alzando sus ojos a cielo - déjame escuchar... - y el viajero se sintió un poco más aliviado, menos observado.


“...Algo en su manera de moverse/ me atrae como ninguna otra amante.../

...Algo en su manera de seducirme/ no quiero dejarla ahora/ ahora le creo a ella…”


   Y como en un estado de hipnosis la música se posicionó de su pequeño cuerpo.
George Harrison cantaba soporífero.
   Así, la atmósfera creada anestesió sus sentidos con placeres lúdicos y creyó que el paraíso estaba cerca, demasiado cerca.



viernes, 4 de junio de 2010

O tots espanyols o tots immigrants

   Recuerdo que la imagen que se ilustra aquí abajo la capté hace un poco más de dos años. Y también recuerdo que esas palabras escritas en la pared de una playa de estacionamiento de Figueres me llevaron a realizar algunas reflexiones sobre los inmigrantes en Catalunya. (ver nota)


   Hace unos días volví a pasar por allí y la pintada había cambiado. Por eso saqué una nueva fotografía ya que la imagen se había mutado hacia otros contextos simbólicos, otras realidades. Ahora es O tots españols (habría que decirle a quien lo escribió que la ñ no está en el vocabulario catalán) o tots immigrants.


   España, al igual que estas fotografías, ha cambiado en los últimos dos años. O mejor dicho, se ha transformado. Para algunos, es para bien pero para la gran mayoría es para mal.  Y yo me identifico con lo que piensa la gran mayoría.
    Esa palabra mal escrita en la pared me hace pensar en lo que representa la inmigración actual en el contexto español.
   Ahora que "la lluvia monzónica" asola con fuerza la economía española, ésta muestra todas las debilidades que antes se disimulaban un poco.
   La válvula de escape emerge con más fuerza que antes en la figura de los inmigrantes como bien explica el antropólogo Manuel Delgado en el portal de Prou Racisme. “Los gobernantes encuentran en la inmigración una excusa para explicar el sistemático expolio del estado de bienestar. Los políticos quieren implantar la idea de que hay un problema muy grande, una situación de alarma que requiere de actuaciones decididas, que son poco menos que reacciones prácticamente militares, puesto que nos enfrentan y nos ponen en un auténtico estado de emergencia” señala el antropólogo que tambien es profesor titular en la Universidad de Barcelona.
   Hace unos días, insinuaba algo en mi nota La Memoria del Exilio : ¿ que pasaría si hubiera una "Ley de Arizona" versión española?.
   ¡Tranquilos, queridos lectores! no la han implantado aún en forma oficial. Aunque en Madrid ya hay policías pidiendo documentación a “los de color” en las entradas al subte.
   Y sigue Delgado, que ya a esta altura se ha convertido para mí en un auténtico teórico a seguir en la reflexión sobre los inmigrantes: “Los gobernantes no podían soñar con nada mejor que con la inmigración para justificarse de todo lo que no hacen. En el fondo es su solución para explicar el desorden social desde dentro y exculpar tanto a las mayorías sociales como a sí mismos”.
   En este sentido, Javier Galparsoro en una muy lúcida nota titulada "Con Papeles: Algunos españoles tendríamos que irnos" señala que “el modelo de extranjero que perfilan nuestros dirigentes sigue siendo más parecido al potencial económico de un Messi o los jeques árabes, que al de los “Makumba Malembas” que de manera tan infortunada están intentando arribar en los malditos cayucos hacia la tierra prometida”.
   Y a todas estas situaciones hay que sumarle el endurecimiento de los requisitos a los inmigrantes con más de tres años en este país que tramitan sus papeles de arraigo. La conclusión no puede ser peor: piden más documentos y ejercen más presión sobre los empleadores que los contratan.
    Y no hay que olvidarse que esto pasa ahora, en un estado con más de 5.000.000 de desocupados y entre ellos, muchos inmigrantes.
   Parece ser que los males que aquejan a la España de hoy son varios entre los que se destacan: no poder pagar la hipoteca del piso, perder el trabajo y "ser inmigrante". Pero todo esto va a ser tema para otra nota. O de otras paredes grafiteadas que me hagan reflexionar sobre algunas realidades.

jueves, 3 de junio de 2010

Un reflejo pronto serás...Parte 2

Un nuevo capítulo de reflejos.. que tanto me gustan realizar. Y donde se pueden encontrar diversas asimetrías,  contorneados relieves, otras profundidades y ciertas perspicacias visuales tan propias de las refracciones.


Casa de Música - Oporto - Portugal



Segovia - España

Iglesia Jesuita - Segovia - España

Parque Joan Miró - Barcelona

Sevilla - España

Plaza Jamaa el Fna - Marrakesh - Marruecos

miércoles, 2 de junio de 2010

Selva Central Peruana: el Padre Teodorico Castillo

    Ante todo quiero decir que los sacerdotes católicos no son de mi santa devoción. Y más teniendo en cuenta los graves escándalos sexuales que involucran a muchos de ellos en los últimos años y que dejan muy mal parada a la Iglesia Católica de cara al futuro.
Sin embargo, durante mis viajes tuve la suerte de conocer a varios clérigos que dejan su vida para ayudar a la gente que lo necesita más allá de las ideologías y de ciertos dogmatismos.
 En este sentido vale la pena que nombre a  Pedro Olmedo, el ovispo minero de Jujuy (Argentina) de quien ya hablé en mi blog y,  por supuesto,  Teodorico Castillo, un sacerdote peruano que hace 12 años que no veo pero gracias a Tierra Solidaria, me he enterado que aún sigue trabajando con sus 87 años a cuestas. 
A continuación, transcribo la nota que publiqué en mi facultad, tiempo después del encuentro y aprovecho para agradecer a la fotógrafa Cecilia Larrabure que con gran amabilidad me prestó la imagen de Teodorico que ilustra este post:

Teodorico Castillo © Cecilia Larrabure, proyecto "Ciertos Vacíos" (1996-2007)

Puerto Ocopa. La Misión

    Extenuado,  después de un largo viaje en autobús desde Lima, llegué al pequeño poblado de Puerto Ocopa ubicado justo en la confluencia del río Ene con el  Perené.
  Luego de atravesar unos sembradíos de plátanos y de cacao, me topé de pronto con la majestuosa Misión Franciscana Santa Teresita del Niño de Jesús construída en 1918. Allí, sorprendí al padre Teodorico Castillo arreglando la puerta principal de la antigua capilla mientras alrededor de él, jugaban unos niños asháninkas.
   Parecía un personaje salido de los cuentos de selva de Horacio Quiroga. Muy alto, el rostro curtido por los años, con un gran sombrero de paja, sandalias y una sotana marrón que parecía haber sido usada por el propio San Francisco de Asís.
   Luego de presentarnos, entramos a la pequeña cocina para conversar y allí,  este orgulloso arequipeño de 75 años, me relató un resumen de su historia, su heroico relato de aventuras.
    "Si me quieren matar, que me maten acá, les dije en ese momento a esos asesinos" confesó el sacerdote en referencia a las amenazas de muerte que le hizo Sendero Luminoso  en 1989.
   Ese año los terroristas ocuparon en forma permanente Puerto Ocopa, lugar  de alto valor  estratégico debido a que desde allí se domina la región a través de las dos grandes vias navegables.
   La población asháninka de esa comunidad - alrededor de 500 indígenas- fueron tomados prisioneros. Muchos ellos torturados,  algunos asesinados y otros reclutados para la guerrilla.
   Sólo doce de ellos y el padre Teodorico lograron salvarse y se refugiaron en la misión. En represalia, los subversivos decidieron quemar toda las casas de la comunidad. Lo único que quedó en pie fue la vieja capilla y el convento.
   Durante un año y medio estuvieron aislados del mundo sin ayuda de nadie. A pesar de ello, Castillo aguantó como pudo y me confesó que no se explica como se salvó. 
   "En una ocasión me dijeron que tenía que enseñarles filosofía marxista en la misma capilla y yo me negué,  a pesar que me amenazaron de muerte si no lo hacía" señaló.
   "Cuando la zona se tranquilizó un poco -cuenta el padre- llegó el Ejército a Puerto Ocopa y se acribillaron con los rojos (Sendero Luminoso). Hubo muchos muertos. Ellos estaban en el patio central y en las aulas de la misión y el ejército afuera. Fue una masacre. Las hermanas estaban tiradas en el suelo y yo me salvé otra vez porque estaba en mi casita detrás de la iglesia" describió el padre quien desde hace cuarenta y un años es el director espiritual de los asháninkas de la comunidad.

Después de ese enfrentamiento, la paz llegó a la comunidad y a la vieja misión.
Hoy se respira otro aire en la zona.
Hoy el convento alberga a cientos de niños asháninkas huérfanos de la guerra que le dan un poco de alegría al poblado.
Mientras tanto el padre sigue con la rutina diaria: a las seis de la mañana suenan las campanas y todos van a misa. Luego enseña a los niños a trabajar la tierra y a la tarde van al colegio donde aprenden a escribir en su lengua y en castellano.
   Al preguntarle hasta cuando sería sacerdote, me dijo que: "no podría vivir de otra manera que enseñando aquí en la selva. Usted podría dejar de ser periodista?", me contratacó.


lunes, 31 de mayo de 2010

La memoria del exilio


El calor poco a poco se está asentando en Catalunya. Y como en toda España,  ayer fue un domingo propicio para pasear por la playa y despejarse frente a un Mediterráneo cristalino y ansioso de veraneantes. ¿Cómo será el turismo vacacional por la Costa Brava en este año de crisis?.

Pero yo opté por dirigirme a la Jonquera, un pequeño y bullicioso pueblo ubicado sólo a un paso de la frontera con Francia, para conocer el Museo Memorial del Exilio (Alt Empordà - Catalunya).
Visitar este museo no era a priori para mi una visita cualquiera. Llevaba en mi cabeza demasiadas historias recientes de éxodos y migraciones. Recuerdos de compatriotas en exilio forzoso durante la última dictadura militar argentina. Recuerdos de miles de españoles exiliados en mi país añorando volver a sus tierras que,  de alguna manera,  les habían quitado. Y no tanto recuerdo, más bien una actualidad muy triste como la situación de  la colectividad latina en EEUU que protesta por la llamada Ley de Arizona que criminaliza la inmigración y permite a la policía revisar a cualquier persona en la calle para saber si tiene papeles. ¿Que pasaría si esta situación llega a España?
En fin.... con todo este pensamiento a cuestas y con un nudo en el pecho, traspasé las puertas de este monumental edificio. Inaugurado en enero del 2008, el museo fue erigido como un espacio para la memoria, historia y reflexión del exilio de los vencidos de la Guerra Civil de España y Catalunya.

Nombres de exiliados - Museo del Exilio

Adentro se puede palpar de una manera muy amena y didáctica el atropello de los totalitarismos y los fascismos. También se puede visualizar los nombres de miles de exiliados republicanos escritos en las paredes de varios salones como señal desgarradora por tanta guerra.
Estos espacios de memoria virtual cuenta con una base de datos interactiva con los nombres de los exiliados y permite a los visitantes añadir información a la lista con casos de familiares o conocidos.
En el salón principal que está ubicado en la primer planta hay muchas fotografías y recuerdos del exilio que no tienen desperdicio. Me horrorizó ver en la entrada una imagen en tamaño gigante de Franco con Hitler a la que no pude ni quise sacarle una fotografía.
Pero si lo hice con la impresionante fotografía captada por Francesc Boix  de los niños desnudos en el campo de concentración de Mauthausen donde este fotógrafo republicano estaba deportado. Su obra fotogràfica fue clave en el conocimiento y divulgación posterior del genocidio nazi.

Imágenes de Francesc Boix - Primera planta
También se encuentran, entre muchas cosas importantes, algunos  dibujos que realizaron durante sus exilios artistas como Josep Franch Clapers y Josep Bartolí.  Y la V. Bittner Junior 620, cámara fotogràfica alemana con la cual el republicano Lluis Royo Ibañez  captó imágenes memorables de la liberación de París.




En el segundo piso destacan fotografías de Agustí Centelles y Frank Cappa y algunos videos documentales del exilio forzoso a Francia por precisamente La Jonquera (segundo piso),
El museo, además, muestra instantáneas de fotógrafos actuales, como Robin Townsend, Francesc Abad,  Pilar Aymerich Puig o Nicole Bergé que recrean el tema de la memoria y el exilio.
Luego de marcharme,  me perdí por las estrechas y transitadas calles del pueblo pero no pude dejar de pensar en la pocas visitas que recibió el MUME ese día.
Creo que fueron unas seis personas, mi novia y yo. Y eso que era domingo.
Entonces pensé que quizás la gente optó por ir a la playa,  una opción que yo obviamente deseché. 


Videos interactivos - Primer Piso






    

sábado, 29 de mayo de 2010

Selva Central Peruana: visita a los asháninkas. Última Parte


Junín - Perú

Luego  de la primera parte de mi viaje, retorné a Satipo (Junín) para ultimar los detalles de mi nueva aventura. Se avecinaban inconvenientes. Pero dejemos que el relato se encargue de describirlo:

Viaje por el Rio Tambo

    "En Lima las cosas ocurren mejor de lo que esperaba: los medios se hacen eco de los reclamos indígenas . Entretanto Guillermo Ñaco Rosas  y su comitiva se presentan en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento peruano para conversar con funcionarios y gobernantes. Y logran, entre largos discursos y cartas, que sus reclamos sociales sean escuchados por los políticos.
   El jefe asháninka satisfecho por mi trabajo en Lima decide darme una carta que actuaría como un salvoconducto para mi viaje por el río Tambo.
   La misiva va dirigida al jefe de la comunidad de Cheni. Un permiso para que pueda vivir allí. “Con estos certificados firmados por todos los jefes de la zona no vas a tener problemas en la selva” me dice en su pequeña oficina de Satipo.
De esa manera comienza la segunda etapa de mi travesía.

Vuelvo a sumergirme con mucho entusiasmo en mi nueva aventura.. De un pequeño embarcadero de la misión Franciscana de Puerto Ocopa a 50 km. de Satipo parto aguas abajo por el río Tambo. El pasaje no es nada caro. El catamarán atestado de gente y barriles de petróleo se dirige a Pucallpa, una localidad fluvial sobre el Ucayalli, importante afluente del Amazonas.
Elijo ir a la comunidad de Cheni por consejo del padre franciscano Teodorico Castillo. “Ahí hay monjas católicas que te van a tratar muy bien” me dijo el día anterior el director de la antigua misión fundada en 1905.
 Le hago caso sin saber que comienza mi segunda desventura.
Cuatro horas de navegación bastan para llegar al poblado. En la ribera las mujeres lavan sus ropas y cuando bajo de la embarcación sus expresiones son de recelo. No me sorprende esa actitud ya que estos pueblos sufrieron mucho durante los últimos años debido a la guerrilla y no les gustan los extranjeros. De pronto dos indígenas se me acercan y me apuntan con unos anticuados rifles que parecen sacados de una vieja película de John Wayne. Igual me amedrenta un poco.  “Quién es usted?” me dice uno de ellos. “Que hace acá? “ me interroga el otro. Y me lo vuelven a repetir con más énfasis. Me acerco unos pasos y les digo, con mucha calma,  que me gustaría hablar con su jefe. “Él no está, vuelve a la tarde. Se fue de cacería” señala el más bajito con tono monocorde.

Comunidad de Cheni - Satipo - Perú

    Las cosas parecen no estar bien por allí y me llevan a una choza ribereña que está llena de hormigas. "No se mueva de acá. Después vendrá a verlo" me ordena imperativo el más alto.
   Con un calor agobiante espero cinco horas hasta que por fin a media tarde aparece. Con una sonrisa eterna,  el presidente de la comunidad se presenta: ” Martín Roberto Camacho para servirle. Disculpe el altercado de hoy ”. ”No hay problemas” le digo con cierta ironía y empezamos a conversar sobre mi llegada.
    A pesar que yo le muestro mi documentación especial, él no confía en mi y dice no estar enterado de mi llegada. Entonces convoca a todos los hombres del pueblo a una asamblea pública para decidir si me quedo o no.
    Durante esos dificiles momentos conozco a dos monjas españolas que desde hace treinta años dirigen la escuelita del poblado. Les pido que me ayuden pero no hay caso. Los indígenas votan para que me vaya bien temprano al otro día. La noticia no puede ser peor. Despliego el mapa que llevo en el bolso y doy cuenta que a media hora aguas abajo está la comunidad de Poyeni. No lo pienso dos veces.
   En una inestable canoa a puro remo partimos al amanecer con uno de los que me apuntó con el arma el día anterior. El río es tan torrentoso que tengo miedo de perder mi mochila, cada turbulencia de agua que atravesamos es un suplicio. De esa manera llegamos a una extensa playa cerca de donde el río hace un codo para dirigirse en forma casi vertical hasta el Ucayali. Me despido del indígena y levantó la vista:  Poyeni surge a lo alto de la colina.
   A diferencia de la comunidad anterior, sus pobladores son indiferentes ante mi presencia. Quizás porque hace mucho calor y la mayoría duerme la siesta. Sólo algunos niños corretean por allí. 
    Con el poco ánimo que me queda le pregunto a los chicuelos donde queda la casa del jefe. Por suerte hablan un rudimentario castellano y me señalan divertidos que siga por esa calle de tierra.

Poyeni - Satipo - Junín

    La casa de Delio Ríos se encuentra a unos 100 metros, en el centro de un poblado, conformado por casas pequeñas, de madera y techos de paja. Casi no hay vegetación a pesar que estoy en medio de la selva. Allí lo encuentro y me invita a pasar a su humilde choza. Me sorprendo al ver a una persona tan joven a cargo de la comunidad. Con tan sólo 22 años, está casado y tiene un pequeño hijo.
    Le cuento quien soy, le muestro mis autorizaciones y los motivos de mi visita. “ Si quieres quedarte tienes que prometerme que me vas a ayudar cuando vuelvas a Satipo. Necesitamos dinero para darle de comer a nuestros hijos” señala Delio. Le prometo hablar con Ñaco Rosas y al otro día me presenta ante su pueblo en una asamblea pública. Por suerte esta vez no me echan y durante los siguientes dos meses vivo con ellos. Las desventuras parecen haber llegado a su fin.


Poyeni - Junín - Perú

Alejado del smog


La vida en la selva comienza bien temprano. A esa hora se respira aire bien fresco y es hermoso. Pero unas horas después todo cambia y el calor comienza a sentirse en toda su intensidad. La temperatura no baja de 35 grados a la sombra al mediodía!!! Por eso trato de levantarme apenas despunta el sol y desde mi cama de juncos prendo el calentador y me hago el desayuno ante la curiosa presencia de pequeños que gustan mirarme por entre las cañas de mi pequeño dormitorio. Así todos los días. Al principio les regalo chocolates, caramelos hasta que a la semana me quedo sin golosinas.

Alrededor de 200 de estos chiquilines van a la escuela primaria de la comunidad. El primer día hago mi entrada triunfal a sus aulas. “Atención, niños, tienen una visita” les dice el maestro bilingüe asháninka Casimiro Aguirre quien con el tiempo me enseña algunas palabras en su lengua. “ Me recibí de maestro bilingüe el año pasado en Iquitos donde hay una escuela dirigida por indígenas” cuenta.
De vez en cuando me voy al campo a cazar jabalíes, los asháninkas son grandes cazadores, o remontamos el río para buscar plátanos en algunas chacras de la región. La vida en la selva es sencilla y durante las tibias noches que me quedo con ellos me reúno con los asháninkas en fogatas populares donde me nutro de la sabiduría de este pueblo. Y la naturaleza nocturna me devora, me atrapa y pienso que en este rincón del planeta existe la esperanza.

Poyeni - Junín - Perú


Nota: quiero agradecer a  AIDESEP y a Guillermo Ñaco Rosas por la gran ayuda y colaboración que me han brindado en Perú.

jueves, 27 de mayo de 2010

Selva Central Peruana: visita a los asháninkas

"...Las atrocidades cometidas  por los conquistadores y descritas por el ovispo Bartolomé de las Casas que fue testigo ocular de lo que debió de ser la mayor de todas las guerras de exterminio, son inimaginables..." señalaba Norman Lewis en un párrafo de Genocidio, crónica - relato publicada en Sunday Times en 1969 y en el que describía las masacres, el robo de tierras y el genocidio que ocurrieron hasta esa fecha en la Amazonia brasileña. (Nota: este año Altair editó con gran acierto el relato por primera vez en castellano en El Expreso Rangún, Genocidio y otros relatos de Norman Lewis).
El impacto de semejante denuncia social en un diario tan importante de aquel entonces llevó a la creación de Survival International, la primera organización creada a favor de los derechos humanos de los indígenas de todo el mundo. Y aún hoy sigue denunciando atrocidades.

El relato que a continuación reproduciré, pretende ser un pequeño homenaje a la lucha de los asháninkas  por la supervivencia de su cultura amazónica.  Esta crónica la realicé luego del complicado viaje de 1998 a la Selva Central peruana.
 Posteriormente las conclusiones finales de la investigación sobre la cultura asháninka fueron publicadas en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata (Argentina) .


Visita a los asháninkas

"Con el firme propósito de internarme en la selva,  arribo en un desvencijado bus a Satipo, un pequeño poblado del departamento de Junin en pleno corazón de la Amazonia peruana. Llego cansado y con problemas estomacales, las 12 horas desde Lima fueron agotadoras con cruces a 4000 msnm en la cordillera de los Andes.
   Mi ambición por conocer de cerca la vida del mayor pueblo indígena de Perú: los asháninkas (mis paisanos en arawak) está próxima a cumplirse. Sé que la travesía será dura, soy forastero y el primer golpe surge cuando percibo que no me reciben con los brazos abiertos. Me miran con desconfianza y esto tiene lógica.
   No hace mucho esta zona fue epicentro de graves problemas con la guerrilla operada por Sendero Luminoso y donde murieron muchos pobladores y entre ellos cientos de indígenas.
   Sin amedrentarme por ello me hospedo en un bullicioso hotel barato del centro y al día siguiente bien temprano conozco a quien será mi guía en esta primer etapa.: Guillermo Ñaco Rosas, un joven de 35 años y uno de los jefes del pueblo asháninka de la región central del Perú..
   "¿Eres periodista?", me pregunta curioso. Le digo que si y le explico que mi intención es vivir un tiempo en una comunidad de indígenas de la zona para hacer una investigación semiótica - lingüística para mi facultad.  Le muestro mis credenciales y sonriente me dice: “Me parece muy interesante todo esto. Te voy a ayudar.   Pero antes quiero que me acompañes al Valle de Pangoa. Me podes ser útil” .
Unas horas después partimos junto con su esposa , su pequeño hijo y varios ronderos (guías) indígenas al valle distante a unos 150 km. al sur en plena ceja de selva.

Joven asháninka contempla la devastación forestal - Junín - Perú


     Durante el camino me da algunos indicios de lo que vamos a hacer. Visitaremos la comunidad de Río Blanco, epicentro de recientes tensiones con colonos agrícolas que se quisieron adueñar de sus tierras.
    Los asháninkas enfurecidos los expulsaron a puro arco y flecha y “ atravesaron cientos de troncos en el camino para que no puedan entrar con sus camiones” cuenta orgulloso Ñaco dueño de un título de sociología logrado en Lima gracias al apoyo económico de organizaciones gubernamentales europeas que asisten a este pueblo desde hace años
   Por eso llegar al lugar no es fácil. Pronto debemos dejar de lado el jeep y nos internamos a pie por la selva. Hacemos noche y fogata en un paraje selvático llamado Boca Quiatari . Allí se nos une su padre Vicente Ñaco que con sus 72 años parece un patriarca sabio de historias. Me convida una taza de masato (bebida alcohólica casera a base de un tubérculo llamado Yuca) y mientras degustamos de unos pescados fritos me confiesa haber conocido al Che Guevara. “Allá por el ’65 pasó por acá. Lo vi nada más que de lejos. No pude charlar con él. Sólo sabía que era un importante jefe y era argentino como tú, no?” señala este hombre que luce tranquilo. Me cuenta que históricamente su familia ha sido líder natural de su pueblo y al igual que su hijo, él también fue un importante jefe de la región.
   Seguimos la marcha. Atravesamos varios pueblos asentados a la vera del camino. La mayoría de sus habitantes subsisten trabajando para empresas madereras. Algunos me paran, me piden comida; otros, dinero. Por todos lados veo niños mal vestidos y mujeres tristes.
   La selva alterna con pequeños cerros y ríos cada vez más torrentosos. De a ratos la jungla se hace impenetrable y los caminos invisibles. Cruzamos rápidos y puentes construidos con troncos, hasta que por fin llegamos a la comunidad de Río Blanco.

El fútbol no tiene fronteras


El poblado de 200 personas se encuentra a lo alto de una colina. A pesar que estamos cansados de tanto caminar, nos prendemos en un picado de fútbol. La mayoría juega descalzo sobre la agreste tierra roja amazónica. Es extraño verlos jugar a la pelota con largas túnicas color marrón llamadas kushmas. “Argentino, Maradona” me gritan, pero no juego como el gran Diego aunque meto un gol para alegría del equipo.
Esa noche tengo la primer desventura. Las mujeres nos sirven la especialidad de la casa: caracoles gigantes hervidos!!. Desisto, ¡no puedo comerlos!. “No hay problemas” me dice Fernando, el jefe de la comunidad. Al rato me trae un pescado frito envuelto en hojas de plátanos que lo devoro en segundos.
La gente de la selva se muestra amable y atenta. La noche es profunda y entre masato y más masato logran que baile y mis torpes movimientos desencadenan muchas risas.
Se corre la voz que llegamos y, ante mi sorpresa, un poco después del amanecer decenas de nativos de otras zonas merodean por mi choza y los niños se acercan para pedirme chocolates. Cerca del mediodía se realiza una asamblea general presidida por Ñaco Rosas, evalúan los daños ocasionados por los colonos y realizan una carta para entregar a las autoridades legislativas del país. “Cuando regresemos, quiero que me acompañes a Lima, necesito que transmitas esta información a los medios de comunicación más importantes” especificó el jefe asháninka.
Me sentí halagado, útil ante la perspectiva de defender los derechos humanos de los indígenas tan pisoteadas en el ultimo siglo por colonos, narcotraficantes, misioneros y guerrilleros. 
Al rato se me acerca en presidente de la comunidad, Fernando Mahuanca y me dice “ Esto es para que no nos olvides y que la selva te protega” al tiempo que me pone en el cuello un collar de dientes de mono pintados con delicadeza por las mujeres del poblado. No nos podemos quedar mucho tiempo más, esa misma tarde emprendemos la vuelta a Satipo con un montón de fotografías, anécdotas y la idea fija de internarme más adelante en la selva peruana.




(Continuará)