Miradas Cómplices constituye un laboratorio de ideas, de reflexiones fotográficas e imágenes que, quizás, encuentren vuestra complicidad.

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lunes, 15 de febrero de 2016

Sentido del movimiento e islas de calma


Gare Saint-Lazare. Paris 1956 © Frank Horvat


  Esta fue la primer imagen que conocí de Frank Horvat ( bastante desconocido por las nuevas generaciones pero que fue una parte importante de la llamada fotografía humanista francesa de los ’50 liderada por Cartier Bresson, Robert Doisneau, Marc Riboud, Willy Ronis y otros).
Lo que realmente me encantó de esta imagen fue la sensación de movimiento y la energía que fluye entre las pocas islas de calma. En esas aisladas figuras pudo descansar un rato mi ojo.
De alguna manera, esta imagen de Horvat me abre la puerta para comentar sobre otras fotografías que cuelan ese sentido de movimiento que tanto me sugieren sobre superpoblación, cosmopolitismo y grandes ciudades.










La fotografía de Horvat está hermanada en utilización de plano (picado) y con ese peculiar y vertiginoso movimiento con la de Sebastiao Salgado. Una fotografía que llevaba en mente cuando arribé a la frenética estación Victoria de Delhi hace ya unos años.

© Sebastiao Salgado


En color, la profundidad de ese movimiento no cambia. Al contrario, se amplifica como la realizada por Raghu Rai en el mercado Jama Masjid de Delhi.. Aunque,  en este caso, más que una isla es un archipiélago de calma.


Jama Masjid Market, Delhi 2005 © Raghu Rai

Un efecto de composición que se contrapone con el frenético día a día de esta populosa ciudad india en donde viven alrededor de 100.000 personas en forma permanente en las calles.


San Petersburgo © Alexey Titarenko

Ahora me quiero parar un rato en Alexei Titarenko que hizo de este tipo de fotografías un signo de identidad.


de su serie Ciudad de Sombras (1992 - 1994) © Alexey Titarenko

Este fotógrafo urbano ruso sabe como transmitir,  con largas exposiciones, la poderosa energía y el movimiento desenfrenado de una sociedad rusa en pleno proceso de cambio, allá por los ’90 del siglo pasado.


de su serie Ciudad de Sombras © Alexey Titarenko


En este ejercicio por recordar imágenes con un fuerte sentido de movimiento, dos fotografías de Trent Parke,  de su precioso trabajo Minutes to Midnight, me vienen a la mente.

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Unidas en una puesta en página excelente en el libro,  el sentido del movimiento fluye de una manera trepidante en las grandes ciudades australianas.

 Hasta pronto!





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lunes, 12 de julio de 2010

Un americano en Segovia

A veces, determinadas fotografías se fijan de tal forma en el imaginario colectivo que se convierten en una especie de carta de presentación de una ciudad, de una región o de una época.
Ejemplos sobran. En este momento recuerdo París y El beso de Robert Doisneau, la niña afgana de Steve McCurry,  la Cachemira de Cartier Bresson, el Marruecos de Bruno Barbey o el Che Guevara de Korda por citar algunos.
Los caminos que llevan a que una imagen se consolide en la memoria visual más allá de las modas sigue siendo un misterio. Quizás, si discerniéramos cada uno de sus factores podríamos encontrar algunos aspectos que nos ayudaría a comprender algo de este fenómeno: libros publicados, exposiciones, difusión mediática, conferencias. Pero todo ello, en conjunto, no es una fórmula concreta que pueda explicar como una determinada fotografía o un grupo de ellas quede fija en el imaginario y que logre construir determinado simbolismo de un lugar.
Quizás esas imágenes tan representativas, hacen que percibas el mundo de una manera u otra. A mi me pasa esto muy a menudo. Y en especial con lugares que aún no conozco donde ciertas imágenes construyen poderosamente mi imaginario visual.
Un ejemplo de ello fue Segovia. Antes de conocerla, había visto muchísimas fotografías de esta ciudad y casi todas, de algún modo, se relacionaban con el fabuloso acueducto romano construído allí hace casi 2.000 años. Las típicas postales de siempre. Pero había una de ellas que se fijó en mi mente más que otras y era la que se reproduce aquí abajo, captada en 1997 por James Stanfield, habitual colaborador de National Geographic.


Deduje a partir de ella que el reconocido fotógrafo norteamericano la había captado con la ayuda de un teleobjetivo desde algún lugar más o menos alto desde afuera del casco antiguo. Luego de buscar en mapas y hurgar información por Internet  llegué a la conclusión que no había edificios muy altos alrededor ya que toda esa área aledaña al acueducto es zona protegida por ser este último un Patrimonio de la Humanidad. Entonces no cabía pensar en otra posibilidad que Stanfield había sacado esa foto dede el campanario de una iglesia.

El campanario desde el acueducto
 
Lo primero que hice apenas llegué a Segovia, fue dirigirme al acueducto y desde allí me dí cuenta en seguida que el lugar posiblemente fuera la Iglesia de San Justo (a su alrededor no había ninguna con un campanario más alto).
Era casi de noche y decidí alojarme por la zona. Con mucha suerte encontré una casona del siglo XIX restaurada que se los recomiendo: el hostal Don Jaime, ubicada a escasos metros de esta antigua iglesia románica.
A la mañana siguiente, bien temprano fui a visitarla pero aún se encontraba cerrada. Caminé un poco por los alrededores y encontré a un hombre que regaba las plantas de un jardín y se presentó como Rafael, el cuidador de la parroquia.
Luego de los saludos iniciales, le pregunté si era posible subir al campanario y me respondió que no. Ya que estaba en muy malas condiciones y la mampostería aún no había sido restaurada. Y agregó que hacía unos cinco años que estaba cerrado y no sabía si lo iban a arreglar.
Entretanto,  Rafael gentilmente abrió la iglesia para que la conociera.

  Durante el paseo y mientras oficiaba de guía, le hice la siguiente pregunta:
- Rafael, usted que hace tanto que trabaja aquí ¿ sabe de algún fotógrafo extranjero importante que hubiese subido al campanario?

Rafael

- Claro, hombre – me señaló ansioso por contar la historia – hace unos 10 años o más estuvo por aquí un inglés, creo. Era de esta revista..como se llama…National Geographic. Lo recuerdo bien porque esa noche era de perros. Había una tormenta!!!…estuvo como tres horas allí arriba hasta cerca de la medianoche. Pensaba en ese momento que la lluvia y el viento se lo podrían haber tragado. Me preocupó mucho porque estaba solo. Luego se fue y no lo volví a ver.
La visita por el interior de la iglesia bien valió la pena. En el ábside se encuentra una importante serie de murales del período románico (siglo XI y XII) que fueron descubiertos hacía pocos años.






Mientras mirábamos absortos dichos murales reflexionaba en Stanfield y en aquella tormentosa noche. Pero también pensaba en que ya no era posible hacer una fotografía desde esa perspectiva en el campanario.

El campanario y la iglesia de San Justo. Al fondo el acueducto